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Full text of "Voces chilenas de los reinos enimal y vegetal que pudieran incluirse en el Diccionario de la lengua castellana y propone para su examen a la Academia chilena"

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VOCES CHILENAS 



Impreso a expensas de i \ 
Academía Chilena. 



La5.Gv- 

VOCES CHILENAS 

DE LOS 

REINOS ANIMAL Y VEGETAL 

QUE PUDIERAN INCLUIRSE 

EN EL 

DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA 

Y PROPONE PARA SU EXAMEN 
A LA 

ACADEMIA CHILENA 

J. T MEDINA 





SANTIAGO DE CHILE 

IMPRENTA UNIVERSITARIA 

Bandera 130 

1917 




DOS PALABRAS A MODO DE PROLOGO 




os españoles, al hallar un mundo nuevo, encontraron 
en él hombres nuevos, animales, peces, plantas y llo- 
res que les eran desconocidas. A las que de estas cosas nue- 
vas para ellos tenían alguna semejanza con las que existían en 
España, les dieron los mismos nombres: observación que hacía 
ya el P. Acosta, respecto de las frutas, diciendo: «A muchas 
de estas de Indias los primeros españoles les pusieron nombres 
de España, tomadas de otras cosas a que tienen alguna seme- 
janza, siendo en la verdad diversísimas* >; estableciendo así 
desde ese momento una confusión que aun hoy en gran parte 
perdura en el habla vulgar y que la ciencia ha ido poco a 
poco deshaciendo, hasta señalar a cada una de ellas el verda 
dero lugar que les corresponde en el orden de la naturaleza. 
Pero aquellas que eran del todo diferentes de las que ellos 
conocían, forzosamente tenían que designarlas con los nom- 
bres que les daban los aborígenes americanos, y cuando no 
lograron saberlos, hubieron de limitarse a describirlos por sus 
cualidades características, relacionando, en cuanto les fué po 



I'i VOCES CHILENAS 



sible, sus analogías o diferencias con las que les eran fami 
liareF. 

No faltaron desde los primeros años del descubrimiento 
curiosos observadores que fueron consignando en sus relacio- 
nes o en sus obras algunas noticias acerca délos seres que 
poblaban los reinos animal y vegetal americanos que se les 
presentaron a la simple vista como más extraños comparados 
con los que ellos conocían. A Colón y sus compañeros les 
lleiu'i de sorpresa el ver que los indios andaban con tizones 
encendidos en la boca, que no eran otra cosa que el tabaco, y 
sabido es que el gran genovés, ademas de los hombres del 
Nuevo Mundo, llevó también a España, pintados papagayos 
de los que poblaban sus selvas. Así fué como poco a poco se 
fueron incorporando en el habla castellana y enriqueciéndola 
ciertas voces americanas, primeramente de las islas nueva- 
mente descubiertas, como anito, bejuco, buhio, cacique, canoa, 
macana, etc., y más tarde las que procedían del continente 
mismo. En el limitado campo de las presentes apuntaciones, 
esto es, de las palabras que en Chile se conocen procedidas de 
los reinos animal y vegetal, recordaremos que Pedro Mártir 
de Auglería, el primero de los historiadores del Nuevo Mun 
do, habló ya en su carta de 29 de abril de 1494 del maíz, que 
llamó «trigo con que los indios hacen el pan»; de las pinas, 
que el rey Fernando fué el primero que probó en España; del 
cacao y del chocolate, del ají, las batatas, los cocos, la yuca, 
la pita, del mamey y de los cucuyos. 

Siguióle después en la descripción délos animales y plan, 
tas el graii cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que en 
una lecha tan cercana al descubrimiento como el año de 
1535, publicó una obra especialmente destinada a tratar en 
sumario de la natural historia de las Indias, que en la parte 
que a los chilenos ¡ruede interesar recordó también la pina, el 
guayabo, el guayacán, que el Diccionario acogió bajo el nom- 
bre de guayaco; la tonina, la tuna y la jaiba (que aun no apa- 
rece en el léxico oficial); y luego después, cuando escribió su 
Historia General, describió el ají, el alcatraz, la barata (aun 
no consignada, a no ser por la designación de «cucaracha de 
Indias», bajo la voz fatula); la batata, el pajaro carpintero. 



PRO] 



que se decía pito en España, pero que no aparece bajo tal 
nombre en el Diccionario; el cardón, que se da como sinóni- 
mo de cardencha, o sea de la carda que llamamos, tomando la 
parte por el todo; la guayaba, la llama, el maguey, ( 
nigua, la papa ¡cambiada sin fundamento alguno y con pres- 
cindeucia de su etimología indígena, en patata); - 
tabaco, la tuna, el vagre (escrito ahora con b e incorporado por 
rin en la última edición del léxico) y de la yuca. 

López de Gomara fué tanto más retórico cuanto rneuos cu 
rioso que Oviedo en materia de voca'blos indígenas (como que 
no puso jamas los pies en América) y apenas si recuerda la 
nigua y las chinches con alas , las vinchucas, que aun no 
aparecen en el léxico; si bien pudo hablar del tomate, cuya 
procedencia mexicana, ya que historió a Cortés, debió re- 
cordar. 

Cieza de León apuntó la tuna, también de aquel país; la 
coca, la gallinaza o gallinazo, como se dice generalmente; las 
papas y las paltas; el guanaco, la vicuña, el paco y la viscacha. 

Agustín de Zarate menciona el alcatraz y es el primero que 
habla del cóndor, que hoy aparece al cabo en el léxico con el 
acento que le corresponde. 

Siguiendo siempre el orden cronológico, tenemos a conti- 
nuación al gran médico y naturalista Nicolás Monardes. que 
describió y dibujó el armadillo, por el ejemplar que disecado 
conservaba en su casa en Sevilla, Gonzalo de Molina, y que esta 
ya en el léxico bajo su nombre harto mas conocido de quir- 
quincho, aunque sin establecer su sinonimia ni su etimología; 
la coca, la guayaba, la pina, la que llamó «yerba del sol», de 
origen peruano, como el paico, que también estudia, y que el 
Diccionario, dándolo como de procedencia chilena, lo describe 
bajo el nombre de pazote, forma en que nadie lo conoce aquí. 

Don Bernardo de Vargas Machuca en su Milicia g descrip- 
ción di las Indias, impresa en Madrid en 1599, trata del cacao, 
la coca, el capulí, el cóndor, el guanaco, el molle. la pina, la 
tuna y la vicuña: y casi al mismo tiempo que aquella obra 
salía a luz la Historia natural y moral délas Indias del P. José 
de Acosta, que a su espíritu observador, añadía el estar bien 
preparado para tratar de esas materias, por haber residido no 



VOCES CHILENAS 



poco tiempo en el Perú y en México, y que así pudo hablar 
con perfecto conocimiento del cacao, del camote, capolíes, coca. 
coco, cuy, cóndor, chinchilla, flor del sol, frísoles y pallares (voz 
esta ultima que acaba de entrar en el léxico como «judía del 
Perú>); de la granadilla, del guanaco, del guayacán, maguey, 
molle; del maü moroche (incorporado en el léxico en su forma 
corriente de morocho): de la palta, la papa y sus derivados 
culinarios chuño y lacro (que también consulta ahora el léxico); 
de la pina (que nadie, sea dicho de paso, llama en estas partes 
con el nombre brasileño de ananás): la tuna y el tunal, la vis- 
cacha, la vicuña y el zapallo, que aun no logra la suerte de 
otras voces de hallar el sitio que tan justamente le correspon- 
de en el habla castellana. De dos frutas de Chile habla tam- 
bién el curioso jesuíta: la frutilla y los coquillos, nuestros co- 
quitos.- y con él se cierra el número de los escritores que de 
cosas americanas trataron hasta finalizar el siglo XVI. El XVII 
puede decirse que pasó, si exceptuamos la obra del cronista 
Antonio de Herrera, escrita muy a sus principios y que con- 
tieue la noticia de algunas plantas americanas, y por lo que a 
Chile toca, la muy curiosa que da de la teca de los araucanos, 
único cereal que hasta hoy haya desaparecido del globo terres- 
tre; si exceptuamos ese libro, digo, pasó sin que la literatura 
general aportase dato alguno a la lexicografía americana, sien- 
do necesario esperar hasta los últimos años del XVIII para 
ver aparecer el Diccionario geográfico de la América de don 
Antonio de Alcedo, en el que muy de propósito se insertó al 
final una nomenclatura de voces indígenas de ella, con sus 
respectivas definiciones, que en la parte que a Chile interesa, 
por tratarse de las que aquí son conocidas, contiene las si- 
guientes: 

Calaguala, camote, cachanlagua, chinchilla, chirimoya, coca, 
cóndor (de donde sin duda el acento, originado quizás de un 
yerro de imprenta, que se ha mantenido durante tiempo en el 
léxico); coyote, — de donde cidra coyote, por alcayota, — voz me- 
jicana de significado genérico que se da a las producciones de 
la tierra; cucaracha, culón, cuy. chonta, diuca, durazno, que tal 
procedencia le atribuye; gallinazo, guayaba, guayacán. loro, 
lúcuma (con el acento grave), llama, madi. maguey, maitón. maíz, 



PROLOGO 



maní, niaqui, molle, martilla, níspero, que como sinónimo ame- 
cano <lr zapotillo nos da el léxico; pájaroniño, palta, ¡ 
papaya, pericote, picaflor, pina, pique o ¡mina. ¡uta. piuquén, 
¡liana, quinchamalí, tril (que escribe trillis), tutuma, viravira, 
acha, zapallo (con y) zancudo, rapóte. 

Tenemos, pues, asi, que por primera vez salen a plaza las vo- 
ces chilenas diuca, madi, maitén, maqui, piuquén, quinchamalis 
tril: que de las otras de tal procedencia contenidas en esa enu- 
meración ya veremos que lo estabau de antes. 

Por lo que he podido averiguar, la primera alusión a un pío 
ducto natural, una planta, de Chile se encuentra en la obra 
de Monardes ya recordada, en el siguiente párrafo de la carta 
que Pedro de Osma y Xara y Cejo le escribió desde Lima a 
26 de diciembre de 1568, que dice así: «Ei año de cincuenta 
y ocho, en Chile se cortaron ciertos indios presos las pantorri 
llus para comérselas, y las usaron para ello, y lo que es mas 
de admiración, que se pusieron en lo cortado ciertas yerbas. 
y no les salió gota de sangre; y lo vieron esto muchos enton 
ees, en la ciudad de Santiago, presente el señor don García de 
Mendoza, que fué cosa que admiró a todos . 

Y es lástima que no se expresara el nombre de tan maravi- 
llosa planta, cuya virtud corre parejas con la de aquella otra 
de que hacen mención el P. Rosales y Gómez de Vidaurre, 
«que ablanda el hierro de modo que puede manejarse con las 
manos del mismo modo que la cera!» 

Después de esto, se impone el tratar de los que en ese 
orden de nuestro país han escrito, y pues se ha nombrado a 
Hurtado de Mendoza, luego ocurre a los puntos de la pluma 
el nombre de don Alonso de Ercilla, que estuvo en (hile 
cerca de tres años y que aquí escribió gran parte de su Arau- 
cana, según de todos es sabido, en la cual es de creer que se 
hallaran algunas noticias de los objetos naturales de esta tie- 
rra. ¡Desilusión profunda! Ya Humboldt achacaba al poeta su 
falta de observación de la naturaleza del país en que se desa- 
rrollaron las hazañas de los héroes de su epopeya, reproche 
que repetía después don Miguel Colmeiro, llegando a decir 
que, en materias de botánica, aun le superaba don Diepo de 
Santisteban Osorio, el pedestre continuador de su Araucana. 



]H VOCES CHILENAS 



y en verdad que les sobra razón para ello. Esa dina, salvo 
unas cuantas voces americanas, como son, apb, bejuco, caci- 
que, canoa, chaquira, escaupil,inca, ¡lauto, mangle, palla, vi- 
cuña, en todo lo demás bien manifiesta que, en ese orden, 
bien pudo ser escrita por alguien que no hubiese salido de 
Madrid. Así, de animales, habla del león, del tigre, de la onza, 
del pardo, de los venados; en términos poéticos, de la golon- 
drina y del ruiseñor (Progne y Filomena); eu igual forma, de 
«la mustia Clicie» (el girasol o nuestra maravilla); de plantas, 
apenas si de la frutilla «le la murta y de las ovas marinas; y 
eu cuanto a Mores, de las que se daban en España: 

El blanco lirio y encarnada rosa. 
Junquillos, azahares y mosquetas, 
Azucenas, jazmines y violetas. 

Pero, chilena, ni una sola! Sin duda que en esto le hizo 
ventaja nuestro Pedio de Oña, que comprendió cuáuto gana- 
ría su relato con insertar en él vocablos que propendiesen a 
darle el conveniente sabor local, según tuvo cuidado de adver- 
tirlo en su prólogo al lector, al prevenir que en sus -versos 
iban «mezclados algunos términos indios, no por cometer 
barbarismo, sino porque, siendo tan propria dellos la materia, 
me pareció congruencia que en esto también le correspondiese 
la forma»; cuidando, además, de aclararlos en notas que puso 
a ellos al final de su obra. Y así fué cómo y por qué habló en 
ella de a¡ió, callana, cóndor, chaquira, chicha, huincha, llanto, 
martina, muday, pérper, pillán, ulpo y yole, y, dentro del orden 
de voces de que tratamos, de la cortadora, del madi, del molle 
y del pacay, nombre (pie da a un árbol de que se hacía el me- 
jor carbón, que perdura en el Perú y en algún lugar geogra 
tico y que hoy ya no se conoce en Chile, en cuanto yo sepa. 

De los otros poetas que escribieron de las guerras de Chile, 
Alvarez de Toledo menciona el pangue, y Mendoza Monteagudo 
el ¡anco, pero sus obras permanecieron inéditas hasta nuestros 
días. 

Poca cosa es todo esto, como se ve, y no puede uno menos 
de sorprenderse también al notar que el P. Alonso de Ovalle, 
tan chileno que era, al paso que se extiende en [untar con 



PRÓLOGO 11 



subidos colores la fertilidad del suelo de este país en producir 
las plantas europeas frutales y la hermosura de los arboles a 
que se daba los nombres que teman en Europa, como el 
loble, el laurel, el avellano y otros; de las llores del viejo 
mundo que aquí se cultivaban en los jardines y de las que 
espontáneamente, de allí procedidas, habían invadido los 
campos, de las propias de la tierra apenas si habla del qttin- 
chamali, del culén y de la cachanlagua (que describe sin nom- 
brar!»), la patagtia, — hoy ya colocada en el léxico, — el penga 
■ >), el maqui, el moüe, el huigán (hningán), la murtilla, el 
quelu [queule] y la frutilla; e! luche y el cochayuyo; de las ave-. 
la lloica (loica), el peucu i junco) y el quiten (queltehue); de los 
mariscos, los choros, los locos y los picos; y de los animales, el 
cuy. el guanaco y el quirquincho. 

Verdad es que, ya casi medio siglo antes, Alouso González de 
Xájera había escrito su Desengaño y reparo de la gut na de Chile, 
obra en la cual se enunciaban algunas aves y unas pocas plantas 
de este país; de aquéllas, el alcatraz, el piuquén y el traro, la 
vandurria, y el flamenco, que debo recordar por el curiosísimo 
dato que respecto de estos pájaros da, cual es, que eran según 
dicen en aquella tierra, nuevamente aportados a aquellas ma- 
rinas»; de los mariscos, describe el pico, y del leino vegetal, la 
frutilla, la murtilla, el maqui. el quinchamali, la pichoa, la 
quilina, el maguey, el pangue, los quiscos y los coleos [colihues] 

De los cronistas anteriores a él que escribieron en prosa, 
(ióngora Marmolejo, el más notable, sin duda, de los del siglo 
XVI y el que mas de cerca sigue a Ercilla, no contiene, como 
éste, ni una sola línea respecto a las producciones naturales 
chilenas, si exceptuamos las perdices y los halcones (sin sus 
nombres chilenos), demasiado ocupado en referir los sucesos 
de la guerra araucana, que era. ciertamente, lo primero en un 
tiempo en que por causa de ella los españoles se jugaban la 
vida casi a diario; y Marino de Lobera, el otro de los cronistas 
de esa época, cualquiera diría, al ver la enunciación que con 
signa de las aves y plantas de Chile, que describe una pro 
vincia de España, excepción hecha de cuando, al hablar de la 
ciudad de Valdivia, dice que «es abundosa de todos los man- 
tenimientos que siembran los indios para su sustentación, así 



12 \ 0CES CHILENAS 



como niiiíz, papas, quitina, madi, ají y frísoles»; y cuando 
enumera el cori, [corecoré), Única, cuilén [culén), la lepichoa(pi- 
iIiiid) y otras tres plantas que llama quedanque, chopeichopt y 
niegue, que no se sabe hoy en día cuales sean; y de «unas ma- 
tas de una vara de altura, <le tal calidad, que cayendo en ellas 
el rocío, a ciertos tiempos del año se sazona de manera, que 
se vuelve en sal menuda , fenómeno sobre el cual Gómez de 
Vidaurre había de llamar también la atención más tarde. 

Por los ibas en que el P. Ovalle daba a la prensa en Roma 
su libro, otro jesuíta, el madrileño Diego de Rosales, estaba 
empeñado en escribir aquí una Historia general del Reino de 
Chile, en la cual dedicó varios capítulos a los animales, aves 
y jilantas del país, estas últimas, sobre todo, que constituían 
a su decir, y con razón, la botica de los naturales, dándonos 
en sus descripciones noticias preciosas acerca de los nombres 
indígenas de muchas yerbas y de sus virtudes medicinales, 
hasta aluna sólo en pequeña parte aprovechadas, cuya enu- 
meración llegaría a ser fatigosa por lo extensa, pero que se 
vera consignada en hartos lugares de este opúsculo. 

Y así en seguida, durante el siglo XVIII, todos los cronis- 
tas, cual mas. cual menos, Córdoba y Figueroa, Núñez de Pi- 
neda, Olivares, Gómez de Vidaurre, Carvallo y Goyeneche, 
alguna noticia consignaron, sobre todo el penúltimo de los 
nombrados, de las producciones naturales de Chile, que que- 
daron punto menos que sepultadas en el olvido por no ha- 
berse impreso esas obras hasta nuestros días. No así la del 
sacerdote francés Luis Feuillée, a quien le fué dado visitar 
las regiones vecinas a Concepción en un viaje de estudio rea- 
lizado en 1710, cuando con el cambio de política seguido por 
España con el acceso al trono de Felipe V estos remotos paí- 
ses se abrieron al comercio de la Francia. Publicó Feuillée su 
Relation du voyage, etc., en París, en 1714, dando en ella a 
conocer al mundo sabio algunas plantas chilenas con descrip- 
ciones científicas y laminas grabadas en cobre, cuales fueron, 
aunque con graves yerros en los nombres, como no pudo me- 
nos de ser para un oído extranjero: [cullé) culén. clincín, chan- 
ce-laguén (cachanlagua), illcu, itíu, lif/tti (liuto), Uaupanh 



]■);■ ILO 1 .'i 



(pangue), nillgue (nilhue), piehua 
tupa, y alguna otra. 

Pero, por muy apreciable que para su tiei y el redu 
terreno explorado futra la obra del sabio francés, no | 
compararse con la que nuestro compatriota el alíate don Juan 
Ignacio Molina dio a la estampa en italiano en 1737, vertida 
que fué en el año siguiente al castellano por Arquellada y 
Mendoza, en la que, al par de una clasificación científii 
bre todo en lo referente a las plantas conforme al sistema de 
Linneo, se consignaron abundantes noticias de las pi 
ciones naturales de Chile, mínimas en verdad, comparadas 
con la riqueza de nuestra flora, pero tan estimables, poi lo 
demás, que hasta boy se consultar! y se leen sii 
agrado. 

Otra fuente valiosa de información nata el estudio de las 
plantas chilenas se debió a los botánicos españoles Ruiz y Pa- 
vón, cuyos trabajos se dieron a luz por el Gobierno de la Pe- 
nínsula, con suscripciones recogidas en toda América, en cua- 
tro volúmenes en gran folio, con el título de Flora Perú 

is, en los que, junto con descripciones acabadas, se 
puede disfrutar de la vista de las especies en laminas ad- 
mirablemente grabadas y de tamaño casi siempre del na- 
tural. Como es obra escasa ni adquinble aun a mucho cos- 
to, no esta de mas que apunte aquí los nombres indígenas de 
plantas chilenas que en ella se consignan, algunas de las cua- 
les ya no se conocen con los que en aquel tiempo llevaban. 

Tomo I: achira: amor seco: incolae nuncupant, quoniam 
fructus transeuntium vestibus adhaerent. ArgueniUa (Jovella- 
na punctata Broquín y no proquín, como dice Feuillée). 
(Aeaena argéntea). Cabellos de ángel .Cuscuta corymbosa . Ce- 
badilla; congona; chuchan! o arguenita (Calceollaria rugosa); 
chonta: nébú o avellano (Quadria heterophyla); Pagnhin (el 
polquín de Feuillée), el pañil o parguín; (Buddieja globosa). 
Pangue; pinol Embotherium dentatum); sandia-lahuen (Ver- 
bena multifida); voqui (Cissus striata): Nomen non solum 
omni plantae scaudenti, sed metaphorice etiam obtrectationi 
bus chilenses applicant . 

Tomo II: Capulí (Physalis pubescens), que no es el árbol de 



14 VOCES CHILENAS 



que habla el Diccionario, pero que trae Salva. Quinchamalí: 
uñuperguén (Campánula filiformis). 

Tomo III: Cardón o puya: codocoipn (Myoschilos oblouga): 
i'l est, fructus cujusdam animaría amphibii, a Molina mus 
coipus dicti, quia ejus fructibus praesertiru nutritur». Copi 
¡un: chuco o thilco; chupó)! (Broinelia sphacelata); «vulgo 
chupón, et fructus chupones». Guadalahuén, «id est, yerba 
de la apostema». Guillipatagua (Villaresia mucronata); esto 
es, el árbol del huillín». Ictriho o itíu (Loranthus verticilla 
tus); illcii, (Authericum caeruleum); illmu (Conanthera bifo- 
lia); Uutu, ligtu, según Feuillée; lúcumo (Achras lúcuma) *et 
fructus lúcumas appellantur». Lun o Uun o sietecamisas (Ste- 
reoxylon revolutum), «quia eortex iu laminillas septeto, te- 
nues dipescituir»; maitén: ñipa; quila, vulgo zarzaparrilla 
(Herrería stellata). 

Durante la primera mitad del siglo XIX aparecieron tam- 
bién en las obras de viajeros extranjeros, una que otra des 
cripción de animales y plantas chilenos, siendo de notar entre 
ellas, por la especialidad de su tema, las Plantae rariores de 
Bertero, publicadas por A. Colla, libro en el que se habla de 
la cebolleta [Ornithrogálum aequipetalum, y del oreganillo (Gar 
doquia obovatá); pero ni todas juntas encierran una míni- 
ma fiarte siquiera del material que abarca la gran obra de 
don Claudio Gay, que honraría a cualquiera nación, de escaso 
valor en su parte histórica, a no ser por los documentos que 
la ilustran, como no podía meuos de ser, pero verdadero mo- 
numento científico en su conjunto, del estudio de las produc- 
ciones de la naturaleza en Chile, en su parte botánica espe- 
cialmente, que es la que constituye su riqueza. Cay vivió en 
Chile por muchos años, viajó por todo el país, oyó y acogió 
de boca del pueblo los nombres de las especies que había de 
describir científicamente, dejándonos, así, una de las mejores 
y más abundantes fuentes de información con que contamos 
para el estudio lexicográfico, materia de estas notas, y que se 
completa por los trabajos sobre la historia natural de Chile 
que realizó después el sabio doctor don Rodulfo A. Philippi, 
mi amado maestro que fué, cuya memoria debemos conser- 
var los chileuos con la gratitud que merecen su desinterés, 



PRÓLOGO 15 



su amor siu limites al trabajo y su bondad nunca desmentida. 
siempre tan claro como conciso en sus descripciones, que he 
de seguirlas con preferencia a tudas 

Alguna mención merecen también para nuestro objete el 
estudio acerca de las plantas medicinales de Chile del doctor 
don Adolfo Murillo, y los varios de don Carlos Reicbe sobre 
nuestra botánica, especialmente el que dedicó a las malezas de 
Chile. 

Tal era el caudal de fuentes escritas (para no hablar de elu- 
de menor importancia) que existía cuando el doctor don Ro- 
dolfo Lenz comenzó la publicación de su Diccionario Etimo- 
lógico, terminado de imprimir en 1910, vasto arsenal de nom- 
bres indígenas chilenos, tratados con método científico, abun- 
dantísimo en citas de las fuentes atendibles y lleno de obser- 
vaciones casi siempre muy atinadas, que habrían sido de mas 
fuerza, en cuanto se refiere a la parte castellana, si no estuvie 
sen emitidas a veces con cierta acrimonia... Cierto es también 
que los medios de información de que de ordinario se valió, 
cuando faltaban los testimonios escritos, cuáles eran, los datos 
que le suministraron sus jóvenes alumnos chilenos, pecan en 
ocasiones por yerros de pronunciación, que su calidad de ex- 
tranjero no le permitió siempre salvar, y que el método ;< 
que se ajusta en la escritura de las voces, que le lleva a de- 
sechar siempre la g para reemplazarla por la /;, no puede acep- 
tarse como norma invariable; pero todo eso es nada, comparado 
con lo mucho, muchísimo de provecho que de su obra puede 
sacarse. 

Honra asimismo de nuestras letras es el Diccionario </< 
Chilenismos de mi doctísimo compañero de Academia, don Ma- 
nuel Antonio Román, cuyo tomo IV. que comprende hasta la 
letra (J, acaba de publicarse. 

No escaseaban, en verdad, los estudios sobre nuestros chi- 
lenismos, que por ser bien conocidos, no necesito enumerar; 
pero todos ellos resultan de poco alcance comparados con este 
libro, por las muchísimas voces y frases que coutiene de nues- 
tra habla, en las que se nos enseña a distinguir lo correcto de 
lo que no lo es, con ejemplos y digresiones filológicas que 
acusan tanto su saber como su tesonera labor, siempre llevando 



16 VOOKS CHILEN AS 



por norte tan ciego respeto al léxico oficial, que conoce hasta 
en sus minucias, como seguramente nadie le profesa en la pro- 
pia España. 

Con tales elementos de trabajo, ha sido fácil apuntar las 
voces chilenas que pudieran incorporarse en el Diccionario, — 
que hubiéramos aumentado en muchas más a no prescindir 
de aquellas menos conocidas o de uso puramente regional, — 
y bien poco lo que he puesto de mi cosecha; y para que la 
Rea] Academia disponga de los medios de información, reuni- 
dos, eso sí, en pocas líneas, que acrediten aquella pretensión, 
he anotado el nombre científico que corresponde a cada una 
de esas voces, para manifestar prima facie que son especies 
diversas de por sí; los pasajes de antiguos cronistas que las 
recuerdan, para exhibir su antigüedad, llevando las citas sola- 
mente hasta donde he creído que basten al intento; una des- 
cripción, tomada de los naturalistas, del animal o planta de 
que se trata; en cuanto ha sido posible, su etimología, de or- 
dinario araucana; y finalmente, la referencia a los Diccionarios 
de Lenz y Román en que se pudieran hallar mas detalles rela- 
tivos a esas voces. 

Presentado así éste que llamaría banquete chileno de tres- 
cientos y tantos platos, la Academia elegirá entre ellos los 
que guste, que, me imagino, sera en su mayor parte, puesto 
que están llamados a enriquecer nuestra lengua de lo que da 
buen indicio la tendencia ya claramente mauifestada en su 
última edición del léxico, incorporando en ella voces chilenas 
que en las anteriores no figuraban, y si ya tienen lugar en él, 
como no puede menos de ser, tantas americanas, y entre 
ellas, las chilenas que en este momento recuerdo, como son, 
frutilla, frutillar, murtilla, mote, palqui, patagua, etc., ¿por 
que dudar de que en una edición venidera no se dé cabida a 
tantas otras no menos acreedoras a ese título? 



e í^ 





VOCES CHILENAS 

QUE PUDIERAN INCLUIRSE EN EL DICCIONRRO jE LA .ENGUA. 



Achira, f. (Caima indica). 

Planta de nuestros jardines, que alcanza a mas de un metro 
de altura, con flores rojas o amarillas, epígiuas. con uu solo 
estambre petalóideo, cuya antera es de una sola celdilla, sin 
aroma, con rizomas gruesos, fecnláceos. 

Es originaria de América, y en Chile era ya conocida a me- 
diados del siglo XVII, pues el P. Rosales habla de ella para 
preconizar la virtud madurativa de sus raíces. Parece ser la 
que en España llaman cañacoro: pero en abono de su nombre 
americano cuenta con la autoiidad de Arona en el Perú, de 
Granada en la Areentina y de Uribe en Colombia. Su etimo- 
logía es quichua. En Chile han hablado de ella Ortúzar, Cañas 
y Leuz. Traela Zerolo. 

Agachadera. f. [Geobamon nigrofasciai 

Avecilla que se halla en las cordilleras de la provincia de 
Santiago, siempre más allá de los mil metros de altura. Vié- 
nele su nombre de la costumbre que tiene de apacharrarse. 

- 



18 VOCES CHILENAS 



Alcatraz, m. 

El Diccionario lo da como sinónimo de pelícano; muy bien; 
pero se pregunta si no vendrá su etimología del latín ono- 
crotalus, duda que no puede caber cuando se sabe que tal voz 
es de procedencia americana, que registraron Oviedo, Zarate, y 
en Chile González de Nájera: Hay... otros pajarazos grandes 
como gansos, a que llaman alcatraces...* Pág. 35, segunda edi- 
ción. 

Alfilerillo f. [Scandix chilensis). 

«...las plantas más abundantes son... una de peine de ve- 
nus, llamada vulgarmente loiqui-lahuén o alfilerillo, de que 
gustan mucho los animales.» Molina. «Llámase así, porque 
del centro de las hojas nace uno como pistilo, en forma de al- 
filer.» Román 

Algarrobilla, f 

Fruto del arbusto llamad') algarrobo [Balsamocarpum brevi 
fulium). «Las algarrobillas son los únicos [frutos] que se usan 
en las curtidurías. Los arbustos que producen estas legumbres 
a vainas, se bailan en las provincias de Atacama y Coquimbo, 
buyendo la costa. Su cantidad últimamente ha disminuido, 
porque los troncos se usan de leña y las vainas se agarran en 
proporción tan desmesurada (hasta en estado verde), que la 
reproducción de la planta se dificulta cada año más.> Reiehe. 

Angelito, m. (Charadrius trifasciatus). 

Ave zancuda, de la familia de los carádridos, de uuos 1S 
centímetros de largo, con plumaje coloreado de un gris de 
tierra por el dorso, y blanco inferiormente (de donde el nom- 
bre con que se le distingue); tiene sobre la frente una faja 
negra y estrecha, sobrepuesta por otra más ancha y blanca, y 
un medio collar negro en la parte inferior del cuello. 

Habita las costas desde las de Santiago hasta las del Perú 

Avellano, m. [Guevina avellana). 

Diverso del europeo. Árbol de la familia de las protáceas, 
de hojas alternas, coriáceas, pinadas, pinas doblemente aserra- 



DE LOS KIIX"S ANIMAL Y VEGETA1 1 '.' 



das, cultamente pecioladas, ovaladas, subcordiformes. Flores 
blancas de a pare?, en racimos axilares. Fruto: nuez, llamado 
avellana, comestible. 

Azulejo, m. (Carcharías glaucus). 

Pez chileno, «que tiene como cuatro pies de longitud; la 
cabeza y el cuerpo son de un hermoso color azul, más obscuro 
en el dorso; las aletas dorsales, pectorales y la caudal son 
también azules; las ventrales y anales tienen un tinte mucho 
mas claro; lo demás del cuerpo es azulado.» Román. Gay lo 
clasifica como especie diversa del tollo. «En cuanto al nom- 
bre castellano, observa Román, debería cambiarse por azulenco 
o atujado». 



Bailahuén. m. (Haplopappus baylahuen). 

Planta compuesta, de las tubulifloras, que crece en la pro- 
vincia de Atacama, «con hojas cuneadas en la base, oblongas, 
con las márgenes crespas y desde el medio aserradas; son de 
consistencia rígida y barnizadas. Así Reiche. Se da como re- 
medio contra la puna o soroche. 

Su etimología es ciertamente indígena, alterado el primer 
componente tailn, traspirar, en baila; y liaweri, remedio. 

Lenz, n. 1439. 

Bailarín, m. (Elanus dispar). 

Ave de rapiña bastante común en las provincias centrales 
de ('hile, y se le halla también en el Uruguay y en el Brasil 
Corresponde a la especie que en España se llama neblí. 

«El macho adulto es de un color blanco limpio, en la parte 
inferior del cuerpo; en la espalda, de color negro, y el resto de 
la parte superior del cuerpo, exceptuando la cabeza, es de un 
color gris claro, mas cargado en unas partes que en otras .. 
Su nombre vulgar le viene muy bien, en atención a su eos 
tumbre de mantenerse en un mismo punto en el espacio, 
batiendo rápidamente las alas cuando ha logrado ver algún 



20 VOCES CHILENAS 



animalito que puede servirle de alimeuto. Los movimientos 
que hace cuando se mantiene así en el aire, son sumamente 
rápidos y se asemejan a un baile.» Reed. 

Ha rata. f. 

«Nombre vulgar que se da en Chile a la cucaracha o blata 
de los naturalistas. Salta a la vista que es corrupción de esto 
último.» Advertiremos, con todo, que el nombre de encaracho 
se aplica en Chile a un coleóptero de la familia de los carabus, 
negro, que vive en la tierra en lugares húmedos. Es, así, muy 
diverso de la barata, que es un ortóptero. 

Iíelloto. m. {Bellota Miersii). 

«Árbol chileno, perteneciente a la familia de las lauríneas. 
Produce una nuez silvestre que sirve de alimento a los anima- 
les. Vea la Academia si ha llegado el caso de admitirlo en su 
Diccionario.» Román. 

«El belloto es un árbol hermoso, de la cordillera de la costa 
en la provincia de Aconcagua.» Reiche. 

• Itlanquillo. m. (Latilus jugularis). 
' Pez chileno, de trece a quince pulgadas de longitud y de 
color rojizo, más o menos pardo sobre el dorso y [Jateado bajo 
el vientre. Merece admitirse en el Diccionario. Llamamos 
también blanquillo, di., un durazno parecido al de Zaragoza, 
pero de cascara y corteza blancas.» Román. 

Unido m. (Bohloa fragans). 

Arbusto o árbol siempre verde, de la familia de las moni- 
miáceas, dicliuo dioico, de hojas pecioladas, opuestas cruzadas, 
ovalado-elípticas, coriáceas, ásperas, enteras y aromáticas: son 
medicinales. Flores blancas en racimos axilares. Fruto: drupa 
amarilla, comestible. 

«...aunque en esto se le aventaja la corteza del boldo...» 
Córdoba y Figueroa: «Los labradores llaman bohío a esta últi- 
ma especie, y se valen de su coiteza para sahumar las vasijas 
en que envasan sus vinos.» Molina. «El bohío es de mucha y 
apacible fragancia en la corteza, hojas y fruto, y éste, que es 



1>K LOS REIMOS ANIMAL Y VEGETAL '-'1 

semejante en el color a una aceituna verde e igual en el tama- 
ño, es de un dulce muy gracioso; su huesecillo, por la dureza, 
color y figura, es de mucho aprecio para cuentas de rosario 
Olivares. 

«El boldo, cuyos carpidios son unas pequeñas drupas co 
mestibles, últimamente recomendado como remedio en las en 
t'ermedades del hígado». Phillippi. 

Lenz, n. 69. Román: «Ya es tiempo de que el Diccionario 
acoja esta voz». 

Zerolo trae, erradamente, boldo y holán como especies diver- 
sas, y boldoa como planta originaria de México. 

De las hojas del baldo, cuya eficacia en las enfermedades 
hepáticas está hoy perfectamente comprobada, se extrae la 
boldina. 

Bollen, m. (Kagenekia oblonga). 

Arbusto o arbolito de altura de tres a cuatro metros, de la 
familia de las Rosáceas, lampiño, siempre verde, de hojas co- 
riácea?, oblongas, a veces trasaovadas, obtusas o agudas, con 
dientes glanduliformes poco marcados. Inflorescencias axila- 
re?; fruto fulículo. 

«El bollen es un árbol que da la hoja muy parecida a la del 
belloto, da la flor a modo de una estrella, y allí cría en los 
rayos de la estrella una telita blanca, delgada como papel.» 
Rosales. «En las playas del país crece también otro árbol 
giande y de bellísimo aspecto, llamado bollen, el cual me pa- 
rece un verdadero veneno. Sin embargo, en ciertas circuns- 
cias críticas usan los médicos de los polvos y de sus renuevo? 
disueltos con agua, administrándolos como vomitivo y como 
purgante, pero no pasando la dosis de medio escrúpulo, por 
cuanto estos .polvos son uno de los eméticos más terribles que 
se conocen en el reino vegetal.» Molina. «Las hojas de esto? ár- 
boles son semejantes por la figura alas del limón, pero el color 
es más vivo, y especialmente las del bollen, que son de un verde 
luciente y muy alegre.» Gómez de Vidaurre. 

Lenz. n. 1459, que escribe esta voz con r. Puesto que no 
hay certidumbre de su etimología araucana y todos los escrito- 
res emplean la b, conservamos esta letra. Así también Román, 



VOCES CHILENAS 



quien dice: «Aboguen los naturalistas porque sea admitida en 
el Diccionario». 

Boqui. m. [Lardizabála biternata). 

<< rénero de plantas sannentáceas, de las cuales la más común 
en Chile es el voqui [vitis slriata) colorado de las provincias 
centrales y meridionales.» Phillippi. Con tal nombre designa 
«•1 abate Molina a las yedras en general, voz que encuentra su 
semejante en los bejucos Así, dice Rosales: «.. para atarlos y 
juntarlos [haces de enea, totora...] ha proveído Dios de unas 
sogas naturales que llaman boqui, largas y delgadas, flexibles 
v de mucha fortaleza y duración en el agua, liábanse colga- 
das de los árboles en abundancia, que como yedra trepan por 
ellos, de que también hacen gruesas maromas torciendo unas 
sogas con otras... » 

Ya se veporesto. según decía, que el boqui es como el b< 
« El boqui nace en los bosques más sombríos y húmedos, en 
donde serpenteando al rededor de los árboles, sube hasta la 
rama más alta...» Molina. 

Su etimología es, araucana. 

Lenz, n. 1460, que escribe con r, ajustándose a su proceden- 
cia indígena; pero ya el propio Febrés tradujo boqui, y así es- 
cribieron Rosales y Molina, seguidos en esto por Román. 

Véase cóguil. 



Caballo del Diablo, m. [Bacunculus phyllopus.) 

( >: loptero, de que hay varias especies en Chile; tiene la ca- 
beza pequeña y oblonga, con ojos fascetados y salientes, el 
cuerpo alargado, cilindrico, sin alas ni élitros; antenas largas, 
Aliformes y patas bastante largas y sencillas. Vive en los arbo- 
les y al andar parece un palito que se mueve. 

«El vulgo, siguiendo la antigua y errónea opinión deatribuir 
al espíritu maligno todas las cosas que parecen mal hechas 
llama caballo del diablo a esta especie....» Molina. 

«Nuestros rústicos, que probablemente han bautizado el 
Bacteria con el pomposo nombre de caballo del diablo, por su 



I)K LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 



figura extraña y deforme, tienen respecto a él creencias ¡as 

mu." absurdas. Medina. Los insectos enemigos, etc. lug. citado. 

Oviedo lo llamó cervatica, nue el léxico define langostón. 

Cabello de ángel, m. [Cuscuta speí 

Bajo tal designación trae el Diccionario el dulce de almíbar 
que se bace con la cidra cayote», pero falta el nombre de esta 
convolvulácea, parásita, que trepa sobre los árboles y cubre 
sus copas con sus ramas y flores. Todas las especies tienen 
tallos rojizos o amarillentos, desprovistos de hojas verdes, que 
por medio de raíces adventicias (chupadores) explotan al pa- 
trón. Reiche. 

Cabinza. f. [Mmdosoma coerulescens y Fernandeziana ) 
Es pequeño, apenas de unas cinco pulgadas de largo, con 
toda la parte superior del cuerpo pardusca y la inferior pla- 
teada, con seis o siete líneas longitudinales obscuras a lo largo 
de los flancos; de forma oval, boca medianamente hendida, 
con quijadas iguales en largo; el ojo es mediano y se halla a 
casi igual distancia entre la punta del hocico y el opérculo. 

«Cabinza, que es el nombre vulgar, debe figurar en el Dic- 
cionario.» Román. 

Lenz, n. 166, que escribe cavinsa y apunta otras varian- 
tes, pero no la que damos, que es la más ajustada a su pro- 
nunciación. 

Cachampa. f. [Miigil cephalus.) 

«Pez parecido a la liza, que se cria en la desembocadura 
de algunos de los ríos de Chile. > Román. Según Delfín, tal 
nombre se daría al pez cuando no alcanza aún su entero desa- 
rrollo. 

Lenz, n. 7»3, escribe cachamba, cuya etimología cree con 
razón que será probablemente quichua; al menos el segundo 
componente champa, tal cuino lo entendemos, — y en esto -< 
güimos a Román, — «el césped con tierra; > y el segundo sería, 
quizás, la partícula araucana caá, muy mucho; resultando así, 
«muy abundante en las champas.» 



24 VOCES CHILENAS 



Cachanlagua. f. [Erythraea ehihnsis) 

Rosales escribe eachalagua; Molina y Córdoba y Figueioa. 
cachanlaguén; Olivares, canchalagua. 

Amunátegui, Al través del Dice. 

Hay que corregir cachanlagua, que es la forma corriente y 
la qu9 rúas se ajusta a su etimología araucana: «cachan, dolor 
de costado; cachanlahuén, ia centaurea, hierba conocida, amar- 
ga y fresca.» Así Febrés, y así también Lenz y Román. 

Cachadito. m. (Culicivora parvulus). 

Llamado también torito por las dos plumas sobresalientes 
que adornan su cabeza a manera de pequeños cuernos. Abun 
da en Chile y se le halla asimismo en Patagonia. 

Pertenece este pajarillo a la familia de los tiránidos; sobre 
la cabeza tiene largas plumas negras y manchadas de blanco 
en el medio, que se elevan en forma de cresta o cuernos, — 
cachos, que se dice en Amériea, — de donde su nombre; tiene 
de 11 a 12 centímetros de largo, su plumaje es pardo oliváceo 
por encima y blanco inferiormente, hasta dar en amarillento 
hacia la cola. 

Cague, m. [Anser antarcticus). 

En araucano, del cual procede esta voz, se escribe caghe, 

según Febrés, que Molina convirtió en cago y otros también 
malamente en cague. 

«El cague es una especie de oca que habita los mares de 
Chiloé, y euya particularidad consiste en la absoluta diferen- 
cia de color que se nota entre el macho y la hembra, porque 
aquél está vestido de blanquísimas plumas, y tiene pico y 
pies amarillos, y ésta es totalmente negra, y sus pies y pico 
son pardos.» Molina. 

Lenz, n. 87; Román, I, 512. 

Tanto el cague, como el piuquén, el cauquen y el gansillo de 
que hemos de hablar, pertenecen al género bernicla de los 
paltnípedos. El Diccionario incluyó en la penúltima edición 
la voz hornada, sacada, evidentemente, de ese género y apli- 
cada a un «pato marino de Hibernia » 

Véase piuqt 1 én. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 



Cáhuil, m. [Larus dominicanus). 

«Las gaviotas en Chile se llaman algunas veces cáhuil y 
chille.* Philippi. 

El doctor Lenz escribe cagüil, pero advierte que «no está 
seguro si no es más bien cáhuil.» Tal es, en efecto, la forma 
verdadera, y con ella registra Asta-Buruaga en su Diccionario 
la aldea y laguna así llamadas. 

Es voz indígena onomatopéyica. 

Román, I, 512. 

Cala. f. [Cala aethiopica) 

La flor de la cala, muy conocida en Chile, aunque no es in 
dígena del país. El Diccionario, observa Román, ha admitido 
el nombre de la planta, pero se ha olvidado de consignar el 
de su flor, que así se llama. Seguiamente de la forma que re- 
viste el pistilo de esta flor, procede la cala de la medicina ca 
sera. 

Calabazo, m. 

Llámase así el tiesto que se forma de la calabaza una vez 
madura y despojada de sus semillas, y con tal nombre era 
conocido en Chile por lo menos desde mediados del siglo 
XVII. Núñez de Pineda escribe (Cautiverio feliz, p. 140:1 
y nos brindamos con algunos licores que las mujeres habían 
traído en sus calabazos...» 

Véase zapallo. 

Callampa, f. 

El bongo comestible que en España llaman setas. La que es 
venenosa (?) se denomina en Chile callampa del diablo: en Es- 
paña, cagarria y crespillar. Rodríguez, y /erólo, advierte Lenz, 
escriben malamente cáyampa Es voz de procedencia quichua. 

No creemos, como Román, que tal chilenismo no merezca 
mención en el Diccionario. 

Caminante, m. [Certhilauda cunicularia). 

Pajarillo dendrocoláptido, de unos 15 centímetros de largo, 
de cuerpo esbelto, con el pico tan largo como la cabeza y lige 



L'l) voces chilenas 



raméate encorvado; el plumaje de un color gris rojizo, que se 
armoniza perfectamente con el del suelo, las alas medianas, 
la cola curta y los tarsos largo?. 

«...en Chile no hay ninguna de las alondras propiamente 
tales; los caminantes se aproximan, sin embargo, mucho a 
ellas.» Philippi. «Encuéntrase comunmenteesta ave en medio 
de los caminos buscando coleópteros, de que se alimenta. Su- 
mamente familiar, se le ve marchar adelante de las personas 
y caballop, y sólo cuando se está a muy pequeña distancia, se 
decide a tomar el vuelo.» Gay. Esto explica, observa Lenz, el 
nombre castellano caminanU 

Leu/., n. 1505, da la forma caminanche, como vocablo cas- 
tellano en boca de indios. 

Ruinan, I, pp. 244- y 514. 

Canastero, m. [SinaUaxis sórdida). 

Avecilla así llamada por la habilidad con que fabrica su 
nido colgado de los arbustos en forma de un alargado canasto. 
( (tras especies de este mismo género reciben en Chile los nom- 
ines de comecebo, trabajador y bullicioso. «De un bruno ceni- 
ciento por cima, y por bajo de un ceniciento obscuro; los carri- 
llos y la garganta amarillentos; la barba es blanquizca; una 
leve ceja amarillenta se extiende desde los respiraderos nasa- 
les basta la nuca; pico y pies de un bruno obscuro. Longitud 
total: 8 pulgadas.? Gay. 

Román, 1, p. 51 s. para canastero. 

Canelo, m. [Drymis chilensis). 

•Hay un árbol célebre de los indios en este reino, que ellos 
le llaman en su lengua boyque (léase coyghe, forma araucana) 
y los españoles cando, porque se parece al canelo que hay en 
Zumaco, de las provincias de Quito, como lo notó Francisco 
<\r Gomara en la Historia general de las Indias. Esta muy au- 
torizado de los naturales, así porque sirve de salvoconducto 
ile unas provincias a otras, como de estandarte en las cunte 
deraciones de paz... Y demás de servir a estos indios de lo 
(pie a los romanos la oliva, es singularmente dedicado al de- 
monio, el altar de sus sacrificios y el trono de sus oráculos y 



i>K LOS REINOS ANIMAL Y VEGKTAL 



respuestas.» Rosales. « ...que salían al camino a recebirlos i on 
anulus, que son insignias de paz...» Núñezde Pineda, p. 336. 
«Los chilenos llaman boighe y los españoles canelo-. Su tronco 
tendrá cincuenta pies <le alto y echa las ramas contrapuestas 
de cuatro en cuatro en forma de cruz; sus hojas son grandes, 
alternantes y parecidas a las del laurel real; las flores blancas, 
cuadripétalas y olorosas, y las bayas o.vales y de un color ne- 
gro azul "lo...» Molina. -¡El canelo ha sido asi llamado por los 
españoles, porque se asemeja en todo al árbol de que se saca 
la canela oriental. Los indios lo llaman boighe. > Gómez de Vi- 
dauíre. Hoy sólo se conoce con el nombre de anulo. 

Leuz, u. 1458. Román: tEl canelo chileno pertenece a la 
familia de las magnoliáceas y no debe confundirse con el de 
Ceilán, perteneciente a las lauríneas y único que figura en el 
Diccionario. » 

Capí', m. 

Se dice especialmente de la vaina tierna de las legumino- 
sas, como porotos, arvejas, etc. 

Su etimología es araucana. Pebres: <capi, vainitas tiernas o 
porotos nuevos con vainas.» 

Lenz, h. 135. Ruñan, I, 258. 

Cardón, m. Cardonal, m. 

Cardón, planta. Cardonal, sitio poblado de cardones. Estos 
vocablos deben admitirse, opina Román. 

Advertiré que Oviedo (I, 312), llamó cardones a nuestros 
quiscos. 

Véase chagüal. 

Cauqué», na. [Anser poliocephalus). 

Es el mas hermoso de los gansos silvestres de Chile. El 
macho tiene la cabeza y la parte superior del cuello de color 
ceniciento; la región inferior del pescuezo, el pecho y las plu- 
mas de la cola, bermejas; las patas negras y anaranjadas. La 
hembra, que es un poco más pequeña que el macho, tiene 
fajas negras en el pecho, en el dorso, las espaldas y la parte 
inferior del cuello. 



"_'■ VOCES CHILENAS 



Abunda mucho en Chiloé, donde con frecuencia se le ve 
domesticado en los corrales. 
Viene del araucano canqueñ, que registra Febrés. 
Lenz, número 132, con citas de Gay, Maldouado y Fonck- 
Véase piuquén. 



Carpinterito. m. (Picus melanocephalus). 

«...los pájaros carpinteros... unos son negros con abultado 
copete en la cabeza y del tamaño de una codorniz...» Molina. 
Voz que trae el Diccionario, pero no el diminutivo carpinteri- 
to, que se aplica al Picus melanocephalus. 

«.. y los demás van también, como el carpinterito, que pica 
en los arboles para extraer de su seno carcomido el propio 
sustento, a dar guerra, en unión con sus aliados los syrfus, a 
los inagotables pulgones.) Medina, ubi supra. 

Cata, f (Psittacus erytrifrons). 

«La. catita de Chile, que se extiende hasta Magallanes 
Phillippi. Es una especie de papagayo pequeño. 

Tenemos por probable que su etimología venga de catálini- 

ca o catalnica, como solía llamarse antaño en España a las 
cotorras. Así lo cree también Román. Asimismo se le conoce 
cutí el nombre de yahuilma. 



Catanga, f. [3It'(/athopa villosa). 

Una especie de pololo (véase esta voz) de color verde. 

Lenz, n. 152, opina que su etimología puede ser araucana, 
del verbo catan, agujerear, porque efectivamente este coleóp- 
tero vive durante el estado de larva en agujeros que horada 
en los troncos carcomidos de los árboles; pero no es así, pues 
el Inca Garcilaso nos enseña que acatanca quiere decir esca 
rabajo, «nombre con mucha propriedad compuesto deste nom- 
bre acá, que es estiércol, y deste verbo tanca (pronunciada la 
última sílaba en lo interior de la garganta) que es empujar: 
acatanca quiere decir el que empuxa el estiércol. i Lib. II, 
cap. V. 



DE LOS EEIXOS ANIMAL Y VEGETAL 29 



Cancha, f. [Eringium rostratum). 

Esta ¡llanta es de la familia de las umbelíferas, cou hojas 1 1- 
gidas, c-asi todas radicales, angostadas en la liadas, 

de hasta veinte centímetros de largo. Cousidérasi 
doto, aunque al parecer sin fundamento, contra la picadura 
de la araña venenosa de Chile. 

Lenz, n. 158. que cree, con razón, que la étimo! igi 
voz debe ser araucana. 

Canchan, m. 

«El cauchau es fruta de la luma (véase esta voz 1 , semejante 
en la figura y gusto a la murtilla. con la diferencia de ser 
negra; hacen de ella los indios bebida que luego embriaga... 
Olivares. 

El doctor Lenz adopta la forma cauchahtie. 

Preferimos atenernos a la de Olivares, a quien corresponde 
la prioridad al escribirla. 

Cauque, m. [Cyprinus caucus). 

«Es muy regalado de pescado, principalmente de robalos, 
cauques, truchas, lenguados y pejerreyes. Rosales ¿De peces 
menores o conocidos en otros mares o propios de este, son 
varias las especies, como de... cauques . < >, ¡vares. 

Lenz. n. 172, que cita también los testimonios de Cóidoba 
y Figueroa, Molina y Carvallo. 

La etimología de esta voz es. indudablemente, araucana: 
l;aul;e. 

Rosales, como se ve, distingue entre el cauque y el pejerrey; 
según Román (I, p. 522) aquel nombre se da en muchas par 
tes de Chile y se aplica al pejerrey grande, de lomo plateado, 
«aunque algunos naturalistas pretenden que es otro pez pare- 
cido a éste.» 

Cedrón, m. [Lippia eitriodora). 

«Planta de la familia de las verbenáceas, olorosa y medici- 
nal. Aunque originaria del Perú, se produce abundantemente 
en Chile. Debe figurar en el Diccionario.? Román. 



30 VOCES CHILENAS 



Cebolleta. í.(Ornitogalum aequipetalum). 
1 1, ilila de ella y la describe Bertero en sus Plantar rariores, 
publicadas por A. Colla. 

Centella, f. (Ranunculus muricatus). 

«Planta perenne, ranunculáeea, pelada, con los tallos cor- 
tos, derecbos o tendidos. Hojas radicales, casi orbiculares, tri- 
lobuladas, acorazonadas... Flores solitarias, aparentemente 
opuestas a las hojas, actinomorfas. Las flores con cinco péta- 
los, de un amarillo pálido.» Reicbe. Planta del sur de Euro- 
pa, que se ha convertido en maleza en los sitios húmedos de 
Chile. 

Cineraria, f. 

«Planta de jardín y de la cual hay en Chile muchas varie- 
riedades; flor de esta planta Es la misma que describe el Dic- 
cionario Enciclopédico Hispano- Americano; pero que todavía 
no ha sido admitida en el de la Academia.» Román. 

Ciruelillo. m. 

«Árbol con flores de color de escarlata muy hermosas - 
«Merece admitirse.» Román. 
Véase notru. 

Clarín, m. 

Las conocidas planta y flor de nuestros jardines designa- 
das con este nombre se llaman en castellano guisantt de olor.» 
Román. Convendría admitir tal voz como chilenismo. 

Clonqui. m. [Xanfhium spinosum). 

La fruta o semilla de esta planta y de otras sus congéneres- 
que es enteramente análoga, aunque muchísimo más peaueña 
que la que da la cardencha (en Chile simplemente carda), que 
Febrés, traduciendo su nombre araucano conciill, llamaba 
cepacabállo, y que en España, según Román, se dice argolla; 
peí" nos parece que se acerca mas al cadillo. En todo caso, no 
se habla de quo así se llame al fruto, o sea, nuestro clonqui. 

Leu/., n. 1 T.'l 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL .'i 1 



Cochayuyo. m. [Durvülea utiUssima). 

«De estos troncos nacen unas vainas muy largas, de más de 
tres y cuatro varas, y algunas anchas de cuatro, seis y ocho 
dedos: éstas llaman cochayuyo, y son de dos suertes y espe- 
cies...» Ovalle. «...éstos andaban vestidos de unas mantas 
largas, con los cabellos largos, y los que no los teman, 
los traían postizos de cochayuyo...» Pineda y liasen ñau. 
p. 361. 

Lenz, n. 182, que cita otros comprobantes de Molina, Cor 
doba y Figueroa, Gómez de Vidaurre (que escribe cochayuyu), 
Arona, Palma y Rodríguez. 

Viene del quichua, en sus dos componentes: kocha, laguna; 
y yuyu, el nabo, en general, hortaliza. 

Observa Román: <No basta el nombre genérico de alga a 
ova que nos dan todos los Diccionarios fiara designar nuestro 
cochayuyo, que es planta marina especial y comestible... Como 
el nombre se usa en todo Chile y otras partes y no tiene equi- 
valente en castellano, creemos que debe admitirse en el Dic- 
cionario tal como lo trasmitieron los aborígenes chilenos». 

Góguil. m. (Lardizabala biternata). 

Es el fruto de la coguilera o boqui (escrito también voqui), 
enredadera voluble de hojas Internadas glabras, enteras o 
festonadas o trilobuladas. Flores masculinas en racimos, las 
femeninas solitarias. Fruto: baya amarilla cilindrica, comesti- 
ble. Familia de las Lardizabaláceas. 

De origen araucano, en cuya lengua se escribe cohgúll, según 
Febrés. Entre la gente del pueblo se pronuncia malamente 
coUe; en Molina y < lome/, de Vidaurre, de quienes la tomo 
Zerolo, ioi/i(l, todo a consecuencia de no observar el valor de 
la ú araucana, que se aproxima al de la u francesa. 

«La más útil de todas estas especies es el cogul... Luego 
que llega a la copa, se pasa al árbol más inmediato, o baja 
perpendicularmente, volviendo a subir y a bajar tantas veces, 
enredándose consigo mismo y con los demás voquis, que for- 
ma una especie de confusión de cuerdas pendientes muy pa- 
recidas a los aparejos de un bajel... Su fruto es una baya de 
una pulgada de grueso y de seis o siete dedos de largo, dentro 



.')'_' VOCES CH1H N \s 



■ le la cual se contiene una pulpa blanquecina, mantecosa y de 
sabor agradable.» Molina. 

Celebrado en poesía (Vial Solar, El caballero de la gloria, 
Santiago de Chile, 1916, 8.°, p. 53): 

el grano de oro del maizal florido, 
<Jel cóguil dulce el fruto suspendido, 

Lenz, n. 186. Román dice: «Encargúense los naturalistas de 
describirlo con todos sus pormenores; nosotros sólo pedire- 
mos ipie su nombre sea incluido en el Diccionario.» 

Véase boqui. 

Coico}', m. (Ci/stitfiíathtis Bibronii). 

Cierta especie de sapo muy pequeño y saltador. 

Lenz, n. 1SS, que considera tal voz de origen araucano. En 
araucano: koiwilla, cierto sapo. 

«Sin duda por el grito o canto que le es propio y que parece 
repetir la voz coi/, se llama así en Chile un sapo pequeño que 
tiene en la espalda unas cuatro protuberancias que parecen 
otros tantos ojos, por lo cual lo llaman también sapo de cuatro 
ojos.» Román. 

Coiliue. m. [Fagus Dombeyi). 

Árbol déla familia de las Fagáceas, de hojas aovado-lauceo- 
ladas, romboidales, coriáceas, glabras, ligeramente pecioladas. 
doblemente aserradas; flores de a tres en un pedúnculo. 

«...el coihiic crece desde Chillan para el sur, y aun en la 
isla de Chiloé, árbol inmenso, cuya madera es apenas inferior 
a la del roble pellín.» Philippi. 

De origen araucano, voz registrada por Febrés, y mal escrita 
por varios autores, entre otros, por Pérez Rosales: «...debió su 
salvación al asilo que encontró en un carcomido coigüe...»; si 
bien más adelante está correctamente: «pasé eu el rústico apo- 
sento que me proporcionó el hueco tronco de un gigantesco 
coi hit . . 

También le recuerda Vial Solar, obra citada, p. 148: 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 33 



El majestuoso coihue se estremece 
a los golpes de hachas, y de espadas, 
y no se abate... 

Leuz, u. 190. «Su nombre, araucano en su origen, observa 
Romean, debe figurar en el Diccionario. 

Coipo. m. [Myopotamus coipu). 

«Los coipus se parecen mucho al castor y salen aún menos 
del agua, pero tienen la cola larga, casi cilindrica.» Philippi. 

«El coipn es un topo o rata acuática del tamaño de la nutria, 
a la cual se parece mucho en la construcción de su cuerpo y 
en el color de su pelo; tiene las orejas redondas; el hocico lar- 
go y cubierto de mostachos; las patas cortas y la cola gruesa, 
mediana y peluda.» Molina. «Otro animalejo hay llamado 
coipíi, que en el pelo y obras se parece a la nutria; en la he- 
chura, a la raposa terrestre.» Rosales. 

Por asimilación de vocales, hoy se dice siempre coipo, tal 
como escribía esta voz Olivares: el coipo y el guillín son ani- 
males anfibios.» Zerolo, siguiendo casi seguramente a Molina, 
escribe erradamente acentuada esta voz. Su etimología es 
araucana: «cot/ptt, animal de río como gato.» Febrés. 

Leuz, n. 193. «Su nombre debe tener cabida en el Dicciona- 
rio.» Román. 

Coirón, m. [Andropogon argenteus). 

«El coirón es muy conocido por ser tan semejante al espar- 
to.» Rosales. Y su conocimiento data entre nosotros de tan 
antiguo, que Cortés Ojea menciona esta gramínea en la Reía 
cióu del viaje que hizo al Estrecho de Magallanes en 1557. 
Hállase en Zerolo. 

Lenz, n. 194. Román dice: «Gramínea muy abundante en 
Chile, de hojas duras y punzantes, y usada para techo de casas 
en los campos. Su nombre debe tener cabida en el Diccio- 
nario.» 

Colegial, m. {Lichenops perspicillatus). 

Vive esta avecita en todo Chile a orillas de los ríos y lagu- 
nas de agua dulce. Se le suele designar también con el nombre 

(S) 



34 VOCES CHILENAS 



de runrún; el que se le da generalmente procede, según es de 
creer, del color de su plumaje, por cuanto en él imita el traje 
que antiguamente usaban ciertos colegiales en Chile, con la 
beca roja. 

Pertenece a la familia de los tiránidos y es ave dimórfica, pues 
el macho, de plumaje negro en gran parte, es de color rojo 
acanelado por encima, y la hembra, un poco menor que el 
macho, toda ella es cenicienta. Tiene de largo de 13 a 14 cen- 
tímetros. 

Coliguacho, m. [Tabanus o Pangonia depressus). 

«Muy común en la provincia de Valdivia, en donde la lla- 
man coliguacho, negro, con los bordes laterales del coselete y 
el extremo del abdomen cubierto de pelos anaranjados.» Phi- 
lippi. 

Febrés, seguido por Gay, escriben colliguacho. El doctor 
Lenz cree que «tal vez los dos elementos del nombre y quizás 
el compuesto mismo, vienen del quechua: colicoli y huacho." 
En mi concepto, tal nombre vendría de colü, rojo, y huacho, 
voz esta última que implica la idea de solo, y que se habría 
aplicado al insecto de que se trata por tener una franja única 
amarilla en el extremo del abdomen, todo de color negro. Posi- 
blemente sería designado así por las tropas peruanas que lle- 
garon a poblar a Valdivia a mediados del siglo XVII. 

«Es digno de figurar en el Diccionario.» Román. 

Coliliue. m. (Chusquea). 

La forma primitiva fué coleo; así González de Nájera escri- 
bía: «Llaman los indios a estas cañas, coleos, y los nuestros 
cañas bravas,» y así también Rosales: «y los indios de guerra, 
aunque haya mucha nieve, pasan poniéndose unos zapatos 
que hacen de coleos...» Molina la convirtió en coliu: «La caña 
más digna de observación entre cuantas merecen con propie 
dad este nombre, es la sólida chilena, de la cual se encuentran 
varias especies... comprendidas todas ellas bajo el nombre 
general de coliu.» Los indígenas decían culiu, según lo esta- 
blecen los padres Valdivia y Febrés, si bien este último ad- 
vierte que «las llamadas colehues tieueu otro nombre en arauca- 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETA] 35 



no.» Olivares dijo colihues, que es el término asado hoy: «...se 
ponen de una a otra margen, distante uno de otro poeas vara?, 
y armados con unas cañas sólidas aguzadas, que en su idioma 
llaman coligues... >■ 

De tal forma proceden los derivados coligual, encoliguado y 
encoliguar. 

Lenz, n. 199. «Debe admitirse en el Diccionario.» Román. 

Colilarga, f. [Synalla.ris aegytháloides). 

«Dase este nombre en las provincias centrales de Chile, a 
varias especies de pajarillos insectívoros pertenecientes al gé- 
nero Synállaxis de los ornitólogos. En la provincia de Chiloé 
se designa con este mismo nombre otra especie originaria de 
sola aquella región, que lleva en Ornitología el nombre de 
sylviothorynehus Desmurii. Es un pajarillo elegante, cuya cola 
lleva dos plumas dos veces más largas que todo el cuerpo. En 
el Diccionario aparecen el rabilargo y el rabo de junco, pájaros 
muy parecidos o iguales al nuestro. Decídanlo los especialis- 
tas.» Román. 

Por mi parte, añadiré que entra dentro del género que en 
España llaman paro, a que pertenecen los que allí se designan 
con los nombres de alionín, herrerillo y pájaro moscón; pero 
el nuestro es diverso de todos ellos: «de color gris bermejo 
por cima, su capucha bermeja, estriada de negro, con una es- 
pecie de collar de estrías detras de la nuca; alas de un bruno 
obscuro; cola negra, muy recortada; la garganta blanca; los 
carrillos y los costados del cuello, variados de manchas blan- 
cas y brunas; el pecho y su medio de color gris; los pies ne- 
gros. Longitud tota!, 8 pulgadas.» Gay. 

Colliguay. m. (Coliguaya odorífera). 

Arbusto de la familia de las Euforbiáceas, aromático, de 
hojas alternas, elíptico-lanceoladas, obtusas mucronuladas. 
aserradas, glandulosas en los dientes, coriáceas, pecioladas; 
cápsula triédrica. 

«El colliguay, arbusto común en nuestras provincias cen 
trales, cuya leña da un olor agradable al quemarse » Phi- 
lippi. «El coliguay es una mata de una vara de alto y su raíz, 



M<> VOCES CHILENAS 



partida, echa una leche tan venenosa, que los indios de esta 
tierra enherbolan con ella sus flechas.» Rosales. «Y el tronco 
del colliguay echado en el fuego, exhala un olor agradable a 
rosa, que no lastima la cabeza.» Molina. «Lo mimo hace la 
madera del colliguat/, pero su fragancia luego se disipa.» Oli- 
vares. 

Zerolo registra la forma coliguayo; Lenz quiere que se diga 
colihuai, porque tal es, según dice, la pronunciación que ha 
oído entre el pueblo. Preferimos atenernos a los testimonios 
de los autores que escriben colliguay. 

Voz de procedencia araucana, aunque no registrada en los 
diccionarios de esa lengua. 

«Puede admitirse en el Diccionario.» Román. 

Congenia, f. (Seperomia inaequahfolia). 

Hierba glabra, ascendente, de la familia de las Piperáceas 
y originaria del Perú; con hojas verticuladas, pecioladas, en 
teras, algo pestañosas en la punta; las inferiores obovadas y 
las superiores espatuladas o líneo-espatuladas; flores en espi- 
gas terminales. 

«La congona, que es una yerba que mascada huele mucho 
y se parece a la verdolaga.» Rosales. 

Planta de origen peruano, de muy frecuente cultivo en Chi 
le, sobre todo entre la gente del pueblo. 

Lenz, n. 225. 

Copihue. m. [Lapageria rosca). 

La flor verdaderamente nacional de Chile y que al decla- 
rarse tal, según de ello se trata al presente, bien pudiera lle- 
var al pie la siguiente inscripción latina de Ruiz y Pavón: 
«Planta ad hortorum ornamentum insigni pulchritudine sua 
comendatur,» y que en idioma araucano se llama copiu, como 
aparece en los diccionarios de esa lengua, aunque no aplicada 
a la flor propiamente tal. Así escribía todavía Molina, acen- 
tuando el vocablo: «De esta clase [arbustos sarmentosos) es el 
copiú, el cual lleva una flor de tres pulgadas de largo, com- 
puesta de seis pétalos, y cuyo color es un bellísimo carmesí 
manchado interiormente de blanco.» «La forma copihue, ob- 



I>K I, OS REINOS ANIMAL Y VK.IKTAI, 37 



serva Lenz, (n. 232) es el singular analógico sacado de copi 
hues, que es el plural normal de copiu...» 

«La voz copihue debe, pues, ingresar en el Diccionario ofi 
cial.» Román. 

Coquito, m 

El fruto de la palmera chilena, de que hablaba ya el 
P. Acostar «Estos cocos que digo serán del tamaño de un me 
loncete pequeño; otros hay que llaman coquillos y es mejor 
fruta y la hay en Chile; son algo menores que nueces, pero 
más redondos.» Tomo I, p. 250, ed. de Madrid, 1790, 8.° 

De ellos hace también mención el cronista Antonio de He- 
rrera y el P. Ovalle los describe así: "... la mesma naturaleza 
parece que da a antender su preciosidad en la variedad de 
cubiertas con que los envolvió, porque, lo primero, rodeó 
la carne de dentro con un hueso más duro que el de la almen- 
dra y la nuez; luego le puso una gruesa tela o capa tejida 
como de estambre, de color verde y amarillo, y tan fuerte, que 
aun cuando está fresca, se rompe difícilmente, y el coco que 
no le despidió a su tiempo, es mas fácil quebrarle que des- 
nudarle de ella. Oíanse pegados a un racimo, que tendrá más 
de mil, y éste se engendra dentro de una como concha cerra- 
da, que va creciendo juntamente con el racimo, hasta que 
llegando ya éste a sazón, engruesa de manera, que no ca- 
biendo dentro de su claustro, la hace reventar y rompe en 
dos partes, que quedan como dos bancos, cada uno de más de 
una vara de largo y dos palmos de diámetro por lo más ancho, 
y el racimo todo amarillo, que es muy de ver, queda colgando 
hasta que, sazonándose la fruta, se viene al suelo...» 

El Diccionario trae esta voz coquito como sinónima de cu 
culi, pero haría bien, me parece, en consultar también la 
acepción que le corresponde en Chile. 

Corecore. m. [Geranium rotundifolium). 

Planta citada ya por Marino de Lobera con sólo el nombre 
de cori, y a la que probablemente aludía Rosales al decir que 
las raíces de coro eran excelente remedio para el pasmo, y así, 
con alteraciones más o menos variadas, aparece en otros escri- 



38 VOCES CHILKNAS 



tores. Es hierba usada en la medicina casera y muy abun- 
dante en todo Chile, con flores pedunculadas dos a dos, muy 
pequeñas, que se acercan al color de rosa; cáliz velludo, con 
sépalos terminales espinudos; pétalos enteros, obtusos; carpe- 
los peludos, y con hojas radicales redondeadas, divididas en 
siete lóbulos. Florece durante gran parte del verano. 
Lenz opina que su etimología debe ser araucana. 

Coronta, f. 

Corazón de la mazorca del maíz ya desgranado. Voz usada 
también en el Perú (Arona y Palma), de donde procede: en 
quichua Ic'oronta. Así se llamaba en Chile por lo menos desde 
mediados del siglo XVIII. en cuya forma la trae Febrés al 
traducir el equivalente castellano maslo, anticuado hoy, según 
el léxico. 

Observa Román la confusión que en éste se nota respecto 
de las definiciones de los provincialismos españoles carozo, 
¡/aro jo y tuza, que responden a la forma castellana zuro, y 
continúa así: «Comparando el número de personas que usan 
cada una de estas voces con el de los que usan a coronta, que 
son varias repúblicas de Sud-América, y considerando que 
esta voz es mucho mas antigua, comoquiera que de América 
pasó el maíz a Europa, creemos que la Academia no debe ya 
vacilar un momento sino apresurarse a recogerla para la 
próxima edición del Diccionario.» 

Corontillo. m. [Escallonia iUinita). 

i Planta del género de las saxifragáceas, del género escallonia. 
Se llama iUinita, por la resina de que aparece como untada... 
El nombre de corontillo es porque su flor, en forma cilíii 
drica y áspera, semeja una coronta. Es [llanta medicinal para 
enfermedades del hígado y su nombre debe figurar en el Dic- 
cionario.» Román, I. p. 531. 

Arbusto de uno a dos metros de altura, de la familia de 
las >;ixifragáceas, pelado, resinoso, rauy oloroso; hojas rígi- 
das, barnizadas en la cara superior o en ambas, glanduloso 
punteadas por debajo, oblongas, trasaovado oblongas o trasao- 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 39 

vado-lanceoladas, almeuado-dentadas, de .'í a 5 centímetros 
de largo; capsula lampiña, trasovoide-turbinado. 

Cortadora, f. 

Yerba que se cría en lugares húmedos, con hojas largas y 
angostas, de bordes ásperos y cortantes. Las hay de vaiias 
especies en Chile, pero la más frecuente es la que nuestro 
pueblo llama cortadera y cuyos tallos, desmenuzados en tiras 
angostas, aprovecha para torcer y fabricar cuerdas'y sombre- 
ros. Román la ha consignado bajo el nombre vulgar, si bien 
correctamente escrito debe ser cortadora, en cuya forma la 
empleó Pedro de Oña eu su Arauco domado (canto IV) en un 
pasaje doblemente curioso porque habla de las demás hierbas 
similares que los españoles encontraron al desembarcar en la 
isla de Quinquina: 

Quién el desierto albergue trastornando 

En término más breve que de un hora 
Cartrado vuelve y crespo de totora 
Do están las camaradas aguardando; 
Quién con la verde juncia minorando; 
Quién ron la paja seca cortadora; 
Quién por allá cubierto de carrizo. 
M:is erizado asoma que un erizo. 

Y en nota puesta a esa voz cortadora, agrega: «Especie de 
paja como cuchillos.» 

Enredadera voluble, de la familia de las Liliáceas, con ho- 
jas alternas aovadas, acuminadas, coriáceas, cortamente pe 
doladas; ñores rosadas o rojas, acampanadas; fruto, baya ama- 
rillo. 

«Parece, añade Román, que no hay en castellano otras vo 
ees propias (citando la juncia y la chufa y el papiro) para deno 
minar estas especies chilenas...: en vista de esto, debe admi 
tirse en el Diccionario nuestra cortadera», o cortadora, digo yo. 

Coscoroba, f. [Cycnus coscoroba). 

Especie de cisne así llamado, que se distingue del que ha- 
bita en las provincias centrales de Chile en que tiene el cuello 
más corto y todo blanco: es también más pequeño. Vive en 



40 VOCES CHILENAS 



las regiones del sur y abunda en esa misma latitud de la Ar- 
gentina. «El nombre vulgar con el cual debe entrar en el 
Diccionario» es onomatopéyico. Román, I, p. 533 

Corvinilla. f. [Corvina trispinosa). 

Dase el nombre de corvinilla en Chile, ya al pez indicado 
con aquella designación científica, ya a otras dos especies del 
género Umbrina. Con el más generalmente conocido, se re 
presenta un pez de unas quince pulgadas de longitud, de un 
verde blanquizco por cima y plateado por bajo, que, como su 
nombre lo indica, tiene alguna semejanza con la corvina. 

Cuca. f. [Árdea eocoi). 

«Tenemos varias especies de garzas en Chile: la cuca... La 
ave que en Europa se llama garza se parece muchísimo a la 
cuca, pero es más chica.» Philippi, 

La cuca es ave zancuda, de la familia de los ardeidos, con 
ojos rodeados de una piel calva, de tal modo que parecen que 
están situados en el pico mismo, dándole así un aspecto 
muy estúpido. Es más grande que la garza europea, y ceni 
ciento azulada como ésta, con las plumas grandes de las alas 
negras, y en la cabeza con un penacho del mismo color, el cual 
es más largo en el macho. 

Ave que debe su nombre, probablemente, a su graznido 
Regístrala Román. 

Cuchareta, f. (Platalca ajaja). 

Se da este nombre a un ave zancuda, de pico largo, recto, 
muy aplanado horizontalmente y ensanchado en forma de cu- 
chara en el extremo. Pertenece a la familia de los plataleidos, 
y es de color generalmente rosado, con la cabeza, el cuello y 
el pecho blancos. Aunque se halla esparcida por las dos Amé 
ricas, sólo de cuando en cuando suele encontrarse algún ejem- 
plar en Chile. 

«Hay eu América y también en Chile, una especie de espá- 
tula de color de rosa o rojo muy subido, llamada planeta en 
el país.» Philippi. Es la misma conocida con el nombre mas 
general de cuchareta, traducción que el pueblo ha hecho en 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 41 



esa forma por serle mucho menos conocida la espátula, a la 
cual se parece bastante el pico de esa ave. 

Planeta procedería de la pequeña plana que usan los alba 
ñiles, a la cual se asemeja también el pico de la cuchareta. 

Román, I, p. 534. 

Cuculí, m. 

«Los peruanos y el Diccionario de Zerolo hacen femenino 
este nombre; nosotros lo hacemos masculino.» «Es paloma sil- 
vestre del tamaño de la domestica, aunque más esbelta y 
aristocrática en su corte. Es de color cenizo y alrededor del 
ojo lleva una bellísima órbita azul subido. Como todos los 
nombres onomatopéyicos, en la primera etapa de su formación. 
cuculí imita directamente el canto del ave, sin sílaba de más 
o de menos, de esas que la eufonía o la analogía gramatical 
van añadiendo o cercenando a las palabras de este origen, a 
medida que se labran con el trascurso del tiempo. El canto de 
esta paloma es tan bello y tan rotundo, los golpes de su pecho 
tan acompasados, que es muy solicitada para la jaula, donde 
se cría perfectamente, no obstante lo arisco y soberbio de su 
carácter.» Arona. «Y en esta cita, concluye Román, tiene la 
Academia los datos suficientes para la aceptación de este vo- 
cablo.» 

Calén, m. (P¿ora!ea glandulosa). 

Arbusto de la familia de las Leguminosas, oloroso, las hojas 
y los cálices glandulosos; hojas casi de un decímetro de largo, 
con tres hojuelas lanceoladas, u oval lanceoladas, acuminadas, 
tiernas y de un verde claro; flores en racimos axilares; corola 
blanco-azulada o purpurina. Medicinal. 

«El cuten es un arbusto indígena apreciado como remedio 
casero.» Philippi. «La segunda yerba sea la que llamamos 
albabaquilla y los indios cuten.* Ovalle. <E1 cuten es provecho- 
sísimo para muchos remedios; llaman a esta mata los españo- 
les albabaquilla, por la semejanza que tiene a la albahaca de 
Europa en lo que toca a la forma y a la figura de las hojas, si 
bien muy contraria en el olor y en el eabor y diferente en las 
virtudes.» Rosales, «...porque estaba ¡el valle] sembrado de 



42 VOCES CHILENAS 



espesos arbolitos de culenes, que nosotros llamamos albaha- 
quillas del campo.» Núñez He Pineda, p. 77. «El culén es 
árbol pequeño, sus hojas semejantes a la albahaca.» Olivares. 

Adviértase que nadie en Chile la conoce hoy por el nombre 
de albahaca o albahaquilla, a que aluden aquellos autores. 

Voz de origen araucano,- de la cual ha salido el colectivo 
culenar. 

Lenz, n. 263, que cita también, entre los modernos, a Yicu- 
ña Mackenna, a Barios Arana, a Bello, que usó de esa voz en 
verso, y a Amunátegui. .4/ través del Diccionario, pp. 235 y 
siguientes. Concluye Román: «No hay más remedio que in- 
cluir en el Diccionario su verdadero nombre araucano (culén). 
que es el que le damos en Chile...» Y otro tanto opina respec- 
to a culenar. 

Culpen, m. (Can i* cnlpeu). 

Culpen, «raposa grande», nos dice Febles; de donde su ori 
gen netamente araucano. «Hay muchas y diferentes raposas, 
con diversos nombres; a las muy grandes llaman culpen.» Ro- 
sales. <E1 culpen es una zorra grande, que sólo se distingue 
de la común en la magnitud, en el color, que es más fusco, y 
en la cola, que es larga, derecha y poblada de pelos cortos 
hasta su extremidad, como la del perro común.» Molina. 

Lenz, n. 266; Romáu escribe culpeo, y dice respecto de esta 
voz que «debe pasar al Diccionario.» 

Concuna. 

«Sus larvas ¡de las mariposas] llamadas orugas y en Chile 
cuncuna. Philippi. Es voz netamente araucana. Febrés: cun- 
cuna, un gusano del todo parecido a los de seda, menos en el 
color y en morder.» Se usa también en la República Argenti- 
na. En Chile se aplica especialmente a la larva de la mariposa 
que se cría en los álamos. 

Lenz, n. 277. Hallase en Salva, que define esta voz: «Gusa- 
no de Chile, parecido a los de seda.» 

Román cree que corresponde en todo a la oruga castellana, 
si bien agrega que «será difícil desterrar de Chile el popular 
nombre de cuncuna, que es usado por toda clase de personas, 



I>K LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL. 4.'1 



mientias que el de oruga solo es conocido de las personas muy 
instruidas.» Pero añadiremos más: la oruga es cualquiera 
larva en forma de gusano, al paso que la cuncuna es la que 
esta cubierta de pelos, a modo de ortigas, como ya lo advirtió 
Febrés. Es, por tanto, una clase especial, aquella que hace 
daño al tocarla. 

Curagua, f. 
Bien que para esta operación ¡de tostar el maíz pretieren 
otra especie que llaman curagua, que aunque mucho menor 
en todas sus partes, se hincha de tal modo en el baño de are- 
na, que adquiere un volumen mucho mayor que los otros, y 
da una harina mas ligera y mas blanca... > Molina. 

A este fin [de hacer harina] destinan la especie de maíz 
que llaman curagua, la cual aunque en todas sus paites sea mas 
pequeña, con el reventar que hace con el calor de la arena, ad- 
quiere un volumen dos veces mas grande que el otro, y rinde 
una harina mas blanca y mas ligera y muy de gusto de las 
personas del mas delicado paladar...» Gómez de Vidaurre. 

Zerolo aplica esta voz a cierta «especie de maíz del Brasil.» 

Llámase en Chile curagüilla al sorgo, de cuyas panículas se 
hacen generalmente las escobas. 

Según Lenz, n. 285, la etimología araucana de curagua [que 
escribe curahua) vendría de cura, piedra, y de hua, maíz, es 
decir, maíz (duro como) piedra.» 

('uragua debe admitirse, observa Romáu, ya que designa 
una cosa que no tiene otro nombre en castellano.» 

Cururo. m. (Poephagomys ater). 

Ratón del campo, de un color negro uniforme y brillante, 
que vive en cuevas que fabrica en los cerros con muchas ra- 
mificaciones, haciendo en ocasiones el trafico peligroso para 
las caballerías. 

Lenz, (n. 295) cree que la voz procede del araucano y que 
será onomatopéyiea. 



44 VOCES CHILENAS 



Cuy. m. (Cana Cobaya). 

<< >tro género hay de conejitos..., pero son domésticos y se 
llaman cuyes, que son también muy regalados y de mejor 
vista, porque son de varios colores y manchas...» Ovalle. 
«Discurren por el campo ciertos conejitos llamados cuyes, 
blancos y pardos y otros negros y blancos...» Rosales. Molina, 
que describe a este roedor con el nombre de lepus minimus, 
advertía que en su tiempo se aplicaba en América el nombre 
de cuy a varias especies de animales pequeños, «semejantes a 
los conejos, que son, nor lo general, del género de la cavia > . 
Consignan esta voz Alcedo los lexicógrafos peruanos y La- 
fone en la Argentina. Tráela también Zerolo. En Chile, Car- 
vallo, Rodríguez, Gay, Philippi, Lenz y Román, de quien son 
las palabras que siguen: «En toda la América del Sur es cono- 
ciilo con el nombre quichua cui, que ya debe escribirse a la 
castellana, cuy. e incluirse en el Diccionario, porque no es 
propio que en España sigan diciendo, como en tiempo de la 
conquista, conejillo (o cochinillo de Indias...). El plural caste- 
llano, como se ve, no puede ser otro que cuyes: el femenino, 
que entre la gente educada es invariable, porque el nombre 
es epiceno, tiende entre el pueblo a la forma cuya. ..y 

Ch 

Chacay, m. {Discaria trinervis). 

Arbusto pelado, de la familia de las Ramnáceas, con las ra- 
mas algo colgantes, desprovistas de espinas o a veces termina- 
das en espinas; hojas elípiticas o lanceolado-oblongas, obtusas, 
cortamente mucronuladas. de uno a dos centímetros de largo; 
flores solitarias o temadas; por fruto, tres coquillos. 

Voz de origen araucano, que Fcbrés traduce: «un árbol 
conocido». Con el plural chacayes se conocen en Chile una 
hacienda de campo y un riachuelo, denominados, sin duda, 
así por abundar en sus vecindades esta planta. 

Román cree que el chacay parece ser la aladierna castella- 
na; pero no es posible olvidar que se trata en este caso de una 
planta chilena, conocida y designada por ¡os indígenas con un 
nombre característico. 

Lenz, n. 306. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 4."i 



Chagnal. m. [Puya eoarctata). 

«Bromeliácea grande con troneos escamosos y flores verdo- 
sas, muy frecuente en los cerros del centro». Lenz, n. 316. 
El tronco se llama especialmente cardón y por sus fibras se 
parece al corcho, al que suple en ocasiones. En el Perú y la 
Argentina se conoce con la ligera variante de chaguar, que es 
la forma que le corresponde en la lengua quichua, de que pro- 
cede. Y así también trae esta voz Zerolo. 

Chamico, m {Datura stramonium). 

«El chamico, planta narcótica usada en la medicina, cuyo 
origen es problemático.» Philippi. Conocida con tal nombre 
en México, Cuba, Perú y Argentina, y en Chile por lo menos 
desde mediados del siglo XVII, pues la menciona Rosales. 
«El chamico, puesta la semilla en las muelas dañadas y cuando 
se enchamican, que es una enfermedad que azonza a uno dán- 
dole el chamico, se quita con moler porotos crudos...» Es ele 
procedencia quichua, en cuya lengua se llama chamimeu o 
chamicu. 

Lenz, n. 336. 

(Iiampa. f. 

Román dio ya a conocer los equivalentes castellanos de esta 
voz, que son, raigambre, barbas, césped, cepellón, tepe, que 
aquí son del todo desusadas y se reemplazan por champa, que 
viene del quichua ch'ampa: el césped con tierra. Se usa tal 
vocablo en el Perú, en el Ecuador y Argentina. 

C'hanchito. m. [Oniscus). 

Dópodo, de color plomizo, que vive en la tierra y que al 
ser tocado se envuelve, formando una bola. Tendrá un cen- 
tímetro de largo. Es difícil atinar con la etimología que le 
corresponda; tal vez, diminutivo de chancho, como se llama eu 
Chile al puerco. Lenz cita los testimonios de los Padres Febrés 
y Havestadt, que escriben respectivamente, chanchu y chancu 
como términos castellanos usados en Chile a mediados del si- 
glo XVIII. 

También se da este nombre en Chile a cierta avecilla pare- 



4Ü VOCKS CHILENAS 



cida a la rar r i (véase esta voz), descrita por los naturalistas con 
la designación de Chhrospiza fruticeti. 

Chañar, ra. [Gourliea decorticans). 

«En la misma provincia se dan los árboles que llaman cha- 
ñar; dan una fruta como ciruelas zaragocíes con un hueso 
dentro como hueso de aceituna; la carne es algo dulce, al modo 
de azufaifa; el árbol se da en los montes secos y es del tamaño 
y hechura del olivo y se le parece en las hojas; es espinoso 
como el cidro y su cascara es amarilla. >¡ Rosales. 

«Los habitantes del país conocen las lúcumas silvestres bajo 
los nombres de bellota, queule y chañar...». 

El chañar arroja un tronco de treinta pies de alto, poblad" 
de ramas espinosas y de hojas casi ovales y sin pezoncillo, sus 
frutas son redondas como las del queule, mantecosas y de muy 
buen sabor...» Molina. 

El nombre Chañar aparece ya en los documentos de la épo- 
ca de la conquista, pues en una información de testigos levan- 
tada en 1557 se menciona varias veces el lugar de ese nombre. 
situado no lejos de Copiapó. Medina, Documentos inéditos-. 
¡. XXVIII, p. 121 y 124. Aun permanece su nombre, y cara 
biado también en Chañara! y en su diminutivo ChañarciUo. 

Lenz, n. 348. 

Chaura. f. (Gautthcria crespitosa). 

Arbusto de las ericáceas, con frutos comestibles, parecidos 
a la murta. «La provincia se llamó C'hauracaguín, por nacer 
allí muchas matas llamadas chaura.» Rosales. Hay otra espe- 
cie que no se come, y es la que Febrés y Hernández definen 
respectivamente: 'Chaura, una murta que no se come.» 
«■Chaura, mata rosada que da murtilla, pero no comestible.) 

Lenz, n. 370. 

Chépica. f. (Paspahts raginatus). 

«La chépica es una yerba pequeña, sus hojas al modo de 
las de la zanahoria.» Rosales, «...grama, aquí chépica.» Oli- 
vares. En araucauo, de cuyo idioma procede, se llama ched- 

pica. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VF.iiETAL 



Leuz, n. 376, y Sup. II, donde observa con razón que «el 
sustantivo ehépica se usa generalmente como colectivo, y raía 
vez en plural 

Derivado: chepicaJ: y compuesto deschepiear. Véase este 
ejemplo de aquel derivado: Encontrarás una aguada que 
tiene un chepical muy grande.!; Jotabeche. 

Cualquiera que sea el nombre castellano de esta maleza, el 
de ehépica es tan generalizado en Chile, que no es posible 
omitirlo. 

Chequén. m. [Eugenia cheguen). 

Arbusto de las mirtáceas, cuyas hojas son eliticas, atenua- 
das en los extremos, de un mismo color por ambos lados y 
puntadas en el inferior. Se extrae de ellas una droga que se 
halla en el comercio y es conocida científicamente con el nom- 
bre de chequentina. 

Febrés define: «chequeñ, un arrayan blanco»; ya había di- 
cho antes el P. Valdivia, que tal voz araucana era cierta espe- 
cie de arrayán. 

Lenz, n. oT x 

Chercán, na. f. [Troglodytes platensis 

Esta diminuta avecilla, de movimientos sumamente gracio- 
sos y de canto por extremo alegre, que frecuenta especial- 
mente las enredaderas de las casas de uuestros campos, deriva 
su nombre del araucano chedeañ. Aproximándose a esta for- 
ma, el P. Rosales dice: «...los ruiseñores, que aquí llaman 
chedean...* La generalmente usada hoy es chercán. 

Este pajarillo. incluido en la familia de los troglodítidos, es 
uno de los más pequeños de Chile, pues su longitud no pasa 
de 9 centímetros; tiene el plumaje muy tupido y blando, de 
un color rojo castaño en el dorso y claro debajo, con rayas 
trasversales negruzcas. Su vuelo es corto y está en continuo 
movimiento; saltando de acá para allá, lleva casi siempre la 
cola levantada; prefiere a los bosques, los parajes cubiertos de 
matorrales, y casi no hay ninguno como él que viva tan cerca 
del hombre, hastü penetrar confiadamente en las casas. Es in- 
sectívoro y uno de los principales bienhechores de la agricul 



4H VOCES CHILENAS 



tura, porque destruye prodigiosas cantidades de insectos, ara- 
ñas y otros animalillos nocivos. 

Lenz, n. 380. «La hembra se llama chercana,* advierte Ro- 
mán. «Ambos nombres deben entrar en el Diccionario». 

Chuca, f. (Baceharis). 

«Tenemos en Chile muchas especies del género, notable 
por ser dioico, todas arbustos y subarbustos, conocidas con los 
nombres de... chuca, ehüquilla, etc> Philippi. «La chilca es 
una yerba muy conocida, de una vara de alto y muy melosa.) 
Rosales. «La hierba o mata que llaman chillca, calentada en 
una cazuela de barro, hace maravillosos efectos en las coyun- 
turas donde ha entrado frío...» Inca Garcilaso. Tráela también 
el P. Velasco, en su Historia del Reino de ( L )uito, como lo 
advierte Román, quien añade que «debe entrar en el Diccio 
nario Académico en forma de chilca, que es la única caste- 
llana. » 

«...jamás habría nadie dudado de que la gran cantidad de 
pez que se saca en Coquimbo de la célebre chilca, que es una 
especie de couicia u orégano, no fuese una resina destilada de 
algún arbolillo.» Molina. 

Su etimología, tanto puede ser araucana, como quichua o 
aimará, pues en las tres lenguas se registra esta voz. Probable- 
mente, fué introducido su nombre en Chile en tiempo de la 
conquista incásica. 

Lenz, n. 390. 

Derivado: chilcal, paraje abundante de chucas. 

Chilco. ui. (Fuchsia magellanicá). 

Arbusto lampiño, de la familia de las Anagráceas, de re- 
nuevos rojos; corteza amarilleuto-cenicienta, que se despren- 
de fácilmente en placas; hojas pecioladas, ovaladas u oval- 
lanceoladas, acuminadas, denticuladas; flores colgantes con 
el cáliz rojo y la corola violácea; fruto, una baya roja, comes- 
tible. 

«Semejante al granado es el chilco en las hojas y en la esta- 
tura, y para el mal de orina es la mexor mediciua que se 
halla...» Rosales. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 4'.' 

Lenz (u. 391) cree que ha debido existir una voz semejante 
en araucano, y en efecto, en el Diccionario de Hernández está 
en la forma chuleo, tomada de Febrés, quien la anota como 
«hierba fresca medicinal y sirve [a los indios] para teñir sus 
mantas.» «Es muy común en la mayor parte de Chile el thilco 
o chuco de los campesinos. > Philippi. Y aquella primera forma 
sería la netamente indígena. 

Después de esto, observa Román, no queda sino pedir a la 
Academia que incluya en su Diccionario la voz chilco (fucsia 
silvestre), con que se conoce en todo Chile una de las ¡llantas 
y flores más hermosas de nuestra flora de costa, lo cual hizo 
que algunos la llamaran jazmín del Papa, como puede verse 
en Gav 

Chilla, f. [Canis Azarae). 

«En Chile hay dos especies de zorras, la zorra pequeña o 
chilla, y la grande o culpeo.» Philippi. Hay muchas y dife- 
rentes raposas, con diversos nombres; a las muy grandes lla- 
man culpen...; a las pequeñas, chilla.» Rosales. La chilla o 
zorra montaraz.» Molina. Es voz araucana. 

Lenz, n. 398. «El nombre chilla es general en Chile y debe 
entrar en el Diccionario,» dice Román. 

Chincol. a. (Fringilla matutina). 

Pajarillo que frecuenta los poblados, de cantar agradable, 
parecido al gorrión europeo, muy común y conocido en Chile. 

Lenz (n. 406) cree que debe de ser voz araucana, aunque no 
se halle en los diccionarios, por cuanto existe entre nosotros 
el lugar llamado Chincolco: agua del chincol. «La hembra se 
llama chineóla.» Román. 

Advertiré, con todo, que los araucanos llaman a esta aveci- 
lla pueldiuha. 

Ghinchimén. m. (Lutra felina). 

«... el ehinehimén o chungungo, gato de mar...» Philippi. 
«El ehinehimén es un animalejo que tendrá 20 pulgadas de 
largo, midiéndolo desde la punta del hocico hasta el origen 



50 VOCES CHILENAS 



de la cola. Diéronle los españoles el nombre de gato marino > 
Molina. 

Es voz araucana, que se halla en Febrés. 

Lenz, n. 410, y Román, II, 38. 

Chingue, m. [Mephitis chilensis). 

«El chingue... todas las especies son negras, rayadas de 
blanco, y tienen en las manos uñas fuertes y cavadoras.» Phi- 
lippi. «Además de estas diferencias de vulpejas, se halla aquí 
otra muy notable; llamase chinigue... Es pequeña, de negro y 
blanco, con velloso cuerpo y dilatada de cola; hace su alber- 
gue en las cavernas de los riscos; si alguna vez la encuentran 
los perros en la campaña y no puede escaparse por sus pies, 
viéndose ya en el último riesgo de la vida, los rocia con ori- 
nes y otra evacuación de humor, tan pestilencial y hediondo, 
que los desalienta e inficiona el aire por muy grande 
trecho al rededor...' Rosales. El chingar... tiene en Chile la 
misma estatura que un gato común, y su color es un color 
azulado, menos sobre la espalda, en la cual tiene una lista de 
manchas redondas y blancas, que se extienden desde la frente 
basta la cola...» Molina. «El chingue es una zorra pequeña 
taraceada de Illanco y negro con hermosa proporción; se de- 
fiende de los que intentan cogerlo con la inmundicia de su 
orín, que es en extremo fétido.» Olivares. 

Es voz araucana, que castellanizada parece de una sola ter- 
minación, por más que alguien haya escrito chinga, por la 
hembra del chingue. 

Lenz, n. 410 Román cree que el nombre castellano de nues- 
tro chingue, moefta, viene del italiano; la última edición del 
Diccionario la deriva del neerlandés muf, pero, puesto que se 
trata de una voz de procedencia de la América del Sur, única 
región del globo en que habita este mamífero, opino por que 
no se debe prescindir del nombre que aquí se le da, derivado 
del araucano chinghe, que registra Febrés. Los cronistas es- 
pañoles que primeramente describieron este auimalejo no le 
señalaron ninguno. 



DI LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 51 



Chinita. f. (Coccinella). 

Pequeño coleóptero del género indicado, «que en Chile se 
llaman chinitas.i Phiiippi. 

Lenz, d. 405, sexta acepción, en la cual la traen también 
Zerolo y Román. 

«La chinita (( i), con toda su pequenez causa 

grandes destrozos entre los pulgones, y no hay. nadie quien 
uo aprecie sus asiduos cuidados eu la policía de los vegetales, 
impidiendo que esos huéspedes nocivos tomen un incremento 
poco conveniente. Medina, Los imeci enemigos en I 
en la revista Su4-América, Santiago. 1873, p 707 

Chirguatera. f. 

Sinónimo de n ■ Véase esta voz. 

Chirihue. m. [Grithag 

Avecilla que se encuentra en grandes bandadas en ciertas 
épocas del año en los terrenos cultivados, común en todo el 
país, cuyo nombre, sin duda de origen araucano proviene del 
grito peculiar que tiene. ^Por encima es de color aceituna obs- 
curo y las plumas mareadas de una raya morena eu medio; 
los escapularios, las alas y remigias de un negro obscuro, bor- 
deados ampliamente de ceniciento oliváceo: el ovi-i 
verdoso; la garganta, el pecho, el abdomen y las cubierta- in- 
feriores de la cola son amarillos; pico y patas brunos. Gay. 

Lenz, n. 431. Romáu quiere que se escriba ehirigüe, para 
uniformarlo con la terminación femenina 

Choclo, ni 

«... cada caña de maíz c¡ dinariamente tres o cuatro 

mazorcas, o como en dicho reino dicen, choclos, bien grandes 
y perfectamente granados ¿Qué harían ellos, cuandos los 
veían... sin tener un trapo con que cubrir sus carnes, ni un 
pedazo de pan. ni aun tal vez un choclo de maíz para matar 
su hambre?» Ovalle. 

Lenz, n. 43i>. Román, después de advertir que el Dicciona- 
rio ha admitido el equivalente mexicano elote, con más razón 



52 V0CE8 CHILENAS 



debió liacerlo respecto de choclo, dice, «que se usa en más na- 
ciones y tiene en su favor más respetables autoridades.» 

Voz corriente en Colombia, Ecuador, Perú y Argentina, de 
que ya lian hablado los lexicógrafos de esos países. Tráenla 
también Salva y Zerolo. Viene del quichua y aimará. 

(hoco. ca. 

«Especie de perros, chicos de cuerpo, de lana crespa y 
abundante, muy nadadores y aficionados al agua, de la cual 
afición les viene, sin duda, el nombre de perros ele agua, cod 
que en España se conocen.» Z. Rodríguez. Con el mismo nom- 
bre de chocos se designan también estos perros en la Argenti- 
na y en el Perú (Lafone y Arona). Respecto a la etimología 
de esta voz, al paso que Lenz opina que se «trata de varias 
palabras que se han confundido y contaminando* y que el 
elemento fundamental es el castellano zoco, nota que en qui- 
chua existe la voz ch'acn, que Middendorf define «perro crespi» 
de aguas», que seguramente es la misma palabra que el perua- 
no y chileno perro choco. Román deriva la etimología de tai 
voz del verbo araucano chocen, «entumirse de frío y agua.» 

Sea como quiera, no podrá negarse que la voz choco, que en 
Chile ha pasado a significar también a la persona de cabello 
corto y ensortijado, sobre todo si por ser roma y arremangada 
de narices y de facciones recogidas, se asemeja a los perros de 
que se trata (Rodríguez), es de uso corriente entre nosotros y 
puede, por tal causa, figurar, al menos, como chilenismo. 

Cholgua. f. [Mytilus chilensis). 

«En las cholguas se crían perlas y algunas de buen crien- 
te.» Córdoba y Figueroa. «También son comunes ei: aquel 
mar las llamadas cholgua...» Molina. Error manifiesto en el 
nombre, pues, sin el uso general, en araucano, de donde pro- 
cede, es choUhna. 

Molusco muy parecido al choro, del cual se distingue por 
su menor tamaño y el color más pálido de su carne. 

Lenz, n. 442, que cita también bajo el número 195 la voz 
eolhue, asimismo de un molusco de concha blanquecina, en 
araucano collhuc, que Febrés traduce «unos choros de cascara 



DE L"S REINOS ANIMAL Y VEGETAL 0> 



blanca.» Y bajo la voz choühua «cascara de choros blancos.» 
Román acepta también ncdUmf: pero, en verdad, basta comp» 
rar las dos definiciones de Febrés para caer en cuenta, al meno- 
tal me parece, que ambas voces significan una misma cosa, y 
en el hecho eso es lo que ocurre. Aplicando lo dicho a cholgua. 
concluiremos con Román: «Como el molusco existe y só 
conoce con este nombre en todo Chile, es tiempo ya de admi 
tirio en el Diccionario.» 

Chonta, f. [Juania austra 

«Las islas de Juan Fernández producen una especie de pal 
ma llamada chonta, cuyo tronco es interiormente cóncavo como 
el de todas las demás palmas, negro y más duro que el ébano.» 
Molina. 

Lenz, n. 447 y Román, quienes notan que la etimología de 
esta voz proviene del quichua chunta. Regístranla también 
Tobar, en el Ecuador y Aroua, en el Perú. Alcedo la descri- 
bió, advirtiendo que esta palma abunda en todos ios bosques 
de América, y los botánicos españoles Ruiz y Pavón la incor- 
poraron, asimismo, en su Flora. Hay. pues, sobradas razones, 
apunta Román, para que esta voz figure en el Diccionario, por 
lo menos como americanismo. 

Choro, m. [Mytilus choras). 

Hay mariscos de los que en nuestras costas se hallan. 
como son erizos, mosellones o almejas, que cada uno es ma- 
yor que diez de los de España, de excelente comida, especial 
mente los mosellones, a que allá llaman choros...» González 
de Nájera. «Es también muy regalado marisco el que llaman 
choros.» Ovalle. Muy abundante es en toda esta costa un ma- 
risco que se llama choro, encerrado entre dos conchas cubier 
tas de una costra negra; por una parte son largas y anchas, y 
por otra rematan en una punta redonda; sírvenles a los indios 
de cucharas y de cuchillos para cortar, donde no alcanzan 
hierro.» Rosales. «... los muchachos y chinas andaban de or 
dinario, por vía de entretenimiento, mariscando y pescando 
con redes y trasmallos, que con gran facilidad sacaban cho 



54 VOCES f'HII.KXAS 



ros ...» Núñez de Pineda, p 329. «El choro tiene cerca de siete 
pulgadas de largo y tres y media de ancho..-.» Molina. 

Lenz, (n. 452), citando a Middendorf, le atribuye una etimo- 
logía quichua, chhuru. «Usada esta voz: por todos los chilenos, 
por los historiadores antiguos y por los naturalistas, tiene ya 
pleno derecho a figurar en el Diccionario.» Román. 

Choro ynaico: llámase así a los muy pequeños que se hallan 
fuera del agua asentados en las peñas, y que, por tal causa, no 
llegan a desarrollarse. De ahí su significado araucano de «im- 
perfecto». 

Choroy. m. [Psittacus rectirostris). 

«En América hay muchas especies de loros, de la cuales tres 
en Chile: el choroy y la catita...» Philippi. «Los papagayos de 
paso son el choroy... ; tiene la parte arriba del cuerpo verde, 
el vientre ceniciento...» Molina. 

Su etimología es araucana: choroy. 

Lenz, (n. 453) que al afirmar que hoy en la regióu central 
de Chile «se dice más bien catita» por el choroy, creemos se 
equivoca, pues ambas voces corresponden a diferentes espe 
cies. Román, II, 51. 

Chucao. m. (Ptcroptochu* rubecuTá). 

Pajarillo de 16 a 17 centímetros, de plumaje bruno rojizo, 
que pasa a ferruginoso en la garganta y en el pecho (de donde 
su designación científica). Prefiere los sitios más obscuros y 
retirados de los bosques. 

En araucano se llama chucán. Es tenido por los indios y 
hasta por los campesinos en Llanquihue como pájaro de bue« 
o mal agüero. Es ave peculiar a Chile. 

Lenz, n. 456. Román, II, 52. 

Hincho, m. [Noetua pumita).* 

Voz que la gente culta pronuncia de ordinario chunche,' pero 
que eu araucano es chuchu, cambiado hoy por los indios en 
chucho, según afirma Cay, y con tal forma es conocida en los 
campos. Es la más pequeña de las lechuzas y tiénesela por de 
mal agüero. De ehuncho proviene el verbo achuncJíttr, que 



DE LOS REINOS \NIMA1. Y VEGETAL 00 



se dice de lo que trae mala sombra, o por avergonzarse, co- 
rrerse. 

Lenz, n. 462. 

El Diccionario de Autoridades definió esta voz «Ave noc- 
turna semejante al mochuelo, > refiriéndose a Covarrubias, que 
«le da la etimología por la figura onomatopeya de la voz 
rhiich>'(.» Fundado en tales antecedentes, Román niega al vo- 
cablo una derivación araucana, suponiendo que los indios lo 
tomaron del castellano; si bien, a nuestro entender, tratándose 
de una voz onomatopéyica, nada se opone a que también la 
tuvieran los araucanos en su lengua. 

Chuchoca, f. 

Luego que el maíz adquiere su madurez, le guardan los 
indios, para sustentarse en el invierno, de dos modos distintos. 
porque, o le dan una ligera cochura, y entonces le llaman 
chuchoca...» Molina. 

«Cuando el maíz se ha puesto duro, lo dejan madurar para 
cosecharlo y susténtase de él en el invierno, en una de dos 
maneras; porque, o le dan un ligero cocimiento al horno, le 
rompen gruesamente, en cuyo estado lo llaman chuchoca, o lo 
dejan entero y crudo.» Gómez de Vidaurre. p. 110. 

Es voz que tanto puede proceder del quichua, como del 
aimará, y aun del araucano, pues Febrés dice: chuchoca 
narquén. Regístrala Zerolo y se halla empleada en muchos 
autores y lexicógrafos americanos, que cita Lenz bajo su nú- 
mero 463. Y. pues, como advierte Román, «aunque el pueblo 
pronuncia aquí, a veces, chichóca y en el Ecuador chuchuca, 
en el Perú y la Argentina, chuchoca, «en esta forma debe en- 
trar en el Diccionario.» 

Chupón, m. (Bromelia sphacelata). 

-<E1 chupón, en nuestras provincias del sur, con frutos co- 
mestibles.* Philippi. 

«...y otras especies muy afines de las bromeliáceas, dan los 
chupones... Los frutos chupones se hallan amontonados en ca- 
bezuelas del porte de un puño de hombre y están ocultos entre 
bracteas anchas y puntiagudas... « Reiche. 



56 VOCES CHII.KNA8 



Su etimología, según Lenz (n. 481), no sería otra que la de 
un derivado castellano de chupar, porque los frutos dulces de 
esa planta se chupan. 

«También se llama chupón (y esto sí que debe admitirse), 
una ¡llanta chilena... «yerba grande, cespitosa, con hojas linea 
les, rnuy espinosas en su borde; espigas de flores sésiles muy 
cortas, escondidas entre las hojas, multifloras, con las brácteas 
color castafio, corolas rosadas; bayas muy sabrosas. Común 
en las provincias del Sur.» Philippi. Baya o fruto de esta 
planta, que se come chupándolo; de donde le ha venido el 
nombre.» Román. 

Churrín. m. [Seytalopus obscurus). 

Churín, escribe Philippi, pero debe ser churrín. Avecilla 
que habita desde Magallanes hasta las provincias centrales, y 
que se eleva a bastante altura en la cordillera. Es una especie 
de chercán. Véase esta voz. Su nombre es también onomato- 
péyico. 

Es el pajarillo teroptóquido más pequeño que hay en Chile, 
pues no pasa su longitud de 10 centímetros. Como lo indica 
su nombre específico obscurus, su plumaje es negro lustroso, 
con reflejos metálicos azulados. Habita los parajes húmedos, 
en las vecindades de los bosques, y se mantiene de insectos 
que busca en las plantas. 

Lenz, n. 484. 



Dnudá. f. [Flaveria contrayerba). 

«Planta anual, de treinta o sesenta centímetros de alto, en- 
teramente lampina, con hojas opuestas, lanceoladas, triner- 
vias; cabezuelas reunidas en pequeños corimbos compactos 
de tres a cinco florecillas tubulosas, amarillas; involucro de' 
tres a cuatro hojuelas. Bastante común en Chile, "sirve. princi- 
palmente para teñir de amarillo. En medicina se la usa como 
un ligero estimulante en los casos de digestiones perezosas, y 
como emenagoga.» Philippi. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 01 



Proviene del araucano daldal, en cuya forma la empleó ya 
el P. Rosales. 

Lenz, n. 494, y Román, que advierte que se parece a la es- 
pañola contrahierba y al eupatorio. 

Dengue, m. [Mirabiiis jalapa). 

Planta que se cultiva en los jardines,}' da comunmente times 
rojas y con las cuales refregándolas en las mejillas se pintan 
las campesinas; de sus semillas, sacadas la corteza, hacen tam- 
bién un aceite de color blanco: ¡útilísima, como se ve, para el 
tocador barato...! 

Descríbela Gay: «Planta herbácea, vivaz, con tallo de como 
dos pies de alto, nodoso, ramoso, erguido, glabro o muy vello- 
so. Hojas opuestas, pecioladas, ovaladas, acuminadas, a veces 
algo carnosas, obtusas por la base o subcordiformes, muy 
agudas en la punta, enteras, glabras o apenas pestañosas en 
sus contornos, de una a cuatro pulgadas de largo, sin incluir 
el pecíolo, que mide seis a doce líneas. Flores cortamente pe- 
dunculadas, reunidas de tres a seis en fascículos terminales. 
Perigonio tubuloso-campanulado, de como una pulgada de 
largo, purpúreo, amarillo o blanco sin olor.» Flor de esta plan- 
ta, añade Román. 

Debe proceder de la misma voz castellana dengue, aplicada 
a la flor, y de ahí a la planta, por la facilidad con que se mar 
chita. 

Dicha, f. [Sol ira sessilis). 

Llevan el nombre de dicha varias yerbas con hojas y frutos 
espiuosos. Philippi describe así la especie que apuntamos: 
«Planta anual muy pequeña, con hojas pinatífidas, lóbulos tria- 
quinquelobados, lacinias lineares, con cabezuelas axilares 
sésiles. Muy común en Chile. Es singular porque su estilo es 
persistente y se vuelve leñoso y punzante. No tiene vilano.» 
Hizo ya de ella mención Rosales: «Otra yerba llamada dicha- 
¡ahiten (por yeiro de imprenta ¡aquén) es buena para estancar 
las cámaras de sangre, cocidas sus raíces en agua». 

Procede el nombre del araucano dichón o düchon, ensartar 
orno con lanza, y de ahí ducho, achupalla, según Febré?. 



58 V<K'ES CHILENAS 



Lenz, n. 501, que registra también el diminutivo' cuchi- 
llo, aplicarlo a varias umbelíferas con hojas o fiutos punzan- 
tes. Román cree que el nombre puede ya figurar en el Dic- 
cionario, así como también dichillo. 

■ 
IMliueñe. m. 

Del araucano dihueñ, bongo parásito de los robles, en cuya 
acepción es de uso general en Chile. Es, propiamente, el hon- 
go que se cría en aquellos árboles, que es comestible y de que 
los indios fabrican también cierta especie de chicha. 

«El roble, dice Rosales, es árbol alto, copado, que lleva una 
fruta que llaman dignen, de el tamaño de un puño, sin hueso 
ninguno, toda ella esponjada y los poros llenos de un licor 
dulce como almíbar, con que la fruta parece un buñuelo na- 
tural; su color es entre blanco y amaiillo.» «Sobre sus ramas 
tiernas [las del roble] se forman ciertas excrecencias, que lla- 
man dihueñes, blanco-rojas, al principio todas lisas, y después 
forman hojas amarillas cuasi redondas, en cuyo estado es co- 
mún encontrar dentro un gusano. Estos dihueñes llegan a 
tener más de una pulgada de diámetro, son dulces y delica- 
dos... y los comen con delicia los campesinos. Tienen tantos 
en una rama que cuasi forman un racimo.» Gómez de Vi 
daurre. 

Lenz, n. 50.'5, y Román, II, p. 148. 

Adviértase que el hongo que nace en los colihues es tam 
bien comestible, pero que en araucano se llama changle. 

Diuca, f. (Friiigilla diuca). 

«La diuca canta con grande armonía al primer albor del 
día...» Córdoba y Figueroa. «...la diuca, su canto es delicio- 
so, especialmente al amanecer, viviendo alrededor de las 
casas, al modo que los gorriones, cuyas propiedades tiene.» 
Molina. «La diuca, ave de color celeste, poco mayor que un 
jilguero, cauta al comenzar el día...» Olivares. Hallase asi- 
mismo en Alcedo, y don Andrés Bello la incorporó al lengua- 
je poético en su Oda al 18 «le Septiembre. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VI'. > i\l. 



59 



¡Día felral cuando asomó la aurora 

sol. re la agigantada 
cabeza de loa Andes, y la diuca 

te cantn la alborada. 

Voz de procedencia araucana, que en su aumentativo cas 
tellauo diucón se aplica también a un pajarillo que se parece 
mucho a la diuca y es un poco más grande (Taenioptera py- 

rope). 

Lenz, n. 506, y Román, que trascribe íntegra la descripción 
de esta avecilla que trae Gay; «para que la Academia, 
dice, se forme idea cabal de este pajarillo y admita su nom- 
bre en el Diccionario» bastará con bosquejar aquí: de color 
gris apizarrado, barba y garganta blancas, con una lista lon- 
gitudinal del mismo color por medio del vientre basta las cu- 
biertas inferiores de la cola, llameadas de bermejo. Mide siete 
pulgadas. 

Doca. f. [Mesembrianthemum chítense) 

Planta de la familia de las aizoaceas, que crece en los are 
nales de la costa desde Coquimbo basta Valdivia, y cuyos fru- 
tos son comestibles, aunque uu tanto purgantes; tienen gusto 
a grosellas. 

Lenz, n. 507, considera esta voz de etimología a todas 
luces araucana. Román cree que bien puede ser galleg". la 
dioica de Cuveiro. Véase doka en el Diccionario del P. Au- 
gusta. 

Dormilón, m. [Muscisaxicoila mador i ana). 

Nombre de una avecilla muy abundante en Chile, y cuya 
área de habitación se extiende desde Magallanes hasta el Perú. 
Se la halla también en las Islas Malvinas. Derívase, probable- 
mente, su nombre vulgar de la actitud tranquila en que suele 
perrnauecer por algún tiempo cuando se la observa. 

Este pajarillo chileno pertenece a la familia de los Tiráni- 
dos; su cuerpo, de cerca de 17 centímetros de largo, es de co- 
lor ceniciento bruno; tiene el pico relativamente delgado y un 
poco más corto que la cabeza, la cola larga, que mantiene en 
continuo movimiento, y laa alas con la primera y segunda re 



60 vocks i mi esas 



migias mucho mas prolongadas que las otras. Se le encuentra 
en I03 sitios húmedos, y fabrica su nido entre las hierbas 
altas. 



Enredadera del suspiro 

Parece ser la que el Diccionario llama de campanillas. Flor 
de la misma planta: acepciones ambas que podríau conside- 
rarse como chilenismos. 

Estaquillo, m. [Malacochaete riparia). 

Planta de la familia de las ciperáceas, cou el tallo triangu- 
lar y cortante, que crece en lugares húmedos; diminutivo del 
mimbre de la similar española conocida con el nombre de 
estoque. 

Román, II, p. 315 



Fíofío. m. [Elainea albiceps). 

Nombre de un pajarillo bastante abundante en Chiie, que 
debe su desiguación a su canto triste y agudo, en que parece 
repetir las sílabas fío, fio. Pertenece a la familia de los Tira 
nidos; es de tamaño de 13 a 15 centímetros; su plumaje es 
verde oliváceo, que tira a ceniciento en el dorso y al gris blan- 
quizco en el vientre; y su nota distintiva consiste en una cres- 
ta de color blanco detrás de la cabeza, de donde su designa 
cióu de albiceps. Vive de insectos y habita casi toda la América 
Meridional, con excepción de Colombia. 

Lenz, n. 516, y Román, que transcribe un hermoso e 
inspirado artículo publicado en una revista acerca de la vida 
de este pajarillo, que se cree ha dado su nombre al famoso 
río Biobío. 

Véase viudita. 

Flor del Caracol. 

«También se encuentran allí... la Hor de el caracol... » Mo- 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 61 



lina. Es uua enredadera de procedencia extranjera. [Lathirus 
caracola). 

Flor del laso. «Planta de jardín, de bulbo y parecida a la 
azucena. Da una flor blanca, aterciopelada, salpicada de rojo 
y de tre? bojas (pétalos) retorcidas para afuera como la flor de 
lis beráldica.» Román: Flor de esta planta. 

Flor de la pasión. «Así se llama aquí la pasionaria, que lia 
recibido su nombre porque han creído encontrar en la flor los 
instrumentos de la Pasión de Cristo. Los estigmas son los cla- 
vos; la corona de hilos, la corona de espinas; el ovario pedice- 
lado, el cáliz; las anteras, las heridas; los zarcillos, los látigos.» 
Philippi. 

«La flor de esta planta se llama también en castellano gra- 
nadilla o muruculla.* Román. 

Flor de la perdiz. «La oxalis lobato de los naturalistas y el 
rimú de los araucanos. «Floramarilla que comen las perdices, » 
dice Febrés; y Philippi agrega que es «sin tallo, con un pe- 
queño bulbo, hojas trifolioladas, y flores amarillas, que her- 
mosean los pastos en otoño desde Santiago hasta Valdivia.» 

Flor de la perla. [Symphorcarpus racimosas). Así llamada 
porque sus frutos, redondos, blanquecinos, semejan perlas. 

Flor de la pluma. «Enredadera de las más crecidas y pode- 
rosas ( Wisteria chinensis).-» «Arbusto trepador de la China, con 
hojas imparipinadas y flores grandes moradas, muy fragantes, 
que se ve con frecuencia eu los jardines de Chile.» Philippi. 

Frutilla, f. {Fragaria chileñsis). 

El Diccionario dice: <En algunas partes de América, fresa.» 
No hay tal, ni es dado confundir a ésta con aquélla, ni aun 
con el fresón. Y siendo esto así, habrá que cambiar también 
la definición de frutillar que es sitio donde se crían la3 fruti- 
llas y no las fresas. Ejemplo del uso de frutillar: «...porque 
de la suelte que entre nosotros se benefician las viñas, de la 
propia y aun con más cuidado labran ellos sus frutillares, 
porque hacen pasa mucha cantidad de ella para sus bebidas 
Núñez de Pineda, Cautiverio feliz, p. 4'.'.~>. 

Convendría también añadirla voz frutill ero, el que la cul- 
tiva o la vende. 



(>•_' VOCES CHILENAS 



Gallinaciega. f. (Caprimulgus bifwsciatus). 

Esta avecilla, llamada también bocón y plastilla en Chile, 
por la forma de bosta de vaca que afecta y su color, se halla 
en todo el país y también del otro lado de los Andes eu la pro- 
vincia argentina de Mendoza. Distingüese la hembra del ma 
cho, principalmente en que, en lugar de la faja blanca que 
éste tiene en el pecho, la de aquélla es amarilla. 

«Las gallinas ciegas son aves solitarias y nocturnas, sola- 
mente en la primavera se las suele encontrar en parejas... 
Durante la noche son excelentes voladoras, pero en el día vue- 
lan con un vuelo incierto y corto...» «Para procurarse su ali- 
mento les ayuda mucho su boca, que es muy hendida, y unos 
pelos negros dirigidos hacia adelante, semejantes a cerdas ne- 
gras, que tienen en la base del pico, y una secreción viscosa 
que tienen dentro de la boca, la que durante el vuelo llevan 
abierta. » Gay. 

Román la apunta bajo el nombre de plastilla. 

Gallina trintre. 

<¿ue se dice también, naturalmente, del pollo o del gallo, 
que tiene el plumaje crespo, como si estuviera vuelto al revés. 

Es voz que han estudiado Rodríguez, Cañas y Lenz. Su 
etimología es araucana: thinthi. 

«Me refiero a las gallinas rizadas o trintres... no me cabe 
duda deque hay en ese tipo sangre propia del continente 
americano...» Castelló, Curso de Avicultura, p. 130. 

Gallineta, f. 

Único nombre con que es conocida en Chile la gallina de 
Guinea, y, según entiendo, en otros países americanos en que 
se la ha propagado. 

Gansillo, m. [Bernicla dispar). 

Ganso silvestre de Chile, notable por su marcado dimorfis 
mo sexual, hasta el punto de que muchos naturalistas han con- 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 63 



siderado especies diversas al macho de la hembra. Esta tiene 
todo su plumaje superior de un pardo gris, con visos metáli- 
cos, 3 aquél ostenta la cabeza y e! cuello blancos, y tiene en el 
lomo, el pecho y los flancos fajas ondeadas negras, de modo 
que estas partes aparecen como escamadas. Vive en las lagu- 
nas de la cordillera de los Andes de las provincias centrales 
de Chile. 

Guairabo. m. [Árdea naex 

*E1 guairabo y el chuid también son nocturnos.» Córdoba y 
Figueroa. 

Lenz escribe Huairaro y huairavillo (por la especie más 
pequeña de esta ave zancuda nocturna), y respecto de su eti- 
mología observa, que, aunque falta tal voz en los diccionarios 
araucanos, pudiera relacionarse con algún verbo de esa len- 
gua. Román cree que se trata de un nombre onomatopéyico, 
como parece lo natural cuando se ha oído el graznido del 
guairabo. 

Descríbelo así Philippi: -Plumaje muy variado; cabeza, 
dorso y escapularios negros, con visos bronceados; el macho 
adulto tiene tres plumas blancas... que desde la nuca caen 
por bajo del cuello unas tres a cuatro pulgadas; el obispillo, 
las alas y la cola, de color blanco, la frente, los latios basta lo 
superior de la cabeza, la garganta, la delantera del pescuezo y 
todo el resto del cuerpo por bajo, de un blanco puro...; pico 
negro, con la base amarilla; iris rojo, sanguíneo. Longitud: 
total 21 pulgadas y seis líneas.» 

Guanaco, ca. 

Falta en el léxico el nombre de la hembra, y no parecería 
demás incluir a guanaquear, que empleó ya Febrés y que es 
corriente en Chile por cazar guanacos. Guanaquero se dice 
también por el que se dedica a este ejercicio. 

Convendría, apunta Román, que el Diccionario admitiera 
ambos vocablos, al menos como chilenismos. 

Guarén, m. 

Nombre que se da a la rata mas grande que existe en Chile, 



(¡4 VOCES CHILENAS 



que vive de ordinario a orillas de las corrientes de agua, en las 
que encuentra su alimento en los sapos y ranas; es gran na- 
dador y cuando se le observa, para despistar atraviesa sumer- 
gido grandes espacios de agua- 
Al paso que Lenz estima que la etimología de esta voz debe 
de ser araucana, Román ve en ella un origen francés y acaso 
castellano, procedida de agua, de donde aguarenoy por afére- 
sis, guareno o guarén. Sea comoquiera, es término correntísi 
rao en Chile. 

Guaucho, m. [Baccharis roncara). 
Arbusto de las costas de Chile, de hoja menuda y gruesa, 
y que, por ser resinoso, arde en estado verde.» Román, que 
esto dice, refiriéndose a la descripción que de la planta trae 
(iay, cree que su etimología bien pudiera venir de wau, valle 
y rhod, amarillo. Véase Wattro ei< el Dic. del P. Augusta. 

Guayacán- m. [Porlieria hygrometrica). 

Arbusto de la familia de las Zigotiláceas, con ramas torcidas, 
cortas; hojas paripinadas, de cinco a nueve pares de pinas, li- 
neales oblongas, obtusas y de cuatro a cinco milímetros de lar- 
go; flores solitarias axilares; fruto, cápsula morada. 

«Esta misma duración conserva también el guayaran eu el 
mar...» Solórzauo, Política Indiana, lib I, cap. IV, n. 14., 
dando como autoridad a Monardes en el capítulo del Guataco. 
«El guayacán se cría en los montes y cordilleras, y así toma 
de ellos lo duro, pesado y denso de su madera...» Ovalle. 
«Hallase otro árbol llamado guayarán en los términos de la 
ciudad de Santiago, cuya madera es fortísimay dura para obras 
de dura, curiosas y perpetuas, y es eficaz remedio para el hu- 
mor gálico bebiendo el agua cocida de sus astillas.» Rosales. 
Citan también al guayacán Córdoba y Figueroa y Olivares, 
Alcedo, etc. El anotador de Fernández de Oviedo advierte que 
«la Academia de la Lengua lo describe con el nombre áe gua- 
yaco, que recibió en España durante el siglo XVI, al aplicarse 
a la medicina.» Pero bien se deja entender que por lo menos 
se trata de dos diversas especies. 



DE LOS RKIXus ANIMA!, Y VI.HKTW, 65 



Gue?ín. m. [Guevina avellana). 

«... gnevín, árbol hermosísimo, cuyo fruto se come y se pa- 
rece algo por su gusto a la avellana verdadera.» Philippi. 

De muy diversas maneras se ha escrito esta voz. Molina v 
Gómez de Vidaurre, gevuin; Carvallo, (indino/: Lenz, guevuin. 
Preferimos la forma empleada por Philippi, que la da como 
corriente, y responde, por lo demás, a la primera que dice 
Febres le corresponde en araucano: gevún. Véase avellaxo. 

Guillare, m. 

Llámase así el fruto de los quiscos, que suele venderse en los 
mercados. Tiene bastante semejanza con el higo chumbo lla- 
mado en América tuna, que da el nopal. Debe entrar en el 
Diccionario, opina Román, que escribe el vocablo con V). Lenz 
ha oído, indudablemente, mal esta voz, cuando la escribe guya- 
ve Cree este lexicógrafo que tal voz procede délos conquista- 
dores, que así denominaron el fruto del quisco por cierta se- 
mejanza que reviste con la guayaba; por mi parte, me inclino 
a pensar que proceda del araucano guyun, estrujar c< rao or 
(leñando por la manera como hay que comer el fruto de que 
se trata. 



H 

Hierbaloca. f. [Astragalus elatus) 

Pertenece a la familia de las Papilionáceas y se baila en las 
cordilleras de Santiago. Arroja unos vastagos de figura an- 
gular, que tendrán pie y medio de alto, y cuyas hojas contra- 
puestas, de hechura de lanzas, enteras, carnosas y de color 
ceniciento, tienen una pulgada de largo y están pegadas a las 
ramas sin ningún género de pezón.» Reiche. 

«Entre unos pastos tan excelentes, se crían dos o tres plan 
tas harto dañosas a los ganados, siendo la más perjudicial y 
nociva laque metonimícamente llaman allí yerba-loca, porque 
cuantos animales la comen, y con particularidad los caballos, 
se enfurecen sobremanera.» Molina. 

«Es también conocida en Chile por nociva y muy pernicio 

5 



66 VOCES CHILENAS 



sa, la que allí llaman metouimícamente yerbáloca, porque 
cuando los animales, y particularmente los caballos, comen 
de ella, vienen furiosos como los locos. Gómez de Vidaurre. 

Hierba del sapo. f. (Myriophylum vertieülatum). 

Acuática, de la familia de las Halorragidáceas, con todas 
las hojas de igual forma, verticiladas, sésiles, pectinadas con 
las lacinias delgadísimas; monoica; a veces algunas flores her- 
mafroditas. 

Higuerilla, f. [Xanthium itálieum) 

Planta anual, de la familia de las Compuestas, áspera, ro- 
busta ramosa, bojas pecioladas, aovado-triangulares, algo lobu- 
ladas; diclina monoica; de treinta centímetros a un metro 
cincuenta de altura; los frutos rodeados por un involucro cu- 
bierto de pelos rígidos y de púas terminadas en gancho. Es 
originaria del Sur de Europa y abunda bastante en la región 
de la costa vecina a Valparaíso. 

En araucano se la llama trun. 

Huala. f. (Podiceps). 

«Los grebos tienen el pico recto, puntiagudo, alas cortas, 
pero aptaa para el vuelo; a la vista no tienen cola, y las patas 
echadas tan atrás, que al andar han de tenerse en situación 
vertical. La membrana natatoria es profundamente escotada 
entre los dedos. Viven en las aguas dulces, y hay varias espe- 
cies en Chile, que llaman hualas, hualitas, pimpollos, blanqui- 
llos.» Philippi. 

< '< lebrada por Sanfuentes en sus Leyenda* Nacionales: 

Oís de rato en rato como exhala 
su lúgubre gemido alguna huala. 

Su etimología es araucana; huala, «unos patitos,» traduce 
Febrés. Lenz, n. 559. Román da como hipotética cierta étimo 
logia castellana, que tenemos por improbable, y escribe guala. 

Hualputa. f. (Medicago). 

«Otras especies [de alfalfal originarias de la Europa Meii- 



1 > 1 LOS KE1NOS ANIMAL Y VEGETAL 61 



dional, son ahora una maleza de nuestros campos, y se cono- 
cen por el nombre <le hualputa Philipjii. «Las plantas más 
abundantes en aquellos prados son: el trébol vulgar, que los 
indios llaman gualputhe, y de que hay once o doce especies.» 
Molina. «Esta abunda mucho en los prados, valles y dehesas, 
v mucho más el trifolio o trébol, llamado por los indios 
gualputa. Gómez de Vidaurre Trébol rastrero», lo definió 
Marty Caballero, aunque cometiendo el error de hacerlo m. y 
de escribirlo en la forma gualputra, que es la menos usada en 
Chile,» observa Román. «Lo mismo repitió el Dice, de Zero- 

lo.» Id 

Lenz, n. 565, que escribe el vocablo con h, que parece lo 
correcto en vista de su probable etimología araucana, cuyos 
componentes serían huall y putha. 

Hualtata. f. (Senecio huáltata). 

Hierba de los pantanos, de la familia de las Compuestas, 
perenne, robusta, peluda, cuando nueva, en la punta; tallo ci- 
lindrico, hueco; hojas muy grandes, glabras, las inferiores 
pecioladas, las tallicas, abrazadoras, y las superiores sésiles; 
cabezuelas numerosas, con llores amarillas. 

Hualle. m. (Fagus obliqua). 

«Árbol que puede alcanzar a 50 metros de altura, de hojas 
caedizas, aovadas oblongas, oblicuas, doblemente aserradas, 
de dos y medio a cuatro centímetros de largo; involucro poco 
erizado. Su madera es muy pesada, dura, preciosa para cons- 
trucciones.» Philippi. 

Viene del nombre araucano hualle: «roblecito pequeño,» 
según traduce Febrés. Lenz y Román. El P. Augusta duda 
que sea término araucano, y dice que en Panguipulli lo lla- 
man allfis-íachu. 

Huafiil. m. (Proustia pungens). 

«El huañil, arbusto común en las provincias centrales, sin- 
gular porque las ramitas de la inflorescencia se vuelven espi- 
nas, i Philippi. 



GS VOCES CHILENAS 



Su etimología debe ser araucana, aunque no esta tal voz eu 
los diccionarios. 

Lenz, a. 582, que cita en comprobante los testimonios de 
Murillo y de Saavedra. 

Suele escribirse giiañil. Así Román, que aboga porque esta 
vozsea admitida en el léxico. Véase Wanílkelen en el Diccio- 
nario del P. Augusta. 

Huemul, m. (Cervus antisiensis o chilensis). 

«Eu Chile hay sólo dos especies de ciervos: el huemul, con 
cuernos ahorquillados, que se halla desde el Perú hasta Ma- 
gallanes en los lugares abiertos de la alta cordillera.» Phili- 
ppi. Hay también corsos pequeños o venados, que los chile 
nos llaman pudú, y otros animales semejantes a los ciervos 
que en la lengua de los indios se llama guamul.» Rosales 
La descripción que de este ciervo da Molina es del todo ima 
ginaria y conforme a ella se dibujó en el escudo nacional di 
Chile. También es errada la que trae Zerolo bajo la voz 
güemul. 

Viene del araucano, ¡un/mu!, según el P Valdivia, si bien 
Lenz (n. 621) cree que también huemul «es forma primitiva 
india. "Actualmente, dice, a este respecto, Román, todos es 
cribimos huemul y el Dice, no podra menos de aceptarlo.» 

Véase el curioso e interesante artículo sobre la Sinonimia 
del huemul, publicado por el doctor Philippi en las pp. 377- 
388, de la revista Sud-América, Santiago, 1873. 

Hállasele en poesía. Vial Solar, ob. cit., p. 68: 

al huemul que alza su cabeza airosa 
de caprichosas crines adornada.. 



Huevetero. m. (Circus macropterus). 

Ave de rapiña que habita gran parte de la América del 
Sur y se la encuentra también en la región central de (.'hile, 
aunque en todas partes escasea. Philippi. 

Su plumaje, bastante vistoso, está sujeto a muchas varia- 
ciones, pero lo que siempre lo distingue es tener una mancha 
blanca eu forma de collar debajo de los ojos. Prefiere para 



I>K LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL •)'.• 

vivir los lugares paútanosos. Es de doble tamaño que el vari 
Véase esta voz. 

Huévil. iu. ( Vestía lycioides). 

«Debe también tener aquí algún lugar el matorral que lia 
man huévil, que usan por medio de lavativas en las calen- 
turas ardientes.» Gómez de Yidaurre. Es una planta sola- 
nácea, de gusto por extremo amargo; alcanza unos noventa 
centímetros de altura, es lampiño «con hojas apretadas, casi 
sésiles; oblongas enteras, pedúnculos biacuadri-floros, corola 
embudada, tubulosa, amarilla, capsula oblonga.» 

Proviene sin duda del araucano, aunque no figura en los 
diccionarios de esa lengua. Los araucanos lo llaman yefülko, 
)j(f>ilkon ifelhoñ. Sea lo que fuere de su etimología, merece 
estar en el Diccionario.» Derivado: hitevilina, nota Román. 

Lenz, n. 629 

Huilte. m. 

El tallo del cochayuyo cuando está en vía de crecimiento y 
antes de ramificarse, que es comestible, en la forma que recor- 
daba el P. O valle: «Al pie dellas [peñas] se crían unas raíces, 
de donde nace un tronco como la muñeca, que llaman ulten 
[que en algunas provincias de Chile suelen llamar hoy ulte], 
éste se corta, y estando un poco al fuego, se monda como un 
tronco de lechuga, o como el de alcachofa, aunque tiene muy 
diferente sabor.» El uso más constante exige hoy huilte, voz 
evidentemente, araucana, aunque no consignada en los léxicos 
de esa lengua. 

Lenz, n. 640, y Román, III, p. 156: «La voz debe admi- 
tirse en el Diccionario, porque representa algo que no puede 
tener otro nombre en castellano, por no ser conocido de los 
españoles.» 

Huille. m. (Leucoryné). 

Género del cual existen en Chile varias especies de la fami- 
lia délas Liliáceas, que se distingue por su «perigonio hipocra- 
terimorfo; tres estambres fértiles alternau con tres estériles. 
que se parecen a una glándula cía vi forme.:» «Es muy común, 



¡■(I VOCES CHILENAS 



añade Philippi, en la primavera, en las provincias cent rules, 
la leucorym ixioides.» Vicuña Mackenna ha empleado el plu 
ral huillis, de la forma huilli, con que también se conocen 
estas (llantas: «Los huillis vienen después, sobre sus tallos de 
medio metro, balanceándose en el aire, que llenan de per- 
fume.» 

La etimología de esta voz es seguramente araucana. 

Lenz, n 641, y Román, III, p. 156 

Huillín, m. [Lutra Huidobria). 

"El huillín, que el abate Molina tomó equivocadamente por 
un castor...» Philippi. «Entre los animales anfibios que aquí 
conocemos, uno es el que los indios llaman huillín..., que los 
españoles llaman nutria.» Rosales. 

Su etimología araucana se comprueba por el aserto del P. 
Havestadt. 

Lenz, n. 643, que enumera los autores que traen la voz 
en sus diferentes variantes ortográficas. «...Como la especie 
chilena no es en todo igual a la nutria, conviene incluir el 
vocablo en el castellano.» Román. 

Huillipatagua f. [Villarezia mucronata). 

Árbol de la familia de las Icacináceas, con ramas amarillo 
vellosas cuando nuevas; hojas ovalado-oblongas, muy tiesas, 
mucronadas, con el borde espinoso dentado en las que salen 
de los brotes de los troncos viejos; pecíolos cortos y gruesos; 
inflorescencias terminales; pétalos amarillos; fruto, drupa 
ovoide. 

«La guillipatagua tiene la hoja que se equivoca con la yerba 
del Paraguay.» Córdoba y Figueroa. «Lá guillipatagua dicen 
muchos ser la misma yerba del Paraguay, que se da aquí mas 
elevada y frondosa y de efectos más eficaces...» Olivares. 
Durante una carestía de la yerbamate se había recomendado 
el uso de las hojas de la huillipatagua...* Reiche. 

Su etimología araucana la da Febrés: hui/li, la uña, patagua. 
«la patagua de uñas», «porque sus hojas, advierte Lenz, n. 
644, tienen el borde espinoso, que tiene cierta semejanza con 
uñas o garras.» 



ni LOS REINOS \NIM\1. Y VEGETAL 71 



Huingán. m. (Duvaua dependens). 

'Arbusto siempre verde, inerme o poco espinudo, con limes 
muy pequeñas, blancas, dispuestas en racimos axilares, y fru- 
tos negruzcos, de una y media o dos líneas de diámetro, con 
color de enebro. Se cría en los lugares secos desde Coquimbo 
hasta Osorno, y su resina tiene mucha fama contra las frac- 
turas, hernias, etc.» Philippi. Pertenece a la familia de las 
Anacardiáceas, y de ella, a las Zumaquíueas. 

«Los campesinos hacen una especie de chicha de los frutos 
del huingán y del molle.» Philippi. «Otras frutas de arboles 
ordenan los indios al mismo fin, como huingán (escrito güin- 
gan), molle. maqui...» Olivares. La ortografía de esta voz en 
Rosales es varia; así, por ejemplo, dice: «El quigán es árbol 
alto y copado, que da por frutos unos granos menudos, muy 
sabrosos, dulces y olorosos, de que hacen una chicha muy 
suave, que parece aloja.» Ovalle: «otra [bebida] hacen del que 
llaman huigán, y los españoles molle, que es del color y figura 
de pimienta, y el árbol que la lleva no es muy crecido, pero 
carga más que hojas.» 

Lenz, n. (349. Román: «Bien puede admitirse en el Diccio 
uario de la Academia.» 

Huiña. f. [Felis tigrina). 

«La guiña, un poco más grande que el gato doméstico, lla- 
mada también guiña o gato montes...» Philippi. «La guiña es 
de un color atabacado, graciosamente variado de manchas ne- 
gras redondas, las cuales se extienden hasta la cola » Gómez 
de \ T idaurre. Y en la misma forma guiña, Molina (que tam- 
bién escribe guiña), Carvallo, Gay y Philippi, como se ha 
visto. Huina, dice Román, que opina porque tal voz es corrup- 
ción del castellano fuina; Lenz, a la inversa, la supone proce- 
dente del araucano, relacionándola con huyñán, que significa 
tenderse de largo a largo; etimología que no acepta el 1'. 
Augusta. 

Huirá, f. 

Es la tira de la corteza de ciertos arboles, especialmente del 



72 VOCES CHILENAS 



maqui y del espino, que se emplea para atar a modo de cuer- 
da o que trenzada sirve para formar cordeles. 

Observa Román que esta voz nada tiene que ver con el ár- 
bol güira, que trae el léxico, y en cuanto a su etimología, que 
bien pudiera tener su origen en vira, «tira de tela, badana o 
vaqueta.» Rodríguez y Lenz piensan que viene del verbo 
araucano huyrun, desollar, mondar; y esto es lo que tengo 
por más probable. 

Vial Solar ba llevado a la poesía este vocablo (ob. cit., p. 57): 

La víctima inocente maniatada 
por los flexibles y apretados lazos 
.i.- verdes huirás en los tiernos brazos 
espera sin saberlo .. 

Huiro m 

Las ramas largas del cochayuyo, a modo de lazos o cordeles, 
algunas basta de varios metros de largo, y menos generalmen- 
te las de otras algas marinas de las fucáceas. 

Es, a nuestro juicio, de procedencia indígena, probablemen 
te quicbua, uiru o viru, aplicado en su origen a la caña del 
maíz, y por extensión, por la forma que afectan, a estas ra- 
mas de algas. Véanse en Lenz y Román las acepciones que 
en otras naciones americanas se da al güiro y güira. «Pedi- 
mos, dice ese último autor, la admisión de esta voz.» 



Jaiba, f 

«... Los cangrejos marinos son notables entre los mariscos 
por su delicado sabor, las jaibas...* Molina. Es un crustáceo 
semejante al que en España llaman cámbaro y cabra/o. 

«Cuanto a la etimología de jaiba, dice Picbardo, observa 
Román, que es voz indígena (de Cuba), sin explicar nada más.» 
Oviedo la trae como voz corriente: «langostas, cangrejos, 
xaybas, camarones», (libro XIII, cap. I). Como en tal acepción 
se usa en varios países de América, es justo que la acepte ya 
el Diccionario.» 



DI LOS REINOS ANIMAL Y YKOETAL 



Jerguilla, f. [Aplodactylus punctatus). 

«Las jerguillas son particulares a Chile. Pez osteacanto de! 
orden torácico, tiene una sola aleta dorsal y los radios infe- 
riores de las pectorales libres.» Philippi. «Basta con esto, dice 
Román, para que lo acepte el Diccionario > 

Su longitud total es de 1 1 pulgadas, llega a pesar cuatro y 
cinco libras y es uno de los buenos pescados chilenos. 

Jote. m. (Cathartes aura). 

Ave de rapiña bastante parecida al gallinazo, aunque un 
poco más grande, y con el cual no debe confundirse. Ambos 
viven en la mayor parte de la América del Sur, especialmente 
en las vecindades de las costas 

Discrepan los autores acerca de la procedencia de esta voz: 
Gay opina porque bien puede venir del baile llamado Jota; 
Lenz, que del idioma mexicano; Román, que es posible que 
se derive de aligóte, buitre, en ciertas regiones de Aragón. 

El Diccionario consigna la voz aura como sinónima de ga- 
llinaza, (que en Chile y en Lima, donde tanto abunda, es mas- 
culino), tomándola, evidentemente, del lenguaje cubano, en el 
cual así se llama al gallinazo. Por el nombre técnico que corres- 
ponde al jote, parece que de ahí vendría la denominación acep 
tada por el léxico. 



Lahue. m. [Roterbe bulbosa). 

«Planta pequeña, bulbosa, con flores bastante grandes, azu- 
les, parecidas a las del lirio.... Los bulbos se comen. Phi- 
lippi. 

Córdoba y Figueroa escribía ¡agüe: «comida gustosa... >< 
Otros dicen hoy lahui, pero es de preferir la forma usada por 
el antiguo cronista de Chile, cambiada la g en h. 

Román, quien advierte que la planta es muy conocida de 
Chillan al Sur; Lenz, n. (586, que cita los varios testimonios de 
autores que, en una grafía más o menos diversa, la dan como 
voz araucana. 



74 VOCES CHILENAS 



Lauco, ra. [Bromus stamineus). 

«...pero también hay en la tierra yerbas medicinales, como 
vi lamo para heridas...» Marino de Lobera. «El ¡anco es una 
verba de grande virtud, muy semejante a la grama.» Rosales. 
Hierba celebrada en poesía por Pedro de Oña: 

( 'un lanco, j ei ba le ellos usitada, 

Que en Chile por cualquier lugar se cría; 

v por Alvarez de Toledo en el Pitrén indómito: 

Los caballos sin freno Bueltos pacen 
La verde grama y granujento lanco, 
Yerbas aue dondequiera en Chile nacen... 

Lenz, 11. 692, quien añade que se llama también «yerba 
de los perros», porque los perros enfermos la comen mucho.» 
Sup. II. Román, que copia la siguiente descripción de Phi- 
lippi: -Especie perenne, cespitosa, cuya paja alcanza a 60 
centímetros de alto; la panoja e? grande, floja; las espiguillas, 
muy comprimidas, de 16 a 26 milímetros de largo, con cuatro 
oséis flores; la palea inferior tiene 10 a 13 milímetros de 
largo, y su arista, 8 a 10.» 

Latúe. m. (Lycioplesium puberulum). 

«Latía , palo de los brujos, arbusto de las provincias de Val- 
divia y Chiloé, con dos espinitas eu las bases de las hojas, y 
con llores bonitas; es muy venenoso, sobre todo la corteza.» 
Philippi. 

Su etimología es araucana. 

Lenz, n. 698. 

Laucha, f. (Mus musculus). 

«...y el ratoncillo, llamado laucha en Chile...» Pbilippi. 

Los araucanos decían lancha o Uaucha; voz que, pro- 
bablemente, tomaron del quichua ucucha, nombre que, se- 
gún el Inca Garcilaso, se daba en el Perú a «los ratones de los 
cincos». Por más que eu castellano tengamos el ratón, no es- 
tana de más consignar como chilenismo esta voz laucha, úuica 
con que se conoce al mus musculus. 

Lenz, n. TOO; Román, que considera simplemente incorrec- 
ta tal voz. 



DE LOS REINOS ANIMAL ^ VI. I I \1 , .") 



Lengua, f. 

Llamase así en Chile a cada uno de los ovarios (cinco) del 
erizo de mar; comida exquisita y muy rica en fósforo. 

Lengua de gato: nombre que se da también al relbím. Véase 
esta voz. 

Lengua de loro: llámase asi a la flor de una orquídea chile- 
na (Chloraea) por la semejanza que con ella reviste; tiene 
ees fasciculadas; las tres hojuelas del cáliz casi iguales; el 
ginoetenio alargado... El labelo tiene con frecuencia verru- 
gas o pelos o lacinias en forma de hoz o lámelas.» Philippi. 

Lengua de rara: planta chilena de la familia de las Alismá- 
ceas [sagittaria chilensis), de la que se conocen dos o tres es- 
pecies 

Román, III, p. 289 

Liguano. na. 

Carnero liguano, y de ahí montura Jiguana, etc. Se da aquel 
nombre al producto híbrido del cabro con la oveja, cuva lana 
es áspera, larga y de color plomizo, mas resistente y fuerte 
que la del carnero. Proviene el nombre, muy probablemente, 
de la provincia de la Ligua, donde debió de tener origen aque- 
lla mezcla. 

Lenz, n. 1604-, que establece la etimología araucana de ligua: 
«maíz blanco». 

Niégase ahora que exista tal cruzamiento híbrido, pero, 
cierto o no, el hecho es que liguano, en la acepción dicha, es 
corriente en Chile y no hay con que reemplazarla. 

Lile. m. [Graculus Gaymardi). 

Pato lile es una especie de cuervo de mar, muy común en 
la costa de Chile. 

Lenz, n. 711, cree que esta voz se deriva probablemente de 
una araucana de igual significado, aunque no se registra en 
los diccionarios; si bien esta ahora comprendida en el del P. 
Augusta. 

Véase teco. 



76 VOCES CHILENAS 



Litigue, m. [Persea Un gue). 

«...el litigue, excelente madera, la corteza muy buena para 
curtir, común en nuestras provincias del sur.:< Philippi. En 
tal forma se halla esta voz en Carvallo y Goyeneche, y en 
Rosales con la de ligm y lige, ajustándose con esta última en 
un todo al nombre del árbol en araucano. 

El litigue pertenece a la familia de las Lauríneas, es árbol 
giande y hermoso, con hojas eliticas, aovadas y el perigonio 
tomentoso, bermejo. Tal es el que crece en las provincias del 
sur de Chile; el de las centrales, dice Phillippi, «tiene las hojas 
más acuminadas en su base, mas pálidas en la cara inferior, 
el perigonio blanco y sedoso.» Su madera es excelente para 
muebles, y la corteza se usa para curtir las pieles. «Así, pedi- 
mos, dice Román, que se admita este vocablo con las dos 
acepciones de árbol chileno (ya descrito y clasificado), y cor- 
teza de este árbol. 

Lenz, n. 71'.'. 



Litre. m. [Litrea venenosa). 

«Es muy conocido el litre, de tan maligna sombra, que si 
bien por ser tan frondoso y copado, convida a ella; pero es 
tal, que luego que uno se pone debaxo della, se hincha y en- 
tumece disformemente, y mucho más los que manosean la 
corteza, madera o las ramas.» Rosales. Con el mismo nombre 
lo trae Córdoba y Figueroa, y así también Philippi: «el litre, 
que a pesar de su nombre y del miedo que le tiene mucha gen- 
te, parece ser dañino sólo en casos particulares y excepciona 
les.» Con la forma liti lo menciona Olivares, y Molina con la 
de lithi. De este último es la siguiente descripción: «El lithi, 
que se encuentra en todo el reino de Chile, es una especie de 
laurel de mediana altura, que echa las hojas alternativas, ova- 
les, rugosas, de más de una pulgada de largo, y de un color 
verde que toca en oscuro, cuyas hojas, aunque harto peque- 
ñas, y cuyas frutas se parecen enteramente a las del laurel 
común.» 

Procede del araucano, en cuyo idioma se llama como lo es- 



DK LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL , i 



cribe Molina. Alcedo (¡escribe el árbol bajo el nombre de pil 
co, advirtiendo que en Chile se le da el de lithy. 

Lenz, n. 720. 

De la familia de las Anaeardáceas. 

Descríbelo Philippi: «arbusto y aun árbol grande, con 1¡ 
enteiisimas, marginadas, muy nerviosas, llores amarillas nu- 
merosas, reunidas en panoja, drupas amarillentas del tamaño 
de un grano de pimienta.» «Es indispensable, dice Román, 
que el Diccionario admita la voz litre con las acepciones de 
árbol chileno y enfermedad que produce su sombra o su con- 
tacto. 

Liuto. m. (AIstrcemeria ligtu). 

«Esta planta, que los indios llaman Unto... la raíz produce 
cierta pulpa o tubérculo que, cocido, es de muy buen alimen- 
to.» Molina. Liutu escriben Córdoba y Figueroa y algún otro 
autor moderno; y así también Zerolo al hablar de la voz 
chuño. 

Pertenece esta planta a la familia de las Amarilídeas; tiene 
«las flores umbeladas, de color de rosa, con las hojuelas del 
perigonio oblongas-lanceoladas. De las provincias centrales y 
sobre todo de Concepción. De sus tubérculos se prepara el 
chuño de Concepción.» Philippi. 

Román cree que su etimología puede ser del araucano ligh, 
blanco, y tue, la tierra, con pérdida de la e final inacentuada. 
«Excusado parece decir, agrega, que la voz liuto debe entrar 
en el Diccionario.» 

Lenz, n. 721. 

Loco. m. [Concholepas peruviana) 

^Pertenecen también a este marisco en concha los que lla- 
man locos.» Ovalle. ■... mereciendo particular estimación el 
loco, por el buen sabor de su carne, que es blanca y un poco 
dura... Este múrice tiene cuatro o cinco pulgadas de alto; su 
concha es casi oval y está llena de nudos y puntas.» Molina. 
«La misma variedad hay en los peces testáceos, entre cuyas 
especies los de nombres castellanos o indios de mas blanda 



7* VOCES CHILENAS 



pronunciación, son el piur, la taca, el pico de papagayo, el 
loco » Olivares. Febrés da el nombre como araucano. 

Leu/, n 723 «Como, según parece, dice Román, (y así es 

la verdad) no hay c pleta igualdad entre nuestro loco, y el 

pie de burro español, convendría admitir el vocablo...» 

Loica, f. [Sturnella mil/taris). 
La loica es muy notable por el rojo vivo de su garganta, 
y abunda en Chile.» Philippi. «Dos pajarillos hay, entre 
otros,...; el segundo se dice loica; es canelado, de punta* 
negras, el pecho vestido de finísima escarlata....» Rosales. 
«... la loica y el tordo, que es de tanto cariño a su dueño, 
(jue, suelto, vuelve al amor de su prisión.» Córdoba y Fi- 
gueroa. «La loica es un pajaro algo mayor que los estorni- 
nos...; el macho es de color gris oscuro, manchado debían 
co, a excepción de la garganta y del pecho, que son de color 
de escarlata; el color general de la hembra es un gris más 
claro, y el de su pecho, un rojo pálido y desleído . » Molina, 
O valle escribió la voz de manera algo diversa: «los pájaros 
que llaman los indios ¡loicas son muy célebres entre ellos.» 
En tal forma, alternando con loica, aunque ambas escritas 
con y, se encuentra en el Calepino araucano de Febrés. Des 
de la octava edición del Diccionario de la Real Academia apa- 
reció lloíca, forma que está errada. Véase Amunátegui, ^4/ tra 
vés, etc. En la décimacuarta, al mencionar esa voz, la da 
como sinónima de pardillo, al cual con efecto se parece, pero 
son dos especies diversas bien estudiadas. «Debe, pues, la 
Academia, concluye Román, enderezar el entuerto, escri 
hiendo loica como provincialismo de Chile, dándole su etimo- 
logía araucana y describiendo el pájaro como distinto del 
pardillo, pechirojo o pechicolorado.» 

(íonzález de Nájera nos informa que el nombre que le die 
ron en un principio los españoles fué el de comendador, «por- 
que tienen todo el pecho de color de un muy encendido car- 
mesí.» 

Lenz, n. 725. 



DE Los REINOS ANIMAL Y VEGETAL 79 

Lora. f. 

«Hembra del ¡oro. Papagaya y cotorrera nos da solamente 
el Diccionario, siendo que lora es más suave de pronunciar y 
que tiene el uso de todo chile. En Colombia, Costa Rica y el 
Perú dicen también lora, pero como única forma para desig- 
nar la hembra y el macho. Mas natural y lógico es el uso chi- 
leno.» Así Román. 

Lúcuma f. 

«Y como por este tiempo hay tanta abundancia de legum- 
bres..., particularmente membrillos... y otro género que lla- 
man lúcumas de que se hacen regaladas viandas... Ovalle. 
«En este género de membrillos hay una especie particular lla- 
mada lúcuma,... la cual es siempre dulce, de figura cónica algo 
umbilical, de color naranjado no menos afuera que por den- 
tro...» Molina. No sé si efectivamente se usa este nombreí , 
dice Leuz; pues si se usa y es fácil distinguir este membrillo 
dulce del agrio, en que tiene [la corteza verdosa y la carne 
menos compacta y mas oscura. A esta clase se aproxima el 
membrillo agrio < 

Llámase mas generalmente con este nombre al fruto del 
lúcumo. Véase esta voz. 

Lúcumo, m. (Lúcumo obovata). 

Árbol muy hermoso, originario del Perú, que se cultiva en 
Chile en las provincias del norte y especialmente prospera 
bajo el clima templado de Quillota. A su fruto, de todos cono- 
cido y gustado de muchos, se llama hoy día lucilina. 

El lúcumo pertenece a las familia de las Sapotáceas; tiene 
las hojas «casi membranáceas, trasaovadas, adelgazadas hacia 
el pecíolo; fruto del tamaño de una manzana pequeña, globu- 
lar, verde, con carne amarilla; semillas muy parecidas a las 
del castaño de la India . Es del Perú, pero se cultiva en las pro- 
vincias del norte de la República y hasta en Santiago.» Philippi. 

El Inca Garcilaso nos habló ya de su fruta, «que los indios 
llaman ruerna, dice, y los españoles luana...» 

Su etimología parece ser mas bien aimará que quichua. 

Lenz, n. 731. 



SO VOCES CHILENAS 



Luche, ni. ( Uha latissima). 

Críase en toda la costa una yerba a manera de escarolas 
que llaman Juche, la cual se arranca de las peñas donde cre- 
ce... y puesta a secar al sol, se hace uuos panes grandes que 
se estiman por gran regalo... porque sirve para muchos géne- 
ros de guisados... » Ovalle. «Críase en las peñas una yerba que 
se llama luche, de cuarta o tercia, más o menos, crecida por 
primavera, que es su tiempo, y entonces se arranca de ellas, y 
seca es vianda gustosa.» Córdoba y Figueroa. 

«En las rocas del mar chileno crece bajo del agua una yer- 
ba (¡ue llaman luche, cuyas hojas son bislungas, lisas y de un 
verde muy oscuro. Los nacionales del país comían dicha yer- 
ba frita, o con la carne, y gustándola los españoles, se ha ex- 
tendido entre ellos su uso.de tal suerte, que no solóse interna 
en el Reino sino que se lleva al Perú, y en todas partes se re- 
cibe con aprecio... Forman de ella unos grandes panes, y du- 
ran mucho tiempo sin corromperse ni descomponerse.» Gó- 
mez de Yidaurre. 

El mismo nombre de esta alga marina se ha dado a varias 
plantas acuáticas: luche de rio, luchecillo. 

Leuz, n. 732, que en apoyo del empleo de esta voz por 
autores modernos, cita el siguiente pasaje de la Historia de 
Santiago de Vicuña Mackenna: Alijas ninfas, las unas como 
las espumas del mar. morenas y encantadoras; Venus, nacidas 
del 1/a he, las otras.» 

Es voz araucana que trae Febrés en sus formas luche y ¡luche. 

Luma. f. [Myrtus luma). 

Árbol de la familia de las Mirtáceas, que puede llegar a 
veinticinco metros de altura; con los renuevos, los peciolos y 
pedúnculos pubescentes; hojas pecioladas, elíptico-oblongas, 
o bien aovado-oblongas, atenuadas en ambos extremos; ramas 
axilares, con dos o seis ñores; fruto, una baya lampiña globo- 
sa, comestible. 

«... luma, con la madera dura y preciosa...» Philippi. «Mu- 
chos otros arboles hay en este reino particulares del, de ma- 
deras excelentes, y duras como un hierro, como el boldu,... 
liiimi Rosales. «... la luma, que puede competir con la for- 



DE LOS REINOS \MMA1. V VEGETAL 81 



tísimatiga de Filipinas...» Córdoba y Figueroa. «En lo restan- 
te del reino se encuentran... la Juma, especie de mirto 
Molina. Podrían multiplicarse las citas de textos en que apa- 
rece empleada esta voz de origen araucano, pero no debemos 
omitir la de los marinos españoles Juan y Ulloa: «El puerto 
de Valdivia es poco frecuentado de las embarcaciones del 
Perú por su corto comercio, reduciéndose éste a alguna made- 
ra de Juma que se lleva al Callao, la cual, por no tener nudos, 
sirve para varas de calesas, y otros destinos donde se requiere 
de semejante calidad.» Noticias secretas de América, p. 4<¡. 

Lenz. n. 736. «Es voz que debe entrar en el Diccionario sin 
duda alguna... » Román. 

< Ion el diminutivo lumilla se conoce también en Chile una 
planta, asimismo de las mirtáceas, que se halla en las islas de 
Juan Fernández. 

Ll 

Llaca. f. [Didelphus elegans). 

De los marsupiales, «la especie mas chica, dice Philippi, es 
la que se halla en Chile; es del tamaño de un ratoncito y se 
llama llaca o comadreja.» «¿Vendrá del quichua Uaclla, cobar- 
de, tímido», se pregunta Román. 

Llaullau. m. 

Hongo comestible. «Los habitantes antiguos de Chile usa- 
ban toda clase de fruta azucarada y, por lo tanto, susceptible 
de fermentación: el maqui, la frutilla, el molle, la murtilla, los 
frutos de la luma y hasta un hongo (una especie de cyttaria) 
llaullau, eran de uso corriente.» Reiche. 

Lenz, n. 755, que da a esta voz como seguramente de pro- 
cedencia araucana, y lo prueba Román trayendo a cola- 
ción a Febrés, quien dice: «laulau o llaullau: fruta que da el 
coyhue.» 

Llaupangue. m. (Francoa sonchifolia). 

«Plantas vivaces, que tienen las hojas amontonadas en la 
base, liradas, peludas, y tallos en forma de bohordos, con lio 



82 VOCES CHILENAS 



res I instante grandes, rosadas o rojas, de modo que se cultivan 
en los jardines. La raíz contiene mucho taniuo.» Philippi Con 
el zumo, dice Espinoza, se hace tinta, que sirve para teñir el 
pelo.» 

( ¡ítanla todos los botánicos chilenos, a contar desde Feuillée. 

Lefiz, u. 7. r ><>, y Román, que están de acuerdo en su etimo- 
logía araucana: Uagh, parte o pedazo, -\-pangue, esto es, pedazo 
de pangue o medio pangue. 

Lleivún. m. [Cyperus] 

Nombre vulgar de varias ciperáceas, que se crían en luga- 
res húmedos y que se emplean, sobre todo las que tienen 
tallos largos, a guisa de cuerdas para atar los sarmientos de 
las vides, y para hacer lazos, si bien, como nota Reiche, no 
son muy resistentes. El acento parece vacilar en esta voz; 
preferimos el agudo, que tenemos por el más corriente. 

Los lexicógrafos chilenos están de acuerdo, como no puede 
menos de ser, en que tal voz es araucana; aunque discuerdan 
en la manera de interpretarla. «Será araucana, pero no la co- 
nozco», me escribe el F. Augusta. 

Lleuque. ra. (Podocarpus anilina] 

Árbol de la familia de las Taxáceas, de hojas tiesas linea- 
les, puntiagudas en los extremos, lustrosas en la cara supe- 
rior, glaucas en la inferior y con el nervio medio muy salien- 
te; inflorescencias femeninas axilares; semilla verde drupácea, 
globosa. 

Su madera es estimadísima para muebles y entablados. 

•<E1 lleuque... los frutos están dispuestos en pequeños raci- 
mos, y parecidos eu forma y tamaño a pequeñas guindas y 
tienen una carne comestible. > Philippi. 

Sin duda]de origen araucano, aunque fallaba la voz en los 
diccionarios, que está ahora en el del P. Augusta: Uaike. En 
cambio, nota Román, se le ve en algunos nombres toponímicos». 

Llucllucha. f. 

«Planta de la familia de las nostoquiuas, que son unas ge- 
latinas orgánicas que encierran glóbulos o hilos, sencillos o 



DE LOS REIJÍOS ANIMAL Y VEGETAL 83 



ramoso?, continuos o articulados. El UucUitcha o cassuro 

[ue s en el Perú, se usa como alimento. 

(Philippi). » Romau, quien advierte que la voz es quichua: 
Uulluehha: ova de los charcos. Torres Rubio. 



M 



Macha, f. [Solen macha). 

«La macha, cuya concha tendrá de seis a siete pulgadas de 
largo, está variamente pintada de celeste y de pardo i Molina. 
Molusco comestible, conocido con este nombre araucano desde 
los primeros tiempos de la conquista, pues se le encuentra ya 
citado en la Relación del viaje de Cortés < >jea al Estrecho de 
Magallanes, en 1557; y lo han recordado después Rosales. 
Núñez de Pineda y Gómez de Vidaurre, quien se expresa así: 
«De este mismo género hay otras que llaman machas..., aun- 
que gustosas, son duras y su figura es longitudinal, porque 
tienen de cinco a seis pulgadas de largo, y ocho a nueve li- 
ueas de ancho, por lo que algunos las llaman navajudas.? 

Tiene este molusco semejanza con el que el Diccionario lla- 
ma navaja. La voz es araucana: macha, que Febrés traduce: 
«cierto marisco. >■ 

Lenz, n. 785. Román, que copia la descripción de Gay (Zoo- 
logía, t. VIII. p. 3i 

Machuelo, m. [Clupea maculata). 

Pez de color azul verdoso por el dorso, con tintes dorados y 
manchitas verdes poco marcadas; «la parte superior del vien- 
tre y los flancos son de un blanco plateado, con unas veinte 
manchas grandes, verdes, y de forma mas oblonga; las aletas 
son uniformemente morenas; pero la dorsal y la caudal tienen 
un viso dorado, sobre todo la primera. Longitud total: llegaa 
un pie.» Gay. 

Madi o Melosa, f. y m. (Madia mellosa). 

El madi es planta anua de la familia de las siuanteras. su- 
borden de ¡as tubilifloras: sus tallos, que alcanzan a tres o 
cuatro pies de alto, son velludos, revestidos de hojas oblongas, 



S4 V0I Eís CHILENAS 



también velludas, muy viscosas; sus flores son amarillas y 
nacen en lo alto del tallo. 

«El madi o la melosa, muy común en todo Chile. Las semi- 
llas dan un aceite muy bueno para la comida. Philippi. «El 
mantenimiento ¡de los indios] es harina de trigo, cebada o 
maíz tostado, mezclada con madi, semilla sabrosa, la cual es 
todo su matalotaje o cocaví, como ellos le llaman.» Nájera. 
También tenía la tierra muy buen aceite, que se hace de 
una semilla llamada madi, y es de muy buen sabor, aunque 
ya se saca muy poco, porque el de olivas ha llenado la tierra.» 
Ovalle, «El madi es una semilla que da una yerba de media 
vara de alto, y molida la semilla da un aceite tan bueno y tan 
gustoso para comer como el de oliva.» Rosales. Xúñez de Pi- 
neda emplea la forma made, v. g., en este pasaje, que cito es- 
pecialmente porque en él aparecen también las voces frutilla, 
quínua y uminta, que hoy llamamos invariablemente urna: Lo 
segundo que me pusieron delante, fueron dos zurrones de fru- 
tilla seca y bien pasada, y otros dos de harina tostada de maíz, 
revuelta con quínua y made, con unos bollos en medio de poro- 
tos, linaza tostada y otras legumbres gustosas de que ellos usan 
por regalo, dos docenas de rosquetes de huevos y otras dos de 
panes de maíz, que llaman umintas y nosotros tamales...» 
Pag. 288. El madi es una planta de cuya semilla se saca un 
aceite bueno para comer » Molina. Tal voz araucaua ha sido 
empleada también en poesía por Pedro de Oña (Arauco do- 
mado, cauto XIII): 

Sararí míe piñones, avellanas. 
Frutilla seca, madi enharinados, 

con la siguiente nota respecto al significado de tal voz arauca- 
na: '¡Madi es una semilla uegra, que seca y molida se hacen 
de ella unas bolas envueltas en harina; son de gran regalo y 
sustento para los indios.» 

Lenz, n. 789. Román, III, p. 383. 

Militen, m. (Maitenus hoaria). 

«A esta pequeña familia [Colastriniae) pertenece nuestro 
maitén, árbol de los más hermosos.» Philippi. «El maitén es 



M LOS REINOS ANIMAL V VEGETAL 85 

muy pomposo, de linda y apacible sombra, la hoja semejante 
al sen... Rosales. El maitén es un árbol hermosísimo y 
siempre verde...: las muchas ramas que arroja forman una 
bellísima copa; sus hojas, ya contrapuestas y ya alternativa?, 
son dentelladas y punteadas por ambos extremos, espesísimas, 
de un verde alegre y brillante...: lleva unas flores raonopéta- 
las, en forma de campanillas y de color de púrpura, pero tan 
pequeñas, que no se distinguen a muy corta distancia... Mo- 
lina. <E1 maitén es un árbol de copa muy hermosa, la hoja 
de un verde desmayado, que nunca se le cae...; es tenido por 
el sen.» Olivares. Descríbelo también Alcedo, y don Andrés 
Bello lo ha celebrado en poesía: 

le, en vez del movimiento 
ile políticos vaivenes, 
susurrar óyese el viento, 
entre robles y maitenes. 

Y Vial Solar en su obra citada (p. 33:) 

El maitén que en sus ramas retenia 
al ave desalada y pasajera .. 

Su etimología es araucana. 

Leuz, n. 796 y Román III. 389: «La etimología es el 
araucano maghtün o mañtun... No hay para qué advertir que 
el Dice, debe apresurarse a recoger este vocablo con sus deri- 
vados,» que son: maitenal, sitio poblado de maitenes, y mai- 
teneillo (jonidium parviflorum): «subarbusto de pocas pulgadas 
de alto, con flores pequeñas, blancas o rosadas, de la familia 
de las violáceas.» 

Maluco, m. (Psyehropila andícola). 

Algunos escriben maillico o mellico, del araucano mélico. 
«hierba medicinal.» (Febrés). 

En Chile se conocen varias especies de esta planta de la 
familia de las Ranunculáceas, que formau la sección de las 
phychrophila, caracterizada por estar dotada de pedúnculos 
radicales unifloros y hojas con apéndices, que viven en las ve- 
cindades del Estrecho de Magallanes y en las partes elevadas 
de la Cordillera de los Andes; «su raíz, dice Philippi, se con- 



86 VOCES CHILENAS 



sidera como un remedio excelente contia los dolores de estó- 
mago y la neumatosis.» 



, & < - 



Mango. m. (Bromus mango). 

A las acepciones de esta voz que trae el Diccionario conven- 
dría añadir la de la gramínea así llamada, que los antiguos 
indios de Chile cultivaban como cereal y de que hacían una 
especie de pan que llamaban couque. «El mango parece que 
es el único cereal del globo que se perdió completamente por 
[su falta de cultivo; pero parece posible que investigaciones 
posteriores por naturalistas competentes hagan reaparecer 
aquella gramínea interesante.» Y así se asegura hoy. ha su- 
cedido ya. 

Traen esta voz araucana Febrés: «magu, un centeno que 
tenían antes que viniesen los españoles;» y Havestadt. Tam- 
bién (xómez de Vidaurre. 

Lenz, n. 818; Román, III, p. 413, y Cavada, que dice 
que en Chiloé se da este nombre a <una clase de pasto indí- 
gena. >■ 

Manzanillón. m. (Anthemis cotula). 

Planta anual, de tallo ramoso, de olor bastante pronuncia- 
do, aunque desagradable; con cabezuelas solitarias en el ex- 
tremo de las ramas, peduuculadas; de color blanquecino 
amarillento. Maleza sumamente abundante en todo Chile y 
de procedencia europea. 

Reiche, p. 24. 

Mañehue. m. [Fissurella speciosa). 
Mañehue: molusco del género de los escabriones, que se 
llaman mañehues en el sur de Chile, y que tienen una concha 
formada de una tila de ocho piezas con un borde coriáceo. 
Hay en Chile muchísimas especies y muy grandes.» Philippi. 
"Otro género de marisco llaman maftegues y está encerrado en 
dos conchas redondas, de la tigura de los que sirven de modelo 
para los nichos de los retablos.» Ovalle. Con la misma orto- 



PE Los REINOS ANIMA], Y VEGETAL 87 



grafía aparece en Rosales, pero la verdadera es la que dan 
Philippi, Gay, Román y Lenz. n. 823 
Procede del araucano. 

Maiiíu. m. {Sa.regothea conspicua). 

«Árbol de la familia de las Taxáceas, con hojas lineales 
apiculadas, tiesas, cortamente pecioladas, debajo con dos lí- 
neas glaucas separadas por el nervio medio; conos globosos 
del tamaño de un garbanzo, con escamas gruesas y tubércu- 
los afuera. «El maniíi es un árbol de especie de alerce, que se 
halla en la cordillera, pero más correoso; es blanco, oloroso, 
recio y correoso; hácense de él instrumentos músicos muy so- 
n >ros, como son vihuelas, arpas...» Rosales. «El mañiu (que 
tal es su ortografía correcta,) crece desde el Nuble para el 
sur.» Philippi. 

De evidente procedencia araucana, aunque tal voz no se 
registraba en los léxicos, hasta ahora, que se halla en el del 
P. Augusta. 

Lenz, n. 825. Román dice: «No necesitamos recomen- 
darlo a la Real Academia, sobre todo si toma en cuenta que 
la madera de mañiu se anuncia y vende públicamente en 
todo Chile.» También recomienda este autor la voz mañigal, 
sitio o lugar poblado de mañíus. 

Maqui. m. (Aristotelia maqui). 

«El maqui es un arbolito siempre verde, de diez a doce pies 
de alto, rollizo, lampiño, con cascara lisa; las hojas son opues- 
tas o sub-opuestas, aovado lanceoladas; las llores son de un 
amarillo bajo, completas, dispuestas en racimito en la axila 
de las hojas; el fruto tiene de dos a tres líneas de diámetro; 
es redondo, liso, muy morado...» Gay. 

«Otros árboles se llaman maques y son muy hermosos y 
frescos.» O valle. «El maque es árbol mediano y de corteza 
lisa, la hoja como la morera, algo más gruesa y glutinosa.» 
Rosales. Y en tal forma en la generalidad de los cronistas; si 
bien Molina escribe maqui, que es la única en que hoy se co- 
noce. El nombre se aplica al árbol, cuya corteza y varillas se 
emplean en industrias domésticas, y a su fruto, que se usa 



88 VOCES CHILENAS 



como astringente en medicina casera y en la preparación de 
los vinos para darles color. Al fruto propiamente es el que 
llaman los indios maqui, voz que ya en tiempo de Febrés se 
consideraba incorporada al castellano. 

Zerolo y el Diccionario de la Academia (décimatercia edi- 
ción) acentúan malamente la voz; en la última se ha suprimi- 
do, y debe, pues, restablecerse bajo su verdadero nombre y 
significado. 

Lenz, n. 828.; Román, III, p. 431. 

Matapiojo. m. [Libellula). 

«El neuróptero llamado en otras partes doncellita de agua.» 
Philippi. «Feo es el nombre de matapiojos, dice Román, pero 
tiene el uso de Colombia y de Chile por lo menos; por lo cual 
convendría aceptarlo.) «El insecto perfecto es el ser más ino- 
fensivo que cabe; no tiene armas de ningún género y no es 
raro verlo envuelto entre los despojos que la araña amontona 
en su tela. Es, en su forma general, como un matap/ojo...» 
Medina, opúsculo citado. 

Mate. m. 

No se trata bajo este nombre de la yerba mate [Ilex para- 
guayensis), ni de la bebida que de ella se prepara, así llama 
da, sino de «una calabaza, que llamamos mate en las Indias, 
como observa el P. Ovalle, que, ya entera, o ya partida por 
medio, se usa entre nosotros, especialmente en los campos, a 
modo de vasija para acarrear el agua, o para vaciarla de un 
tiesto a otro. 

Marinero, m. (Rhyephenes) . 

Insecto. «El género marinero, particular a Chile, puede es- 
conder su pico bastante largo en un surco del esternón entre las 
caderas, y tiene los pies anteriores mucho más largos que los 
demás. Se les ve andar lentamente en el tronco de los árbo- 
les, en cuyo interior viven las larvas.» Philippi. Su nombre 
les viene, indudablemente, de la costumbre que tienen de ir 
subiéndose por los troncos de los árboles. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 89 



Matico. m. (Piper angustifolium). 

El Diccionario de la Real Academia hace esdrújuia esta 
voz, acento que Ortúzar condenó ya como falso. 

Parece queadicha planta alude el Inca Garcilaso con la que 
llama matecllu. Sería, entonce?, de procedencia quichua. 

Mayu. m. (Edwardsia chilensis). 

Árbol de la familia de las Leguminosas; de poca altura, que 
crece especialmente en los montes de la costa de Chile, con 
hojas siempre verdes y llores amarillas muy vistosas. Rosales 
lo califica de hierba: «Y para lo mismo sirve la yerba que lla- 
man mayu.» Pero no así Molina: «... las cortezas y las hojas 
del mayu sirven para hacer una muy buena tinta de escribir 

Seguramente, y así opina también el P. Augusta, que la 
voz procede del araucano, aunque no se halla en los léxicos. 
En el sur los indios llaman a este árbol traftrafon. 

Lenz, n. 842; Román, III, 465. 

Melón, m. 

Escrito: «el que tiene la corteza llena de señales o rayas a 
manera de letras.» Cita de Román, que completaremos di- 
ciendo que tal especie es particularmente apreciada por lo 
dulce, jugosa y sabrosa; su carne tira al verde pálido. 

Limenso: Muy pequeño, casi del tamaño de una lima, de 
donde su nombre, que Román no quiere que se acepte por 
considerarlo como corrupción de limenso, oriundo de Lima en 
el Perú. Es sumamente oloroso, amarillo, con vetas verdosas, 
y madura muy temprano. 

También se conoce en Chile el ají limenso, que algunos han 
creído ser de una clase especial; pero no hay tal, pues su 
nombre se le aplica porque se envasa en una calabacita muy 
pequeña, parecida al melón limenso. 

A mi entender, el vocablo procede de lima, a la cual se ase- 
meja esta fruta en el tamaño, la forma y la fragancia. 

Melonhue. m. 

Nombre usado especialmente en Chiloé y que se da a cier- 
tos moluscos gastrópodos del género trochus, de color muy 



90 VOCES CHILENAS 



oscuro. Viene del araucano múlon, caracoles del mar, y hue, 

lugar: sitio en que abundan los caracoles, pasando asi del 
todo a la parte. Román y Cavada. 

Mero m. [Dasycephala lívida). 

Nombre que se da en Chile a una avecilla algo más grande 
que el zorzal, del araucano ywru, que los españoles hemos 
convertido en mero, como el pez así llamado en la Península. 
I)-.- pajarillos hay, entre otros, en que tienen depositados 
sus agüeros y abusiones estos indios, y cada uno es pequeño 
v del tamaño de un zorzal; el primero se llama mrru, de color 
pardo...- Rosales. 

Lenz, n. 870; Román, que cita el mero de la cordillera. 

Michay. m. [Berberís). 
El michay, amarillo, y de flor muy fragante...» Córdoba y 
Figueroa. Mencionan también este arbusto, Carvallo, Gay y 
el doctor Muriilo. Lenz, n. S77, dice: «Del fruto los indios se 
aprovechaban para una chicha, que todavía se hace en Nuble; 
infusión de hojas y frutos se usan contra inflamaciones; la 
raíz y la corteza para teñir de amarillo...» 

Su etimología es araucana, muchay, con el valor de n fran- 
cesa, de donde el vulgar michay, que Román no acepta, en vista 
de que Philippi advierte que tal planta es el bérbero español; 
pero, ciertamente que se trata de especie diversa, tanto, que 
en Chile tenemos más de veinte, y pues que con tal nombre 
es conocida entre nosotros, consérvese el vocablo por lo menos 
como chilenismo. 

Miñiiiniííi. m. [Rubus neoides). 

Nombre que en Chiloé se da a una especie de zarza de 
«tallo herbáceo, rastrero, hojas trifolidadas y frutos verdes o 
amarillentos, gustosos; única especie indígena, que se cría 
desde Valdivia hasta Magallanes.» Philippi. 

Román, que le da una etimología araucana, aunque advier- 
te que tal voz no la traen los diccionarios. 

Véase la voz meñu-pirtt en el del P. Augusta. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL " '.'] 



Mitahue. m. 

Llámase así al fruto de la planta silvestre conocida general- 
mente con el nombre de pitra. Véase esta voz. 

Del araucano mi'dha, cosa burda, y hue, partícula de abun- 
dancia. Así Román. Véase meta o mechan, en el Diccionario 
del P. Augusta. 

Mitihue. m. [Euxenia mitique). 

Arbusto de la familia de las Sinanteráceas, suborden de las 
tubil i floras, de que se conocen dos especies peculiares a Chile, 
ambas fruticosas y que se emplean para combatirla gonorrea. 
Varían los autores en cuanto a la grafía de esta voz; unos 
quieren que se diga mitríu, otros mitique; mas cercana a su 
probable derivación araucana, parece la que empleamos, que 
es también la que Román dice haber oído. 

Molinera, f. [Upucerthia nigrofumosa). 

Avecilla de color café obscuro, con manchas blancas en el 
pecho, que vive a orillas de las corrientes de agua, y cuyo 
nombre le viene, por tal circunstancia, de hallársele con fre- 
cuencia en las careabas de los molinos. Dásele también el de 
churrete por la manera con que defeca, bajo cuyo nombre abo- 
ga Román porque se admita: prefiero el que apunto. 

Mollaca. f. 

Del quichua molle y ákca, chicha, a causa que de este fruto 
del quilo se hace una de las clases del licor así llamado. Es voz 
que se usa en las provincias del norte de Chile, aquellas que 
las primeras y más profundamente sufrieron la influencia in- 
cásica. 

Leuz, n. 901, y Román, III, p. 532. 

Mollar, adj. 

Se conocen en Chile el higo y la uva mollar, según lo notó 
Román. 

Molle. m. (Schiiuís latifolius) 

Arbusto peludo o tomentoso, con ramas viejas morenas, de 



'.ti' VOCES CHILENAS 



la familia de las Anacardiáceas; hojas subcoriáceas o membra- 
nosas, con la Iaminia ovalada, u ovalado-oblonga, obtusa o un 
poco aguda y el borde irregularmente aserrado-dentado; inflo- 
rescencias axilares o extra-axilares, frutos violáceos. 

1 >tra bellida hacen del que llaman huigán y los españoles 
molle, que es del color y figura de pimienta...» Ovalle. «El 
mollt es un árbol que se cría con mucha lozanía en estas pro- 
vincias; es de moderada estatura y esparce mucho las ramas, 
vestidas de menudas y prolongadas hojas, como el lentisco, y 
nunca las pierde... >■ Rosales. «El peumo es fruta gustosa, el 
maque, el molle... aplican para sus bebidas los indios...» Cór- 
doba y Figueroa. «En lo restante del reino se encuentran... 
el molle...» Molina. 

Este árbol es diverso del que procede del Perú (Schhiu* 
molle) llamado vulgarmente en Chile pimiento, que han des- 
crito y celebrado Cieza de León y Alcedo, entre otros. El ori- 
ginario de Chile lo recuerda Pedro de Oña en su Arauco do- 
mado (canto XIII): 

Y en copas de madera no medianas 
Les dan licor de molle regalado... 

Su etimología es quichua: mulli. 

Lenz, u. 902. Román, que trae una larga cita del Inca Gar- 
cilaso sobre el árbol peruano de este nombre, pide que el Dic 
cionario incluya la voz con las acepciones correspondientes a 
las dos especies. 

Monroy. m. 

«La sphinx cestri es común en Chile. Su oruga la llaman 
monroy». Philippi. Vive en el palqui. «Como el nombre mon- 
roy, dice Román, es de uso general en Chile y hasta los mis- 
mos naturalistas lo aceptan, porque, según parece, esta oruga 
es exclusivamente chilena, debe también el Diccionario aco- 
gerlo en sus columnas.» 

Mostazal, m. 

«Terreno poblado de mostaza. Hace falta esta voz en el 
Diccionario.» Román. Usóla el P. Alonso de Ovalle: «...he 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 93 

andado muchas leguas por mostazales, que cubren los hom- 
bres a caballo, donde nidifican las aves y se crían pájaros.» 

Mi residencia veraniega se halla en los lindes del pueblo de 
San Francisco del Mostazal. 

Mote. m. 

Román observa que la definición del Diccionario sólo com- 
prende el mote di maíz, y que faltan el mott dt trigo (el mas 
usado de todos); el mote di ahada (que corresponde de cerca 
al farro castellano); y el mott sancochado, sin otros menos 
acostumbrados. 

Muermo, m. [Eucryphia cordifolia). 

«Muermo, en Chiloé, ulmo, en Valdivia, es un árbol muy 
grande que da excelente leña y madera buena para varios 
usos.» Philippi. 

Tiene este árbol las «hojas cortamente pecioladas, oblongas, 
acorazonadas, lustrosas por encima, blanquizcas por debajo, y 
flores blancas de casi dos pulgadas de diámetro; su madera es 
bastante buena, y se busca principalmente para reme-; su 
leña, excelente para quemar; la corteza sirve para curtir, etc.» 
Philippi. 

Lenz, n. 914, cree que el nombre es seguramente araucano, 
aunque no figura en los diccionarios, si bien se pregunta si 
hay contaminación con castellano muermo.» 

Los indígenas llaman núlnu al ulmo. 

Mulita, f. [Hydrometra). 

«Las hydrometra, que llaman mulitas en Chile, de cuerpo 
alargado, con patas largas, corren en la superficie del agua, 
corno si ésta fuese un cuerpo sólido, para cazar los insectitos 
de que se alimentan.» Philippi. 

También se da el nombre de mulita, que trae ya Alcedo, a 
una especie de los armadillos. 

«...el geris chilensis anda y corre sin sumergirse en el 
líquido elemento... Mulitas los llaman en Colchagua, y en 
realidad que justifican su nombre, porque por los grandes 
grupos que forman y el color café obscuro de su cuerpo, son 



'••4 VOCES CHILENAS 



cual las recuas que el arriero conduce por los caminos al 
sonoro toque del cencerro.» Medina, Los insectos enemigos en 
Chile, apud Sud- América, p. 719. 

Román observa que el diminutivo de muía es en castellano 
muleto, ta (mulo pequeño, de poca edad, o cerril). 

Multiflor. i. 

El Diccionario consulta el adjetivo multifloro. En Chile 
tenemos el sustantivo multiflor (que el vulgo pronuncia mala- 
mente mutiflor), nombre que se da a un rosal de los trepado- 
res, de flores de diversos colores, blancas, amarillas y rojas, 
según la variedad, y a la flor misma. < Parece ser, observa 
Román, la misma planta que Pichardo llama en Cuba miltlo- 
res y milrosas, nombres que tampoco aparecen en el Diccio- 
nario, 

Murtillo. m. (Ugni Molinae). 

«El murtillo (de la familia de las Mirtáceas) es un arbusto 
bajo, siempre verde y de crecimiento social en las provincias 
desde Maule hasta Llanquihue y Chiloé. Sus frutos, las mur- 
tillas... son bayas de color purpúreo claro, que en un lado tiía 
al blanco... El sabor de la pulpa blanca es dulce, aromático, 
recordando un tanto la trementina. Esta fruta, que sazona en 
los meses de marzo y abril, es una de las más deliciosas del 
país y de gran consumo en las provincias respectivas...» 
Reiehe. 

N 
Nalca. f. 

Hablando del pangue, dice Philippi: «Sus pecíolos o ñateas 
se comen crudos, sirven para hacer helados y son muy refres 
cantes.» 

Procede esta voz del araucano, que Febrés traduce: «lo que 
se come del pangm 

Lenz y Román tráenla también. 

Naranja capuchina, f. 

«Una variedad notable, expresa Philippi, es la naranja de 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 95 



las capuchinas o de Lima, que tiene el fruto muy pequeño.» 
En Chile se destina especialmente para dulce. El nombre que 
se le da proviene, quizás, de que la primera planta, de donde 
han debido propagarse las demás, hoy relativamente vulgares, 
se cultivó en el huerto de las Monjas Capuchinas de Santiago. 
No es, evidentemente, la misma especie definida por el Dic- 
cionario con el nombre de mandarina (conocida también entre 
nosotros) o tangerina, porque ésta, aunque también pequeña 
y aplastada, tiene la cascara gruesa. 

Dase, asimismo, el nombre de capuchino al naranjo que la 
produce. 

Trae la voz Román. 

Natri. m. (Solanum tomatillo). 

Arbusto muy usado en la medicina casera por sus cualidades 
autifebrífugas, citado sólo por los botánicos modernos, si bien 
su nombre araucano indica que fué conocido por los indígenas. 

El natri, solanácea, «de dos o tres metros de alto, pubescen- 
te, con hojas mucho mayores, aovadas, oblongas, puntiagu- 
das, abunda en las provincias del centro y sur de Chile.» 

Lenz, n. 927. 

«No hay duda, dice Román, que debe ingresar en el Diccio- 
nario oficial. 

Xntru. m. [Embothrium coccineum). 

«Árbol mediano, de la familia de las Proteáeeas, de hojas 
oblongas o lineares, muy enteras; flores numerosas, de un rojo 
vivo, dispuestas en pequeños corimbos flojos. Se cría desde el 
estrecho de Magallanes hasta el grado 35 latitud sur, y sena 
de gran ornato para cualquier jardín. Su madera es buena 
para obras de ornamento, y el decocto de sus hojas sirve en 
las afecciones glandulosas.» Philippi. 

t...notru, ciruelillo, con flores numerosas, del color escarlata 
más hermoso.» Philippi. Córdoba y Figueroa le menciona con 
el nombre de notul: pero Philippi y Murillo con el de notru; 
Lenz, n. 936, con el de notro, y así también Román. Preferi- 
mos la forma más usada y que corresponde de cerca a su eti- 
mología araucana notu o nothu. 



'.Hi VOCES CHILENAS 



Nuco. ni. [Otus braehyotus) 

El nombre indígena de esta ave de rapiña nocturna, pare- 
e-ida a la lechuza, es nucu, que hoy, españolizada, se dice sólo 
nuco Con tal forma le citan ya los antiguos cronistas; por 
ejemplo, Córdoba y Figueroa: «También previno la naturale- 
za que hubiesen algunas nocturnas, como... el nuco, que canta 
en melancólico metro»; y Olivares: «El nuco y el chonchón, 
aves semejantes a las lechuzas en color y figura, y aborrecen 
la luz.» 

Lenz, n. 937, y Román, que copia in t vtenso la descripción 
que de este pájaro trae Gay. 



N 



Ñ'anculahiién. m. {Linum aquilinum). 

Vuélvese a presentar en esta voz la duda de si debe escri- 
birse con n o ñ y con o o u. Si en araucano es ñamculahuén 
(lo que nos ofrece todavía una tercera variante), cambiada 
sólo la m en n, debemos preferir la forma con que damos el 
nombre de esta hierba, llamada también retamilla éntrelos 
españoles. Está su descripción en Molina, quien dice que su 
significado indígena es el de «yerba medicinal del águila»: 
«arroja unos vastagos ramosos, con hojas alternadas, aguzadas 
v pequeñas, y lleva unas flores amarillas compuestas de cinco 
pétalos, asidos de dos en dos a un piececillo común, y su pis- 
tilo pasa a ser una cápsula membranosa y pentágona, que 
coutiene varias semillas pequeñas. Los naturales emplean 
esta planta con buenos efectos en las fiebres intermitentes...» 

Lenz, n. 946: ñaneolahuén. Román, lo mismo, pero quiere 
que en su lugar se diga retamilla. 

Nilhue, m. 

El nilhue es planta anual, lechosa, con las hojas abrazado- 
ras espinosas y dentadas; las flores amarillas, liguladas, y las 
cabezuelas corimbosas. Esta maleza y otra especie llamada 
okracem, son comunes en Chile y se consideran de proceden- 
cia europea, por más que su nombre vulgar sea netamente 



1>K Les REINOS VNIMAI. Y VEGETA1 97 



araucano.- Reiche. Las malezas qm invaden los 
( hile, p. 15. 

La Jacohaea Leucantemí de Molina, de la cual dice: El Pa 
dre Feuillé, cuya memoria sera siempre grata a los chilenos, 
describe difusamente un gran número de plantas medicinales 
del reino de Chile, y entre las muchas que representa con la 
mayor exactitud en bellísimas láminas, se encuentran elegan- 
temente descritas la pichoa... y el nilhue, del cual usan mucho 
para purificar la sangre.» Leuz prefiere la forma nilhue, que 
en todo caso, cualesquiera que sean las variantes ortográficas 
de tal nombre, la más corriente es la que emplea la ñ, mas 
ajustada a la etimología araucana, que sin duda le correspon- 
de. Así también Pérez Rosales: El nilhue, que sube a la altura 
de un hombre a caballo, ostenta un tallo tierno y jugoso, de 
dos pulgadas de diámetro...» 

Estimando Román que el nilhue corresponde a la cerraja 
española, no quiere que se admita aquella voz; pero, ¿porqué 
no, si su nombre araucano prueba que era conocido en Chile 
por los indios y con él le designan en el país? 

Ñipa. f. {Escallonia Minuta). 

«La ñipa es un arbolito que crece como un estado y a veces 
estado y medio.» Rosales. Pertenece a la familia de las Saxi- 
Eragáeeas. Entre la gente culta se le da el nombre de verraco, 
por el fuerte olor que despide. En terrenos cultivados (de lo 
que soy testigo) adquiere un desarrollo extraordinario. 

Leuz, n. 962. Román no acepta la voz, suponiéndola equi- 
valente a la ñipa, que trae el Diccionario, pero no ha tenido 
presente que esta última corresponde a la familia de las pal- 
mas, que ni de cerca se aproxima siquiera al arbusto chileno 
de que se trata. 

Ñire. na. (Fagus pumilió). 

«Árbol de veinte metros de altura, pero que se muestra en 
forma de arbusto en las inmediaciones de las nieves eternas. 
Las flores masculinas, así como las femeninas, son solitarias; 
las hojas son elípticas, obtusas, profundamente aserradas, con 
los dientes obtusos, bífidos.» Philippi. 

5 



98 VOCES CHILENAS 



Tanto este autor como Gay, escriben ñirre, pero la forma 
correcta es la que da Lastarria, ñire, que es con la que todos 
le conocen en el sar, como observa Román 

Es indudablemente araucana, aunque no se baila en los vo 
cabularios de esa lengua, y parece muy aventurada la etimolo- 
gía de gñrü, zorra pequeña, o gñren, que le señala ese último 
autor. El P. Augusta tiene la voz por araucana, aunque no la 
lia oído a los indígenas. 

Ñocha, f. [Bromelia Landbecki). 

Hierba chilena de la familia de las Bromeliáceas: «Las ho- 
jas casi desprovistas de espinas, las espigas paucifloras, el ca- 
li/, blando, las flores blandas, frutos insípidos. Las hojas sir- 
ven para hacer sogas, canastos, etc. En los montes de Valdi- 
via. » Philippi. 

La etimología de la voz es araucana, que Febrés traduce 
hierba de que hacen sogas. » 

1 Joman y Lenz. 

Ñuño. m. [Sisyrinchium), 

Planta de la familia de las Irídeas, «de que hay muchas es- 
pecies en Chile conocidas en el campo con el nombre de huil- 
mo y ñuño. Las raíces, que son fibrosas o fasciculadas, son 
bastante drásticas, y se pretende que las especies con llores 
rosadas son muy dañinas para los animales vacunos.» 

Adviértase que otros dicen ñuño, (bajo cuya forma la trae 
Román), voz derivada del quichua nuñu, mamar, según lo ad- 
vierte el Inca Garcilaso en sus Comentarios Reales. Román 
cree que de ella se formó el araucano nui/u. que Febrés tra- 
duce «chupones que se comen.» 

Pretiero la forma vulgar ñuño, que se conserva en el topo- 
nímico Ñuñoa, barrio suburbano de Santiago, que así se lla- 
maría por abundar en tiempos pasados allí esa planta. 

O 

Olivillo. m. [Kageneckia angustifolía). 

Diminutivo de olivo, nombre que se da en Chile a un ar- 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 99 



bolillo de dos a tres metros de altura, de la familia de las Ro- 
sáceas, que, según aserto de Philippi, es el que más se aproxi- 
ma a las nieves eternas. Tiene las hojas lineales-oblongas, o 
cuncado-lineales, agudas, rígidas, fuertemente aserradas, pe- 
gajosas cuando nuevas, hasta de siete centímetros de largo y 
uno de ancho. 

Román, que corrobora lo dicho con la siguiente cita de Ros- 
sel ((ritia de Concepción): «su madera engruesa poco y crece 
muy derecho; se emplea en cercos.» 

También se da en Chile el mismo nombre de olivillo a un 
árbol del sur del país, que se conoce igualmente con el de 
tique. Es el Aaextoxicum punctatum, de la familia de las Eufor- 
biáceas, descrito que fué primeramente por los botánicos es- 
pañoles Ruiz y Pavón. 

Oreganal, m. 

Sitio plantado de orégano; lugar donde abunda esta plan- 
ta. Falta esta voz en el Diccionario.» Román. 

Oreganillo. m. [Gardoquia Tüliesi). 

Arbusto de la familia de las Labiadas, velloso, con ramas 
rojizas; hojas pequeñas, lineares-oblongas u obovaladas, ob- 
tusas y angostadas hacia la base en pecíolo, enteras, borde 
encorvado, glabras y coriáceas; cáliz tubuloso de sépalos tu- 
bulados, corola un tercio mayor que el cáliz, peluda y roja. 

La trae Bertero en sus Plántete rariores, publicadas por A. 
Colla. 

Oveja, f. 

El Diccionario al hablar de esta voz en su tercera acepción, 
dice: «Chile. Llama, 3. cr art.», esto es, que en Chile se deno- 
mina así a la oveja; información del todo inexacta, y tanto, 
que son contadas las personas que entre nosotros han visto 
siquiera ese cuadrúpedo peruano y boliviano en algún jardín 
zoológico. Debe, por tanto, suprimirse, como ya lo pidió 
Román. 



1(1(1 VOCES ■lili ENAS 



Paguacha, i'. 

Nombre que se da a cierta especie de melón invernizo, de 
color verde y carne amarillosa, de tamaño mediano y achata- 
do; y se aplica también a una de calabazas de forma parecida. 

Viene del araucano pahua, que se dice de la hernia. Traen- 
la Lenz, (u. 989, cuarta acepción) y Román; pero este último 
autor no la considera que merezca ser aceptada en el Diccio- 
nario, y la escribe con g. 

Faico. m. 

Está en el Diccionario como chilenismo, sinónimo de pazoü , 
voz americana». Adviértase que es quichua. 
Del palco se extrae la paicolina, voz que «merece ser admi- 
tida en el Diccionario.» Román. 

Palhuéll. m. (Adesmia ahorca) 

Arbusto de la familia de las Papilioneáceas, tribu de las he- 
disáreas, «muy espinudo, de seis a ocho pies de alto, común 
en las provincias centrales» (Philippi), al que se da también el 
nombre de espinilla. Otros escriben palhitel, pero debe prefe- 
rirse como más general la que termina en >?, por ser también 
mas próxima a su derivación araucana, que es netamente tal, 
aunque no se halla en los vocabularios indígenas. 

Traen esta voz Lenz y Román. 

Palometa, f. (Caranx georgianus). 

Pez comestible de las islas de Juan Fernández, parecido al 
jurel. 

Pal pallen, m. (Senecio denticulatus). 

Arbusto de la familia de las Sinantéreas, suborden de las 
tubilifloras, «que puede alcanzara dos metros y más de altu- 
ra, con hojas aovadas, dentadas, más o menos cubiertas de un 
vello blanquecino, y corimbos multifloros de cabezuelas radia- 



DE LOS KE1NOS WIMAI. V VEGETAL 101 



das, amarillas Se cría desde Rancagua hasta Río Bueno.» 
Philippi. 

Es araucana la etimología de esta voz, (palpalén) aunque no 

se registra en los diccionarios 

Palpi. m. (Calceolaria thyrsiflora). 

Arbusto de la familia de las Escrof ularíneas, «de unos trein 
ta centímetros de alto, con hojas angostas, casi lineares, aseria 
das y flores amarillas, dispuestas en un tirso alargado. Se hallív 
en las provincias de Coquimbo, Santiago y otras.» Philippi. 
Sus hojas son muy dulces. 

Su etimología, advierte Román, «puede ser el araucano pal. 
palo mediano, y púd, cosa espesa y también desparramada.* 

Palqui. m. 

Aunque admitido en el Diccionario, falta darle su etimolo- 
gía, que es araucana, y añadir a la virtud que se le señala, 
que sus raspaduras se emplean como sudorífico y la planta 
para hacer jabón. 

Debería incluirse también, como lo indica Román, su de- 
rivado palquial, m , sitio poblado o abundante de palquis. 

Pallar, adj. y ú. m. en pl. pallares. (Phaseolus pallar). 

Cierta clase de fréjoles conocida con este nombre en Chile 
y la Argentina (Catamarca) y procedente, según se dice, del 
Perú, en cuya lengua quichua así se llama en efecto. Con el 
mismo nombre le cita también Molina, que le señala como 
muy notable por el tamaño de sus granos, que son de cerca 
de una pulgada. 

Leuz, u. 1004, y Román, que trae el siguiente pasaje del 
Inca Garcilaso, citando al P. Acosta: «Yo no he hallado que 
los indios tuviesen huertos diversos en hortaliza, sino que cul- 
tivan la tierra a pedazos para legumbres que ellos usan, como 
las que llaman frisóles y pallares, que les sirven como acá gar- 
banzos y habas y lentejas.» La voz ha entrado en la última 
edición del léxico oficial y sólo resta advertir que se usa más 
en plural y que su etimología es quichua. 



1 ( l"_? VOC] S .11 [LENAS 



Pangue, m. [Gunnera ehilensis). 

«... planta sin tallo, pero cuyas hojas alcanzan a veces a un 
tamaño extraordinario; los pecíolos se comen bajo el nombre de 
ñatea, y la raíz muy gruesa, que contienen mucho tanino, se 
usa para varios objetos.» Philippi. «Planta grande, sin tallo, 
muy áspera; las hojas largamente pecioladas, a veces enormes, 
de uno y medio metro de diámetro, orbiculares, lobuladas; de 
su centro nace un bohordo cilindrico, que lleva muchas espi- 
gas de tlores; el fruto parece una pequeña drupa, porque el 
cáliz se vuelve carnoso, el pangue es muy común en los luga- 
n- pantanosos, a lo largo de los arroyos, etc.» 

Salía yo cada día en un barquillo que allí tenía, y iba el 
río arriba, de cuyas riberas traía cantidad de pencas de áspera 
comida, de unas grandes hojas mayores que adarga de una 
yerba llamada pangue, cuyas raíces sirven allá a los nuestros 
de zumaque, para curtir los cueros.» González de Nájera. «El 
pangue, bien conocido por sus hojas, que son tan grandes, 
que] pueden servir de quitasol, se da en los cenagales como 
unas cepas gruesas.» Rosales. «La raíz de aquella planta vivaz, 
que los indios llaman élpanlce..., da un color negro bellísimo.» 
Molina. Forma que se cambió por la que tiene actualmente, se- 
gún lo notó ya Carvallo: «en lengua del país, corrompido 
pangue, que debía ser panqué.» Pangui escribió Peres Rosales: 
«La hoja de nalca o pangui, como la llaman en el norte, exce- 
de en tamaño los límites de la ponderación en Llanquihue...: 
una de las hojas midió tres varas y cerca de cuarta de diáme- 
tro...» 

Celebrada también en su Pitrén Indómito por Alvarez de 
Toledo, canto XIX: 

Allí se vio después desamarrado 

Y a una india taparle el cuerpo todo 
Con las hojas del pangue, de manera 
Que nadie no le vio desde acá fuera. 

Mas él bien vido a todos claramente 
Desde el pantano adonde oculto estaba 

Y cómo por el rastro aquella gente 
Entre los mismo pangues le buscaba. 

De pangue se ha formado pangál: sitio donde viven agrupa- 
da- muchas de esas plantas. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL L 03 



Abundantísimas noticias de ella lia dado Vidal Gormaz 
en los Anales de la Universidad <l> Chile, t. XLV, p. 594. 
Sostiene con razón que el nombre único que hoy le corres- 
ponde es pangut . 

Leuz, n. 1009, y Román han invocado también la autoridad 
del poeta chileno recordado. 

Panul, m. (Ligusticum panul). 

Nombre indígena de una umbelífera herbácea de la cual se 
conocen por lo menos dos especies en Chile. Hierba lampiña, 
con tallo ramoso, surcado y trifurcado y con umbelas termi- 
nales; hojas pinatisectas con segmentos multífidos, lóbulos li 
neales-agudos; pétalos blancos; fruto ovalado, con dos estilos 
reflejos. Febrés traduce esta voz araucana por apio. 

Lenz, n. 1011, y Román, «nombre que debe ya entrar en el 
Diccionario, es araucano...» 

Pañi!, m. [Buddeleya globosa). 

«Arbolito de unos tres metros de alto, con hojas grandes, 
oblongas lanceoladas, acuminadas, almenadas, arrugadas, cu- 
bierto de un bello amarillento afelpado en la cara inferior; 
flores anaranjadas, dispuestas en cabezuelas globosas, com- 
pactas. Sus hojas son muy vulnerarias, se usan en polvo o 
decocción para las úlceras, etc.» Philippi. 

Viene del araucano pagil, anata medicinal, buena para cu- 
rar hinchazones, desconcertaduras. etc.» 

Lenz, u. 1014, y Román. 

Papa. f. 

Doma, derivado del araucano domo, mujer, o aplicado en 
sentido figurado a la madera que no tiene nudos. Una de las 
muchísimas especies y de las más conocidas y mejores, para 
no citar otras, que se cultivan en Chile. 

Observa Román: «La etimología de papa, no es el latín 
papa, comida, como dice el Diccionario, sino el quichua papa, 
raíz de comer conocida. (Torres Rubio). El Iuca Garcilaso dice 
«que entrellas ¡las legumbres que fructificaban debajo de 
tierra hay una que llaman papa: es redonda y muy húmida, 



]ll4 VOCES CHIL1 N N.8 



v. por su mucha humidad, dispuesta a corromperse presto.» 
ntarioi Reales, parte I, lili. V. cap. V). Como la planta 
es americana y consta que en quichua se llamaba y se llama 
papa, no hay para que buscar su nombre en el latín.» 

Al testimonio de Garcilaso podrían agregarse algunos mas 
sacados de los antiguos cronistas. 

De papa viene su derivado papal, m.. terreno sembrado de 
papas Hace falta, continúa Román, esta voz en el Dicciona- 
rio, pues no se puede exigir a los americanos, que la usan 
casi uniformemente, el que la sustituyan con patatal o pata- 
tar, únicas que él registra.* 

Papilla, f. [Valeriana papilla). 

Como su nombre lo indica, perteuece a la familia de las Va- 
lerianáceas; y el fuerte olor que despide su raíz, al acido vale 
rianico, así la permite clasificar desde el primer momento; su 
raíz es gruesa, carnosa, perpendicular, trasversalmente arru- 
gada. Crece la papilla (diminutivo de papá) en las provincias 
centrales de Chile. 

Pato correntero, m. (Merganetta armata). 

Pato silvestre de Chile, que habita las aguas torrento- 
sas de la alta cordillera de las provincias centrales y que re- 
monta con maravillosa facilidad, de donde le ha provenido su 
nombre. Es notable también por el espolón robusto y agudo 
que tiene en las alas, lo que le ha valido el calificativo de ar- 
matas. El plumaje del macho está matizado con tres listas ne- 
gras en la cabeza. La hembra tiene toda la cima de ésta y la 
mitad anterior de las alas de un gris ligeramente apizarrado. 

Jergón grande (Daflla spinicauda), contrapuesto a jergón 
chico, que también se nombra en Chile. Aquél forma la espe- 
cie más común de las salvajes que habitan el territorio de 
Chile, y su área de extensión comprende asimismo al Perú y 
al Brasil. Pertenece a la categoría de los patos de «cola de He 
cha», por lo puntiaguda que es, con dos rectrices del centro 
filiformes y prolongadas como lanzas, sobresaliendo mucho de 
las demás, por lo que ha recibido el nombre específico de 
spinicauda. Tiene cerca de 50 centímetros de longitud total, y 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 105 



su plumaje es de un moreno bermejo, salpicado de manchas 
negras en el dorso, algo mas claro en la parte inferior del 
cuerpo. 

Juarjual [Anas eristata). 

Pato silvestre de Chile, de mayor tamaño que el jergón 
grande, del que se distingue especialmente por la cresta que 
forman las plumas sobre la nuca. Su cabeza y pescuezo son de 
un flavo finamente salpicado de negro; el pecho y vientre de 
un flavo bermejo, la cola morena, y el pico y los tarsos ne- 
gros. Habita las provincias centrales de Chile. 

Triplica [Erismatura ferrugim a). 

«Pato tripoca, cornún en las lagunas de las provincias cen- 
trales. Su plumaje es muy diverso según la edad y la esta- 
ción. Se conoce también del Perú.» Philippi. Descrito por 
Gay, Zoología, VIII, p. 4Í>S 

Lenz, n. 1388, quien se manifiesta dudoso, aunque sin razón, 
de que exista la forma tripoca, y añade respecto de la etimo- 
logía de esta voz: «Si tripoco es la primitiva, se podría anali- 
zar según Febrés: thúpun, pegar, aporrear, azotar, -f- co, agua; 
sería «pato azota-agua.» 

Debo advertir que. sin estas especies, se conocen también 
en Chile otras silvestres de anteojillo, capuchino, cuchara, 
gargantilla y real. 

Pejegallo. m. [Callorrhyncus antarcticus). 

«El pejegallo tiene cerca de tres pies de largo; su cuerpo es 
redondo y mas grueso por el medio que por los extremos, cu- 
briéndole enteramente un pellejo azulado y desnudo de es- 
cama. Una cresta cartilaginosa, que, adornándole la cabeza, se 
prolonga cinco o seis líneas más allá del labio superior, le ha 
merecido el nombre de pejegallo...» Molina. 

Por su parte, dice Philippi: «cuerpo cónico, alargado, des- 
nudo; cabeza gruesa, voluminosa, en declive, con los ojos a 
los lados; el hocico con un apéndice o girón carnoso; la pri- 
mera aleta dorsal con el primer radio duro, la cola prolongada 
en un largo filamento.» Román hace notar que «es pez dis- 
tinto de los que el Diccionario llama gallo y papagayo.» 



lOli VOCES CHILENAS 



Eu este orden se distinguen también en Chile, el Pejeluna, 
va. (Mola mola); el P< ¡eperro, el Pejesol, el Pejesapo y el Peje- 
zorra. 

Pejezorra. m. [Carcharías vulpí 

Advierte Gay que el pejezorra es bastante común en Euro- 
pa y que con este nombre se le conoce también allí; pero el 
hecho es que no lo registra el Diccionario. 

Pertenece a la familia de los Selacienoides, alcanza a una 
longitud de ocho a diez pies, es de color verde aplomado, a no 
ser por debajo, donde tiene alguna mezcla de blanquizco; las 
aletas son un poco más obscuras; el cuerpo es fusiforme y pro 
longado, la cabeza pequeña y redondeada, y la abertura de ¡a 
boca se halla debajo del hocico, que es corto y obtuso; en las 
quijadas tiene dos hileras de dientes triangulares; ojos circu- 
lares y grandes con relación a la cabeza; la cola esta dividida 
en dos lóbulos, el superior, muy largo y en forma de hoz, y el 
inferior corto, por extremo. 

Pelú. m. (Sophora tetraptera). 

Árbol o aibusto de la familia de las Leguminosas, con las 
ramas nuevas con tomento rojizo; hojas con diez a veinte 
pares de pinas trasaovado-orbiculares; flores en racimos; co- 
rola amarilla; legumbre con cuatro alas longitudinales denti- 
culadas. 

«De las provincias del Sur, merece un lugar en los jardines 
por sus hermosas flores doradas, y que tiene madera dura y 
preciosa.» Philippi. 

Lenz, n. 1032, y Román, que cree que su etimología 
araucana es posible que sea la misma de pilo. Los indígenas 
dicen pelupelu. 

«El pilo es una planta leguminosa, de que hay dos especies, 
que viven a orillas de las aguas, de hojas menudas y ramas 
muy flexibles, con flores amarillas; y el de las lomas, de pe- 
queño tallo y sin uso.» Rossel, Guía de Concepción. 

El nombre araucano es pülü, que en la segunda edición del 
Vocabulario de Febrés aparece con la indicación de «arbusto 



D£ LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 1< ' "i 



con flor amarilla; su cascara es vomitiv arranca 

temas del pecho y costillas. >- 

Román observa que ninguno de nuestros naturalistas ha- 
bla de este arbust" > decir, con ese nombre, pues el que 
le corresponde de verdad es el de j 

Pellín, m. (Fagas oblicua). 
El roble... y su corazón pellín... es casi el único árbol que 
bota sus hojas, de excelente madera para construcciones.) 
Philippi. Es mucha la diversidad que hay de robles y mu- 
ís que de ellos se aprovechan para los edificios, por -■. i 
tan fuertes, y principalmente el que llaman pillin, que es colo- 
rado y se iumortaliza enterrado y dentro de! agua, y en la hu- 
medad refina su nativo carmesí. Rosales. Forma que se des- 
lizó tal vez por yerro de impresión, pues en otro lugar de su 
obra, el jesuíta madrileño escribe en la única conocida hoy: 
pellín. iSu nombre propio índico, advierte Gómez de Vidaurre 
es pellín, como también lo suelen llamar algu:. - 

Del nombre y cualidades de esta clase de roble procede el 
chilenismo apellinarse: endurecerse, dicho también me: 
camente. 

Lenz, n. 1034, y Román. 

Pequen, m. (Xoctua cunicula) 

... el pequen, poco nocturno, que vive en cuevas de la tie- 
rra...» Philippi. «El pequen es un pajaro del género délas 
lechuzas, su estatura como la de un palomo; acostumbra abrir 
grandes agujeros en los campos rasos, donde hace su habita- 
ción...; su graznido, que es lúgubre e interrumpido, parece 
que profiere las sílabas de su nombre.» Molina. 

En araucano se llama según Febrés. 

Lenz, n. 1039, y Román. 

Perdiz cordillerana, m. 

Apenas necesito decir que nuestra perdiz es muy di-. 
de la europea, y mas aún la cordillerana, que pertenece ai ge- 
nero Attagi*. Esta no sirve para comer, es mucho más peque 
ña que la ordinaria, y, como observa Philippi, tiene las alas 



IOS VOCKS CHILKNAS 



puntiagudas v los tarso? robustos y reticulados por delante.» 
Su área de habitación esta en lo alto ile la cordillera de los 
Andes, y de ahí su nombre. 

Pericote, m 
Rata grande. Asi lo definió Marty Caballero como ameri- 
canismo, y así se usa por lo menos en Chile, en la Argentina 
y en el Perú. Convendría, pues, incluirlo en el Diccionario. 
Román. 

Cay opinaba que esta voz pericote es netamente indígena, y 
ota varios pasajes de un manuscrito de fines del siglo XVIII 
en que aparece empleada y que sería ocioso reproducir aquí. 

Pét'il, m. [Tessaria ábsinthioides). 
La ebilca, el péril y alguna que otra mancha de chépica y 
esparto brotan con mucha dificultad por entre aquel terreno 
suelto y cargado de costras salinas.» Pérez Rosales. «De la 
cual se sacaba en el tiempo del coloniaje en las provincias del 
norte una resina que se usaba en lugar de la brea europea, el 
género senecio, del cual hay unas 150 especies en Chile.» Phi- 
lippi. Cita la planta con el nombre de brea. Es una de las ma 
le/.as mas perjudiciales, por la casi imposibilidad que hay para 
arrancarla de raíz; suele alcanzar hasta un metro de altura; 
sus hojas son alternas, con dientes en los bordes; las Mores, de 
un color rojo pálido. 

En cuauto a su etimología, Román cree que pueda venir 
del inglés peril; acaso, del araucano penulu, marchitarse, por- 
que, en efecto, esa yerba se marchita apenas arrancada. 

Petaquito. m. (Tinochorus Orbignyanus). 

Una especie de las llamadas perdicitas en Chile, que habita 
las partes altas de la Cordillera de los Andes. El género a 
que pertenece se caracteriza por tener «las alas puntiagudas, 
los tarsos bastante delgados, y escutelados, es decir, que la 
membrana que lo cubre por delante parece formar escudo en 
su parte delantera,» y representa eu Chile a las codornices de 
Europa. Philippi. 

Lenz, n. 1047; y Román. 



DE I "S KKIXOS \NIMA1, 1 VKUETAL 109 



Peuco. m. i BuU o unü 

Del araucano peucu, ave 'le rapiña, parecida ¡.1 gavilán. 
«Muy semejantes a estos pájaros son otros que llaman pea 
cus Ovalle. «Hay otras aves rapaces y carniceros, singulares 
de esta tierra, como el peucu...» Rosales. 

Esa voz, castellanizada hoy, se dice pi 

El diminutivo peuquito corresponde a la especie llamada 
aecipiter chilensis, peculiar de este país, que convendría no 
olvidar. 

Lenz, n. 1052, y Román. 

Peumo, m. (Cryptocaria peumus). 

«Otros árboles hay también frutíferos de los silvestres, y se 
llaman peugu; tienen la fruta colorada, un poquito más lar- 
guita y ovada que la avellana, la cual comen los indios coci- 
da con otros ingredientes. ( > valle. Y así en esta forma peugu 
por regla general en los primeros cronista?, que tomaron la 
voz del araucano pegu, convertida hoy invariablemente en 
peumo, desde Molina acá: «el peumo comprende cuatro espe- 
cies distintas.» Advertiré, con todo, que en Núñez de Pineda, 
quizas por mala lectura del manuscrito, salió con la variante 
peugu. que tengo por yerro de la imprenta. Vale la pena de 
leer el párrafo que dedica a este árbol: Desmontamos de los 
rocines y a unos árboles vistosos los atamos, que cerca de la 
puerta hermoseaban el sitio y su contorno, por ser de calidad 
que todo el año conservan verde y vistosísima la hoja, demás 
de ser crecidos y copados; y cuando están con su fruta colo- 
rada, es a la vista apacible y deleitable; a éstos llaman pengm, 
que su sombra también es copiosísima y saludable de verano, 
y las hojas, batidas y oprimidas, despiden de sí un fragante 
olor y muy suave, y puestas en la cabeza, mitigan el dolor de 
ella causado del calor y de la fuerza que el sol tiene de verano 
Y la corteza y fruta son medicinales para achaques del vientre 
y del estómago.» Pág. 85. 

«Es árbol bastante grande, de hojas aovadas, finamente re- 
ticuladas, que se cría en las provincias centrales de Chile...» 
Su cascara sirve para curtir. El fruto, que cuando maduro es 
encarnado, tiene la forma de una aceituna, aunque un poco 



lili VOCES CHILENAS 



menor; se come después de una ligera cocción (que de ordi- 
nario se hace en la boca misma) y tiene un olor característico 
peculiar también a la madera y a sus hojas cuando ligeramen- 
te refregadas. 

«No cocer peumo en la boca . frase figurada, que se aplica 
a las personas que no saben callar a tiempo. 

Lenz y Román. 

Pico. m. [Balanus psittacus). 

Molusco llamado antiguamente pico de papagayo y hoy sim- 
plemente pico. Pero el marisco de mayor estima, que entien- 
do no se halla en nuestros mares, es uno a que llaman allá 
pico d( papagayo, porque descubre por un agujero de la con- 
cha do esta encerrado, un cierto pico:'. Nájera. «Los picos de 
papagayos son otro género de marisco muy regalado...» Ova- 
lie Hay otras no menos sabrosas, que llaman pico de papa- 
gayo, y aseméjase este marisco en la cobertura a un pedazo 
de peña acanalada. Dentro está la carne blanca como una le- 
che y ceñida de una costra en forma de pico de papagayo, por 
lo cual le pusieron este nombre.» Rosales. La verdad es que 
son las mandíbulas del molusco las que revisten esa forma. 
« Ks más común decir pico solamente, y así debe entrar esta 
voz en el Diccionario.» Román. 

Pichi. m. (Fabiano imbrícala). 

¡Arbusto chileno de la familia de las Solanáceas, con ñores 
huiiitas, blancas, solitarias, muy numerosas en el extremo de 
los ramos tiernos; es muy común al pie de la cordillera.!' Se le 
atribuyen cualidades an ti -hepáticas y diuréticas. 

Viene de la misma voz araucana pichi, pequeño, poca cosa. 

Román, quien advierte que en la nueva edición de la Histo- 
ria del Paraguay, de Charlevoix, se llama a este arbusto «yer- 
ba de orina o meona.» 

De esta voz ha provenido su derivado pichinal, sitio pobla- 
do de pichis, que Pérez Rosales escribió pichingál. «Puede 
admitirse como chilenismo,» advierte también Román. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 11 



Pichihuén, m. {Umbrina ophicephala). 

«El pichihuén es uno de los peces más apreciados en Chile; 
se halla en ¡a bahía de Coquimbo.» Philippi. Cítanlo también 
Gay y Reed, que escriben malamente pichiguén. Pertenecen 
los acantopterigios, orden de los torácicos. Alcanza a unas 
16 pulgadas de largo. Su etimología es indudablemente arau- 
cana, tal vez de pichi, pequeño, y Imam, arriba. 

Lenz, n. 10G5, y Román. 

Pichoa. f. [Euphorbia chilensis). 

«La pichoa, purgante que se debe usar con precaución.» Phi- 
lippi. «La pichoa es una ytrba eficacísima para purgas... Su 
copa sigue al sol como la maravilla.» Rosales. Marino de Lo- 
bera, primer autor en que aparece citada la planta, la llama 
lepichoa; pero hoy sólo se conoce bajo aquel nombre. 

«Púrganse con la raíz de la yerba lechetrezna, a que llaman 
pichoa...» González de Nájera. 

Pertenece a la familia de las Euforbiáceas; «la raíz es pe- 
renne, gruesa y echa muchos tallos, largos, de cinco o seis 
pulgadas, poblados de hojas alternas, sésiles, ovaladas oblon- 
gas y acuñadas; se terminan en umbelas trífidas, con radios 
dicótomos; las cápsulas son lisas; hay una variedad lampiña y 
otra vellosa. La pichoa se cría casi en todo Chile, y desde el 
mar a la cordillera.» Philippi. 

Lenz, n. 1068, y Román creen que tal voz es araucana. Los 
indígenas la conocen hoy con el nombre de lafqueri-latven. 

Piden, m. (Rallus bicolor). 

«Por cima del cuerpo, desde el occipucio hasta el crupión, 
de color oliváceo, mezclado de bruno sobre las grandes cubier- 
tas! alares; reimgias y rectrices morenas; por bajo, de un ceni 
ciento uniforme gris ferrugíneo; pico rojo sanguíneo en la 
base, azulado desde este punto hasta la primera mitad de su 
longitud, y verdoso en la última mitad hasta la punta; ojos de 
un rojo purpúreo; tarsos y pies rojos... Frecuenta las riberas 
y los sitios húmedos y se alimenta de gusanos o vegetales; su 
marcha es ágil y corre con velocidad; es sumamente tímido, y 
al menor ruido va a ocultarse entre la hierba...» Gay. 



12 VOCES CHILENAS 



El piden y el zorzal cantan al ponerse el sol. porque no 
falte música a fu ocaso.» Córdoba y Figueroa. «El piden, pa- 
jaro de color pardo.» Olivares. Advierte Carvallo y Goyene- 
che que tal voz es indígena {piden, según Febrés) y que algu- 
nos españoles suelen llamarla gallínula. 
Lenz, n. 1073, y Román. 



Pidulle. m. [Oxiurus vermicularis). 

Llaman así en Chile a un pequeño gusano o verme, nema- 
todo, que habita el intestino y produce prurito en el recto y 
anal, en los niños especialmente. La longitud del macho es de 
tres a cuatro milímetros, y la de la hembra de 9 a 12. 

e Viene del araucano dulluy, lombriz, precedido de pu, signo 
de pluralidad, y convertido en pi, quizás por contaminación 
con pirhuín, del araucano pidhitiñ. • Loman. 

Pilapila. f. [Modiola caroliniana). 

«Llanta de la familia de las Malváceas, de tallo rastrero, a 
veces levantado, rollizo, algo surcado, ramoso, lampiño o un 
poco velloso, de dos o tres pies de largo y con nuevas raíces 
junto al pecíolo de cada hoja inferior.» Gay. 

Se usa en medicina casera como refrescante de la sangre. 

El nombre es araucano, aunque Febrés lo trae como de 
cierta especie de corvina pequeña. 

Lenz, n. loTs, y Román. 



IMlgao. m. [Amphidesma solida). 

Molusco parecido a la taca, aunque de mayor tamaño, así 
llamado en Chiloé. «Esta especie, dice Gay, la más grande del 
género, es notable por su espesor, su forma orbicular, y, sobre 
todo, la coloración rosada de la charnela al interior. La concha 
es de un blanco amarillento.» 

Traen esta voz Lenz, Cavada y Román. «El nombre tiene 
forma de araucano, observa este último, pero no aparece en 
los diccionarios.» 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 113 



Pilme, ra. [Cantharis femorális). 

* El pilme, negro, con los muslos rojos, causa a veces mu- 
chísimo daño eu las huertas.» Philippi. «Se encuentra un 
escarabajo negro, de ocho líneas de largo, llamado pilmo, el 
cual arruina las plantas leguminosas.» Molina. Forma esta 
última del todo abandonada; en araucano es pitlmi. 

Lenz, u. 10*5, y Román. 

Pilpil. m. 

Llamado comunmente pilpilboqui, pertenece al género Bo 
quila, de las Lardizabáleas, comúu en las provincias del Sur; 
«tiene hojas simplemente trifoliadas, flores blancpuizcas y bayas 
blancas, globosas, del tamaño de una arveja.» Philippi. Ya 
queda dicho el significado de hoqui. y de ahí que Febles tra- 
duzca: pirfpúl, cierto boqui, como lo nota Román. 

Pilpilén. m. [Haematopus palliatus). 

Ave zancuda, de la familia de los Carádridos, con pies que 
sólo tienen tres dedos y carecen de pulgar. El plumaje, mati- 
zado de negro y blanco a grandes manchas, le da extraordina- 
rio parecido al ostrero de Europa. El pico, mas largo que la 
cabeza y comprimido lateralmente, es de color rojo de fueg* , 
y sus tarsos, rojo claros. 

«Los ostreros... se conocen tres especies en Chile, con lis 
nombres de pilpilén, tiratira.» Philippi. 

Es voz indígena, de etimología ouomatopé/ica, por el grito 
de estas aves. 

Lenz, u. 1088. 



Pilvén. m. {Trichomycterus). 

Pez de agua dulce, muy parecido al bagre, aunque de 
tamaño mucho meuor, 'pues no excede de unos diez centí- 
metros. 

Lenz y Román estiman con razón que el nombre es arau- 
cano, aunque difieren en la etimología que pueda correspon- 
derle. 

(8) 



1 14 VOCES CHILENAS 



Pillo, m. {('ironía maguaría). 

Ave zancuda sumamente parecida a la grulla europea, pero 
que eu Chile es muy escasa y vive en las regiones pantanosas 
mas apartadas, destinada prontamente a desaparecer quizas. 
Tenemos una especie en Chile muy parecida a la cigüeña 
blanca de Europa, que se conoce en el país con el nombre de 
pillo.» Philippi. «El pillu es una especie de ibis, de color blan- 
co, variado de negro, que habita en los ríos y en las lagunas. 
Este pájaro es notable entre todos los acuáticos por la altura 
desproporcionada de sus patas, que tienen dos pies y ocho 
pulgadas de largo, comprendidos los muslos; y así dan los in- 
dios el sobrenombre de pillu a aquellas personas que tienen 
de un largo desproporcionado esta parte del cuerpo.» Molina. 

Lenz, n. 1091, y Román. 

Pillopillo. m. [Dafne pillopillo). 

«Pequeño árbol de forma piramidal, de flores blanquecinas 
dioicas. Su cascara interior es muy vomitiva y purgante...» 
Philippi. 

El nombre es araucano, si bien no se halla en los dicciona- 
rios: pillupillu, sobre cuyo significado recuérdese lo dicho en 
el artículo precedente. 

Lenz, n. 1092, y Román. 

Pingopingo. m. [Ephedra americana). 

«El pingopingo, común en las provincias del norte y del 
centro. Pertenece a la familia de las Coniferas, con flores y 
frutos parecidos a los de las Taxíneas, pero las ramas articu- 
ladas, con hojas opuestas, a veces parecidas a escamas.» 

Eu Rosales aparece la voz escrita con el cambio de g por e 
(que debe de haber sido la correcta, conforme a su etimología 
araucana probable). «El pinco-pinco, yerba de media vara de 
alto, que ni echa flor, ni hojas, ni semilla.» 

Lenz. n. 1097. 

Pintadilla. f. (Scyllium chilensé). 

Escualo chileno, parecido al que el Diccionario describe con 
el nombre de lija, y que debe su nombre a que tiene el 



1)K LOS KKIXOS ANIMAL Y VEGETAL 115 



cuerpo pintado de mancha? redundas, de color obscuro; tiene 
fístulas v alcanza apenas a dos metros,» observa Philippi. 

Román, que advierte que el léxico, bajo el artículo lija, lo 
da como sinónimo de pintarroja. 

Pirinea, f. [Pinuca edilis). 

Holoturia que vive en Cbiloé, de dos a tres pulgadas de 
largo y como de una de ancho, de cuerpo subeilíndrico. un 
tanto mas grueso hacia el medio y adelgazado hacia las extre- 
midades; cuero grueso, coriáceo, boca pequeña, redonda y 
arrugada. Los habitantes de aquella isla lo comen después de 
asado en las brasas. 

Su etimología, dice Román, puede ser el araucano pinu, pa- 
jitas pequeñas, y tiihuy, gusanito largo y delgado. 

Piñón, m. [Araucaria imhricatd). 

Describe el Diccionario bajo este nombre un arbusto ele la 
familia de las Euforbiáceas que crece en las regiones calidas 
de America, y convendría añadir el árbol chileno del mismo 
nombre, que ha pasado a llamarse así por el fruto que da, los 
piñones, en araucano pehuen, de que tomaron su denomina- 
ción los indios pehuenches, esto es, los que habitan del lado de 
las cordilleras, donde crece el árbol. «Es hermoso, densamen- 
te cubierto de hojas lanceoladas, con punta espinosa, aplica- 
das contra el tallo y las ramas.» Philippi 

Vial Solar, en su citado libro, trae el derivado piñonal (p. 
136:) 

los que se ocultan tras la obscura raya 

ilel alto piñonal del Xahuelbuta .. 

Piquero, m. [Sula fusca). 

¡El llamado piquero en Chile habita en la costa de Chile, 
Perú, etc., y de él proviene en su mayor parte el guano de las 
islas de Chincha-. Philippi. 

Este palmípedo tiene el pico largo y puntiagudo (de donde 
procede su nombre), anda en grandes bandadas y habita las 
costas del Perú y Chile. «El nombre vulgar piquero, dice Ro- 
mán, debe entrar en el Diccionario.» 



1 lt¡ VOCES CHILENAS 



Pircún. ra. (Anisomeria drástica). 

Dice el P. Rosales: «Es muy usada para purgas la yerba 
llamada pinci'm laquén (por iJahuén, hierba, en araucano). De 
todos conocida, por lo menos de nombre, en Chile. «Dirieren 
las fitoláceas de las quenopodiáceaa por tener cada flor varios 
pistilos, que pasan a ser frutitos carnosos. A esta familia per- 
tenece nuestro pircún, purgante terrible.» Philippi. 

«Pequeño sub-arbusto, cuya raíz, semejante a un nabo 
grueso, casi siembre dividida en su extremidad, posee la vir- 
tud emética y purgativa en el más alto grado.» Murillo, citan- 
do a Bertero. 

Lenz, n. 1 116, y Román, que propone otras etimologías, una 
de ellas «puede ser también el araucano virctm, cosa fría, por 
los efectos que produce su raíz como remedio.» 

I'¡ ihuí ii. m. [Hirudó). 

«Se da este nombre a cierta especie de sanguijuelas que vi- 
ven en los remansos de los ríos o en las aguas dulces estanca- 
das, y también a la fascíola del hígado, llamada en Chile piri- 
huin i> pidihuín.» Philippi. Ambas formas y aun no menos 
ilc di» más, suelen usarse: opto por la que pongo, que es la 
que siempre he oído; la segunda i, parece una simple afecta- 
ción. De dicha voz pirhuín ha nacido en Chile el verbo apir 
hxiniir.se, que se dice del ganado afectado por este parásito. 

Leuz, n. 1117, y Román. 

Apenas se necesita advertir que la voz es netamente arau- 
cana. 

Pitao. m. [Pitaría punctata). 

Árbol chileno de la familia de las Zautoxíleas, «de cinco o 
siete metros de altura, siempre verde, con hojas sencillas 
oblongo-aovadas, muy lampiñas, ligeramente aserradas, bas 
tante graudes, y con flores blancas, dioicas, paniculadas; el 
fruto compuesto de cuatro drupas monospermas... Las hojas 
son resolutivas y antihelmínticas. Otro nombre vulgar que 
tiene en Chile es canelillo.* Philippi. 

«La etimología es el araucano piíhau o pithao, callo, porque 
el fruto del árbol se parece a un callo». Román. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 117 



Pitihue, na. [Coluptes pitigu&) 

«El pitihue se halla también en las provincias centrales». 
Philippi. <Lo? picos son de cuatro especies... el pitíu es del 
tamaño de una paloma, y su color ¡tardo, manchado de blan- 
co. Este pájaro no anida como los demás picos en los huecos 
de los árboles, sino en las márgenes de los ríos » Molina. 

Su etimología, según lo advirtió Gay, proviene del grito o 
canto de este pájaro. «No está en los diccionarios indios, ob- 
serva por su parte Leuz, pero es evidentemente mapucbe: pitíu: 
de donde se deriva pitihue por el plural.» Los indígenas le 
llaman pechiu. 

Adviértase, con todo, que el Diccionario trae la voz pitia 
«silbido del pito o de los pájaros». 

Pitoitoy. m. (Totanus melanoleueus) 

Hay dos especies en Chile de esta ave zancuda de las cos- 
tas, cuya área se dilata por todas las de la América del Sur y 
del Norte: el pitoitoy grande y el chico, ambos de la familia 
de las zancudas y de formas esbeltas y graciosas. El plumaje, 
compacto y unido, es bruno por encima, y por debajo blanco, 
con manchas obscuras. Tiene el pico más corto y los tarsos 
más altos que el porotera, que luego mencionaré. Se halla 
siempre en las orillas de las aguas corrientes o estancadas, y 
al emprender el vuelo lanza el grito de que proviene su 
nombre. 

Lenz, n. 1129. 

«La etimología, observa Román, aunque parece araucana, 
no está clara.» 

Pitra, f. [Myrceugenia pitra). 

Que algunos escriben petra, apartándose de su etimología 
íiraticana pútha, es una mirtácea chilena «de ocho a diez pies 
de alto, pubescente y con muchas ramas, casi siempre también 
pubescentes, y las más tiernas cubiertas de vello rojizo. Hojas 
anchas, elípticas muy variables... Flores blancas, dispuestas 
en una especie de panículo axilar a lo largo de las ramas.» 
Gay. «La baya, que se llama mitahue, es negra, semejante a 



I 18 VOCES CHILENAS 



la del arrayán, comestible y de un sabor agradable. Sus hojas 
y corteza son medicinales.» Román. 

Los polvos de pitra son de muy frecuente uso en la agricul- 
tura como insecticidas y constituyen un ramo de comercio de 
alguna importancia. La pitra corresponde, en ese orden, al 
pelitre español. 

Piune. m. [Lomatia ferruginea). 

De la familia de las Proteáceas, «las más veces queda ar- 
busto, algo desnudo, con hojas grandes, bipinatífidas, muy ele- 
gantes, cubiertas de vello color de orín por debajo, con racimos 
flojos de flores amarillas. Se cría en los montes un poco húme- 
dos de Valdivia y Chiloé. Usan la decocción para ¡epidias (in- 
digestiones).» Philippi. Se le dan también los nombres de htcin- 
que y romerillo, de acuerdo este último con su designación 
araucana: piitne, como lo advirtió Román. 

Púiquén. m. (Anser mélanopterus). 

«En Chile hay cuatro especies silvestres [de gansos] de los 
cuales el cauquen se ve con frecuencia en los corrales de An- 
cud; el gansillo es de las cordilleras, así como el piuquén y el 
cague de Chiloé y Magallanes.» Philippi. «El piuquén es una 
especie de abutarda mayor que la europea, de color blanco y 
cuya cabeza y cuchillos de las dos alas son cenicientas y ne- 
gras las primeras guías; la cola es corta y poblada de 18 plu- 
mas blancas; el pico es proporcionado y semejante al de la 
abutarda; los pies, de cuatro dedos bien gruesos.» Molina. «El 
piuquén es ave grande como el pavo, su color blanquizco, su 
carne muy regalada...» Olivares. Hablan también de esta ave 
González de Nájera, Córdoba y Figueroa y Alcedo. 

Su etimología es araucana; piúqueñ. 

Lenz, n. 1140, y Román. 

Piur. m. (Pyura MoJinaa). 

«Las ascidias propiamente tales son de bastante tamaño y 
viven aisladas o agrupadas casualmente; a éstas pertenecen los 
piures de Chile, que muchas personas comen como un alimen- 
to muy delicado. k Philippi. «Entre los moluscos son notables 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 119 

los piures, tanto por su figura, como por el modo con que alo- 
jan- Molina. Varios otros autores hablan también de los 
piures, forma «le plural que es la mas corriente. 

Tal voz viene del araucano: piür. 

Lenz, u. 1141, y Román, que escribe piltre, en singular. 

Platero, m. [Chlorospiza álaudiná). 

No es raro en las provincias centrales de Chile y se le halla 
también en Bolivia. Es del tamaño de la diuca, y conm ésta, 
pertenece a la numerosísima familia de los Fringílidos. Por en- 
cima, sobre un fondo pardusco obscuro, tiene manchas en 
forma de rayitas negruzcas; la garganta y el pecho, plomizos y 
el vientre y la parte interior de la cola, blancos. Abunda en 
los valles del interior de la Cordillera y anida en las ramas 
bajas de los arbustos pequeños. Su nombre le viene del coloi- 
de su plumaje. 

Pocha, f. (Pereichtht/s melanops). 

Llámase así una especie de trucha, de pequeño tama fio, muy 
espinuda, y por eso, aunque comestible, de poca estima. Es 
muy probable que tal nombre se le diera por su forma achata- 
da, del adjetivopocAo, cha, que se aplica a cierta clase de aluvias 
en Álava, según lo recuerda Román. 

Pololo, m. (Sulcipalpus elegans). 

Se aplica especialmente a esta especie de fitófagos por ser 
la más abundante en la región central de Chile. «Los sanjua- 
nitos o pololos de los chilenos pertenecen a esta sección.» Phi- 
lippi. 

Tiene la cabeza pequeña, el protórax con un surco longitu- 
dinal en el medio, y cubierto, como aquélla, de pequeñas ve- 
rrugas; los élitros son de color verde y no cubren el extremo 
del abdomen, que es ceniciento; patas anteriores, rojizas; me- 
dianas y posteriores, verdes; longitud, 1.5 cms. 

Viene del araucano, un tanto modificado. Véase Lenz, n. 
1151. Este mismo autor cita el siguiente pasaje de un escritor 
chileno: «Comienzan a salir de entre las tejas los murciélagos 
y a revolotear los pololos en torno de los naranjos...» Rodrí- 



20 VOCES CHILENAS 



guez. La cueva del loro Eustaquio, p. 106. Ejemplo a que aña- 
diremos el siguiente: "La araña, encerrarla en el sepulcro for- 
ruado por los despojos do sus enemigos vencidos uno a uno, 
suspende su enrejado castillo entre las ramas de los árboles. 
Ahí, por un vuelo demasiado rápido, va a caer entre las redes 
un pololo...» Medina, opúsculo citado. 

«En esta acepción debe admitirse nuestra voz pololo.» Ro- 
mán. 

Pollolla. f. {Podiceps Rollandii] 

Pertenece al mismo género de las luíalas, aves acuáticas de 
que ya se trató, pero su color es diverso. 

Escriben algunos, v.g. Rodríguez, polloyo. 

Lenz, n. 1153, cree que la etimología de esta voz debe de 
ser araucana, si bien falta en los diccionarios; pero Román opi- 
ua que está fonuada de polín. 

Póquil. m. {Cephalophora (¡lauca). 

Pertenece esta hierba a la familia de las Sinautéreas, subor- 
den de las tubilifloras, de un género particular a Chile, que 
comprende varias especies; «las de tallo por lo común senci- 
llo, con hojas superiores angostas; sésiles, tienen indistinta 
mente el nombre de póquil.» Philippi. 

<t Póquil, que algunos llaman manzanilla cimarrona», dice 
Philippi. Feuillé con el nombre de poquill; poquell, Carvallo, y 
póquel, Zerolo. En araucano es pocull: una flor con que tiñen 
amarillo, expresa Febrés. 

Lenz, u. 1 156, y Román. 

Poroto, m. 

«Alubia americana», se limita a decir el Diccionario. Viene 
del quichua purutu. Se da ese nombre en Chile a la planta, al 
í'iuto, y al guiso que de él se hace. Los hay de muchas espe- 
cies, pero las más conocidas son las que llaman bayos, burri- 
tos, caballeros, colorados, coscorrones, mantecosos, etc.; de los 
pallares ya se hizo mención. En tabla, los que no están toda- 
vía del todo granados, que suelen también designarse como 
ir r des. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 121 

De esta voz procede su derivado porotal, terreno sembrado 
de porotos. 

Véase para más detalles el libro de Román. 

De paso advertiré que el nombre de burritos se dijo prime 
rameute en Chile borriquitos; así lo afirma Gómez de Vidau- 
rre:... «prefieren a todas las especies, las que han llamado los 
españoles borriquitos, por lo aceitosos que ellos son. Estos son 
esféricos, en la grandeza de su género medianos, mitad blan- 
cos, mitad de color de burro, lo que les hizo dar el sobredicho 
nombre.» I, p. 118. 

Porotero. m. [Gallinago Paragua 

Ave zancuda, de la familia de los Escolopácidos, de formas 
delgadas y largas, con el pico fino, prolongado y algo redon- 
deado en la extremidad. Por encima esta matizado de negro, 
leonado y bruno; en el pecho tiene manchas de este último 
color, y sobre la frente cuatro fajas longitudinales, también 
brunas. Del grito que da, ha procedido su nombre. 

Abunda en todo Chile y en la Argentina. 

Es voz onomatopéyica, 

Poto. m. 

Criadilla de mar definió el Diccionario eu su penúltima 
edición, «pólipo de figura globosa, hueco y pegado por un solo 
punto a las rocas, de las que se desprende fácilmente, » y ci- 
tando ta! definición dice Román: -Los naturalistas dirán si es 
el mismo pólipo que en Chile se llama poto.» 



Pudú. m. (Cervus pudú). 

*E\ pudú o venado de Chile, la especie más pequeña del 
genero Cervus. que es bastante abundante en las provincias del 
Sur; el macho tiene un pequeño cuerno derecho, no ramifica- 
do.» Philippi. «El pudú es una cabra montes del tamaño de un 
choto o cabrito de seis meses de edad, de color pardo, y ar- 
mada de unos cuernos pequeños, de que carecen las hembras.» 
Molina. El nombre, indígena, era ya conocido en tiempo de 



1 22 VOCES CHILEK \s 



Rosales, que dice: «Hay también corsos pequeños o venados, 
que los chilenos llaman pudú.. 
Leuz, n. 1 168. 

Puma. m. (Felis concalor). 

El león de los españoles, que los indios de Chile llaman pagt 
«v en el Perú es conocido con el de puma , advierte Molina, 
pero que corresponde en todo a la familia de los gatos. Véase 
la descripción de este carnicero en la obra de nuestro compa- 
triota. 

, n. 117*. y Román, que advierte que el Diccionario 
le da el género femenino, contra el uso general. 

Puja, f 

Son varias las especies de esta planta de la familia de las 
Bromeliáceas, que se hallan en < ¡hile. La puya coarctata, des- 
cubierta por Philippi, !a describe así: «tallo de dos a tres 
metros, hojas tendidas o reflejas, blancas en la cara inferior, 
pétalos de un azul que tira al verde.» 

Viene del araucano puúya, que Febrés traduce «cardones 
de que hacen boyas.» 

Observa Román: «Las tres lenguas dominantes en Chile, la 
española, la araucana y la quichua, han dado nombre a esta 
planta, y hasta geográficamente se ve la influencia de ellas, 
porque el nombre chagua! domina en las provincias de Acon- 
cagua al Norte, cardón, en las del centro, y ptti/a, en las del 
Sur.» 

Puye. m. [Atherina speeiosa). 

Pez muy pequeño, que vive en la laguna de Villarrica: los 
indios los llaman puyes y los españoles cachuelos, dice < '-iva- 
res. «En el río Toltén... se encuentra un pececillo nombrado 
puyi Molina. Tal nombre, de origen araucano, es el único 
con que hoy se le conoce. 

Lenz, n. 1 170, que da el singular ¡mi, que parece no conve- 
nirle. 



DE LOS REINOS \N1M\1. V VEGETAL 



123 



Quelenquelén. m. 

Son varias las especies de esta planta chilena, de la familia 
de las Poligáleas; la stricta, «con racimos alargados de diez a 
catorce pequeñas flores rosadas, ele Se crian en Chile y se 
conocen )>ajo el nombre de quelenquelén o clinclín. Su raíz es 
muy diurética; la Monnina, que es la mas usada en medicina, 
se emplea especialmente para la curación de la gastralgia y 
dispepsia.» Murillo. 

Lenz, n. 1198, que. cerno Román, estiman que la voz es de 
procedencia araucana, aunque no están de acuerdo en su eti- 
mología. Los indígenas pronuncian kelenielen. 

Queltehue. m. [Vanellus cayenensis). 

«La especie que tenemos en Chile es muy conocida con los 
nombres de queltehut o tregle, y se halla en toda la América 
del Sur.» Philippi. «Otro género de pájaros que llaman los 
indios qúlteu, tomando la denominación del modo de su canto. 
que suena asi.» Ovalle. Véase la descripción que le consagra 
Molina, que lo llama theghel; si bien debe advertirse por lo 
tocante al nombre de este pajaro, netamente araucano y ono- 
matopéyico, que el P. Luis .le Valdivia lo escribió, primero 
que todos, qlteu, de donde el que hoy tiene de queltehue. 

El queltehue se utiliza en Chile para que limpie los jardines 
de los gusanillos, de que se alimenta, y, a la vez, de guardián, 
pues en cuanto ve algún extraño a la casa, de día o de noche, 
denuncia en el acto su presencia. 

Leuz, n. 1202, y Loman, quien dice: «la forma queltehut ... 
debe entrar en el Diccionario como chilenismo, y con referen- 
cia &frailecico o frailecillo.-» 

(¿uetru. m. {Anser patagónica o Hicropterus cinereus). 

«En el sur de Chile hay un pato muy grande, con alas pe- 
queñas que no sirven para el vuelo, el ijuetni. Philippi. «El 
quethu (con aquella pronunciación) es del mismo género y casi 
de la propia magnitud y figura del pingüino, del cual se dis- 



124 VOCES CHILENAS 



tingue en tener las aletas absolutamente sin pelo, sus pies 
están divididos en cuatro dedos palmeados, y tiene vestido 
el cuerpo de una especie de pluma espesa, larga y de color 
ceniciento, y tan ensortijada y suave, que parece lana.» Mo- 
lina. 

Quetho, en araucano, es cualquier cosa destroncada. 

Lenz, n. 1212, y Román bajo la forma quetro. 



Queule. m. [Adenostenum nitidum). 

«Acuerdóme del quelu, que es una fruta muy dulce, peque- 
ñita, entre colorada y amarilla.; Ovalle. «El que id es un árbol 
de robusto tronco, que crece como el roble; es muy copado y 
da una fruta parecida al limón ceuti en el tamaño y más ama- 
rilla que él; cómese cruda o asada al rescoldo, y de cualquiera 
suerte es gustosa; el bueso es sólido y liso, del tamaño de una 
avellana; la madera es incorruptible, de que se baceu obras 
de ensambladura ..» Rosales. 

Los babitautes del país conocen las lúcumas silvestres bajo 
los nombres de bellota, queuh y chañar. El queule, que crece 
más de cien pies en alto, ecba las hojas ovales, de seis o siete 
pulgadas de largo y de un color verde brillante; sus frutas son 
redondas, de uu hermoso color amarillo...» Molina. 

Tal es la forma única que hoy prevalece. Alcedo escribe 
malamente Iceule. En araucano, del cual procede esta voz, se 
pronuncia queuli, según Havestadt, y queul, al decir de Febrés. 

Lenz, n. 1213, y Román. 



(¿iliaca, f. [CaJdduvia panicuhda). 

Arbolillo de la familia de las Saxifragáceas, «de tres a seis 
metros de alto, con bojas sencillas, oblongas lanceoladas, ase- 
rradas; flores pequeñas, blancas, dispuestas en corimbo termi- 
nal compuesto. En las provincias del sur de Chile. Sus ramos 
flexibles sirven de zunchos para toneles.» Philippi. 

Algunos le llaman tiara, pero prefiero la forma indicada 
por haber sido usada ya por Rosales, a quien siguen Cavada y 
Román. Los araucanos pronuncian hUyáka. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 125 

(Juila, f. [Chusquea qnüa). 

Pertenece a la familia de las Gramíneas. La quila de Val 
divia, y sobre todo, la valdiviensis, es muy ramosa y trepa en 
los árboles basta la aliura de 30 y 40 pies; hace el monte im- 
penetrable; del colihue déla Araucanía [chusquea eoleu) los 
araucanos y pebuencbes hacen sus lanzas.» Pbilippi. 

«Los nudos de la quila no distan más de un pie entre si , 
Molina. 

Vial Solar en su citada obra (pp. 39 y 148): 

con arte primitivo fabricaron 
«ns sencillas y rústicas cabanas 
de duras quilas y ligeras cañas... 

y la quila salvaje se entrelaza 

a los enormes troncos y se abraza 

a ellos, como recia enredadera. 

En araucano se dice cíüa. 
Lenz, n. 1217, y Román. 

De esta planta, enteramente análoga al bambú malayo, exis. 
ten en Chile unas ocho o diez especies. 
Véase colihue. 

Quilmay. m. (Echites chilensis). 

«Quilma//, arbusto voluble (de la familia de las Apocíneas, 
suborden de las Anapocíneas); tallos cubiertos de un vello me- 
dio blanquizco, hojas cortamente pecioladas aovadas, de un 
verde subido, lustroso por encima; flores blancas, bonitas, 
axilares, en número de una a cuatro. Su raíz es medicinal. 
Común en las provincias del Sur.» Pbilippi. «El quilmay, 
entre las plantas trepadoras o enredaderas se distingue por 
sus hermosas flores, de las que hay gran variedad; sus hojas 
son grandes y lustrosas, muy parecidas en su forma a las de 
la camelia.» Rossel, citado por Román, quien añade: «El nom- 
bre tiene forma araucana, pero no aparece en los dicciona- 
rios.» 

Los indígenas pronuncian: lculmai. 



12f) VOCES CHILENAS 



(pililo, ra. (Muhlenbecehia sagittifolia). 

El quilo es «arbusto lampiño, con los ramos flexuosos, y 
aun volubles y trepadores; hojas oblongas, un poco asaeteadas; 
flores axilares o aglomeradas en una especie de racimo.» Phi- 
lippi. Se le clasifica en la familia de las Poligóneas. 

«En todo Chile se da la mollaca o guiloquilo. El cáliz se 
vuelve carnoso con la madurez del fruto y se come.» Philippi. 
Arbusto vulgarísimo y conocido generalmente con sólo el 
nombre de quilo, de cuyas bayitas los indios hacían cierta es- 
pecie de chicha. 

Su etimología, dice Lenz, n. 1222, «es seguramente ma- 
puche; pero no esta en los diccionarios.» Como lo nota Ro- 
mán, es sin duda la misma voz que el P. Ovalle escribió queht, 
pues dice hablando de su fruta «que es muy dulce, pequeñita, 
entre colorada y amarilla, de que hacen una bebida demasiada- 
mente dulce.» Los indígenas pronuncian ícelo y h'lon. 

Ya se dijo que el fruto de este arbusto se llama mollaca 

Quilquil, m. (Lomaría chilensis). 

«...quilquil, con frondes pinados, que tienen aveces casi 
un metro de largo, las pínulas son truncadas, casi acorazona- 
das en su base.» Philippi. Esta especie y otra con las pínulas 
sésiles en todo su ancho, que alcanzan hasta uno y medio me- 
tros de alto, proporcionan con su rizoma alimento a los indios 
en los años de escasez. Pertenecen a la familia de las Polipo- 
diáceas y son verdaderos heléchos. 

«El nombre, advierte Román, es el araucano culcúl, mata 
que tieue roscas en la raíz, y, lavándose con ella las indias, 
dicen se ponen rojas.» Febrés Astraldi. 

Quiltro, tra. m. y f. 

Existe también el diminutivo quiltrillo, Ha. 

«Sospecho que antes de la llegada de los españoles existiese 
en Chile el borbón pequeño llamado quiltho.* Molina. «Por el 
quiltro entienden [los indios] una casta de pequeños perros 
lanudos...» Gómez de Vidaurre. De estos perrillos, que Car- 
vallo y Coyeueche creía también que hubiesen existido entre 
los indios antes de la llegada de los españoles, no se conserva 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 127 



raza especial, pero el nombre se aplica a todo perro pequeño 
y alcanza aún sentido figurado. Los antiguos cronistas ameri- 
canos afirman que los quiltros eran -mudos y que se podía 
golpearlos hasta la muerte sin que diesen un ladrido; los que 
se conservan entre los araucanos y patagones semejan una 
raposa pequeña. 

Es voz que se halla entre los escritores modernos y que re- 
gistra también Zerolo. 

En su forma diminutiva encuentro empleada esta voz en 
un reciente artículo de Iris (doña Inés Echeverría de Larraín): 
«Dichosa tú— pensamos — que conoces la dentellada, mientras 
que a nosotras apenas si nos han ladrado quiltrillos misera- 
bles.» La Nación, 29 de julio de l'.UT. 

Lenz, n. 1227. «Por el mucho uso que tiene la voz quiltro, 
dice Román, pedimos que sea admitida como chilenismo » 

Opina este último autor que tal voz viene del catalán 
quisso y qnit.ro: Lenz, que es araucana. 

Quillay, m. {(¿uillaja saponaria). 

Árbol o arbusto con la corteza cenicienta, de la familia de 
las Rosáceas, hojas coriáceas, elípticas, obtusas o poco agudas, 
enterao ligeramente dentadas, lampiñas, cortamente peeiuladas; 
cáliz tomentoso por fuera, pétalos blanquecinos; fruto, folículo 
tomentoso. 

«Nuestro quillay, árbol muy interesante,' porque su corteza 
contiene un principio particular, que se puede sustituir con 
ventaja al jabón.» Philippi. 

«El quilla;/ es árbol crecido, con hojas menudas y muy fron- 
doso... Y remojada la corteza es como jabón para sacar man- 
chas, que las saca con gran facilidad... Es muy común y 
usada para lavarse la cabeza, porque hace una espuma, en re- 
volviéndola en el agua, que es como un jabón excelente, y da 
lustre y color al cabello, demás de limpiar la cabeza.» Rosales. 

«El quillay arroja un tronco bastante alto y derecho cubier- 
ta de una corteza gruesa y cenizosa... Pero la cualidad mas 
apreciable que tiene este árbol para los chilenos, depende de 
su corteza, la cual, machacada y disuelta con agua, levanta 
tanta espuma como el más perfecto jabón.» Molina. 



128 VOCES CHILENAS 



Con el mismo nombre es conocido también en la Argentina. 
Viene del araucano cullay. (Valdivia y Febrés). 
Lenz, n. 1230, y Román. 

<¿u ¡Hoy. m. {Stellaria media). 

Planta anual de la familia de las Cariofíleas, «con tallos dé- 
biles, lampiños, a excepción de una línea longitudinal de pelos 
blanquizcos; hojas ovales, agudas, lampiñas; flores pequeñas, 
los pétalos de dos a tres milímetros de largo, iguales al cáliz. 
Maleza común en Europa e igualmente común en Chile.» 
Philippi. 

Havestadt la cita con el nombre de Mlloikilloi y así tam- 
bién los naturalistas, pero eu el común decir sólo quilloi/, «y 
en esta forma, dice Román, puede entrar en el Diccionario.» 

Quincliamalí. m. [Quinchamalium majus). 

Pertenece a la familia de las Santaláceas: < perigouio epígino, 
tubuloso, con limbo quinquéfido, caedizo, rodeado en su liase 
de un calículo corto; un disco epígino en forma de anillo; fruto, 
una pequeña nuez. Hay varias especies en Chile, que se dife- 
rencian muy poco entre sí, conocidas bajo el nombre de quin- 
ehamáli; son anuales, perennes y aun sufruticosas, todas muy 
lampiñas, con hojas lineares y flores amarillas, terminales, dis- 
puestas en espigas cortas, apretadas. Los campesinos beben 
el jugo exprimido o decocción contra los golpes o cuando hay 
postemas, extravasación de la sangre, etc.» Philippi. 

«Y sea la primera la famosa yerba que llaman quinchamaJi, 
la cual no se levanta "flel suelo mas de un jeme...» Ovalle. 
... la yerba llamada quinchamáli, la cual tomó este nomine 
de un cacique grande herbolario, que usaba della para muchas 
curas, y es célebre entre los naturales, y hoy de los españoles 
por sus virtudes particulares...; se levanta del suelo poco me- 
nos de media vara, esparciéndose en delgadas ramas vestidas 
de menudas hojas con alguna semejanza a las hojitas del ro 
mero. Cada ramita se corona de una hermosa flor en forma de 
capullo, rojo y naranjado, que todo el año conserva su ame- 
nidad v la viveza de sus colores. Críase en los valles y cerros, 
pero con más lozanía en las sienas altas...» Rosales. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 1 20 



no el quinchamali constituye un género nuevo, he teni- 
do por conveniente darle su nombre chileno.» Molina. 

González de Nájera: «Produce aquella tierra muchas y muy 
buenas yerbas medicinales, cuyas virtudes de gran parte dellas 
conocen los indios, con que hacen curas admirables, especial- 
mente en heridas, y en particular con una yerba llamada quin- 
chamali, nombre de un cacique que halló su virtud Alcedo 
también la trae. 

Lenz, n. 1238, y Román que escribe quinchamali. 

Quincbihue. m. {Tagetes minuta). 

«Planta anual, pelada, olorosa, de un verde claro. Tallo de 
recho, rígido. Hojas opuestas, cabezuelas numerosas, peque 
ñas, cilindricas, dispuestas en colimbos terminales. Flores 
amarillas...» Esta planta, latamente distribuida en toda la 
America del Sur, crece con preferencia en los huertos y viñas. 

El P. Rosales habla de las «ramas hediondas del quinchíu» 
como muy provechosas para la cura de las almorranas. 

Lenz, n. 1239, cuya etimología, dice, al tratar de esta voz. 
debe ser de procedencia araucana, aunque no se halla en los 
Diccionarios. 

Quingüilla. f. (Chenopodium álbum). 

Planta anual, de la familia de las Quenopodiáceas, de tallos 
estriados de verde y blanco, con las hojas aovado-romboidales 
o lanceoladas, desigualmente siuuado-dentadas; inflorescen- 
cias formadas de flores muy pequeñas sésiles: perigonio de 
cinco hojuelas verdes; cinco estambres; fruto, una nuez mem- 
branosa. 

Es planta de procedencia europea, pero ignoro el nombre 
que lleve en España. El que tiene en Chile es diminutivo de 
quinua. Véase esta voz. 

Qnintral. m. [Loranthus tretandrus). 

«En Chile y en toda la América caliente hay muchas espe- 
cies; y las del género loranthus, se llaman quintral, es decir, 
fuego, por el color rojo vivo de las flores del mayor numero 
de las especies.» Philippi. 



130 VOCES CHILENAS 



El quintral es una yerba muy celebrada, la cual nace en 
los árboles y se hace una mata grande, que a veces coge gran 
parte del árbol en que nace, y los pájaros que se asientan en 
los arboles la siembran estercolando en ellos. Y es célebre 
porque de su fruta, en llegando a sazón, sacan los muchachos 
la liga con que cazan los jilguero?. > Rosales. 

el ramo del quintral que en viva llama 
se abraza al árbol 'leí cual queda preso... 

Asi Vial Solar en su obra citada, p. 54. 

Hállase consignada esta voz en Zerolo. 

Procede del araucano cünthal. 

Lenz, n 1242, quien observa que tal voz no se deriva de 
cñthal, como dice Philippi, sino de cundían «mancornar o 
emparejar con otro.» 

De este sustantivo procede el verbo aquintralarsi y su de- 
rivado aquintralado, a. que se dice de los arboles y plantas 
Hiic -e cubren de éste u otro parásito vegetal. Román: «aquin- 
tralarse, r., cubrirse los arboles o arbustos de quintral». Autor 
que rechaza la admisión de tal voz en el Diccionario, en vista 
de (pie en castellano se llama muérdago una planta semejante, 
pero que ciertamente no es la misma, y baste para ello obsi i 
var que la flor del muérdago es amarilla y la del quintral de 
un rojo encendido. 

Quilina. [Chenopodium quinoa). 

1 ti la familia de las Quenopodiáceas proviene un cereal de 
cultivo muy antiguo, pero ahora muy reducido: es la quinoa. 
Hallase esta planta anual en Perú, Bolivia y Chile y se culti- 
va desde épocas remotas, tal vez ya antes de la invasión incá- 
sica. Aunque el trigo le hizo competencia eficaz, convendría 
conservar y extender su cultivo en regiones muy elevadas, 
como en los oasis del norte de Chile. Las semillas de esta 
planta poco exigente son orbiculares, comprimidas, de dos 
milímetros de diámetro... La quinoa es amarga, pero muy nu- 
tritiva. Reicbe. 

sLa quinoa se cultiva en una gran parte de la América del 
Sur. Las especies aromáticas forman aluna el género ambri- 



HI LOS REINOS ANIMAL V VEGETAL 131 

na; a éstas pertenecen nuestros ¡micos." Philippi. ¡Otra yerba 
hay poco más alta que el madi , a que llaman quínua, cuya 
semilla, asimismo tostada, se hace blanquísima y muy seme- 
jante a grajea o anís confitado, que también es comida muy 
apacible.» González de Nájera. 

«Hay dos géneros de quínoa medicinales: una blanca y otra 
colorada, que es una semilla menuda como mostaza, muy co 
nocida y de que hacen muchas sementeras los indios para ha- 
cer chicha della y comerla también molida en harina.» Rosa 
les. Celebrada primero que nadie por Cieza de León: «Tienen 
(los collas] otra suerte de comida llamada oca, que es por el 
consiguiente provechosa: aunque más lo es la semilla que 
también cogen, llamada quínua, que es menuda como arroz.» 

Y luego por el Inca Garcilaso, que trata de ella en varios 
pasajes de sus Comentarios ¡Reales, por ejemplo: El segundo 
lugar de las mieses que se crían sobre la haz de la tierra dan 
a la que llaman quínua, y el español mujo o arroz pequeño, 
porque en el grano y el color se le asemeja algo. La planta en 
que se cría se asemeja mucho al bledo, así en el tallo como en 
la hoja y en la flor, que es donde se cría la quínua;» añadien- 
do a esta descripción el curioso dato de que en 1590 le envia- 
ron granos de esta semilla, que en España no fructificaron, 
.aunque se sembraron en diversos tiempos, porque llegaron 
muertos 

Y enunciada por escritores modernos del Perú y la Argen- 
tina. 

Viene del quichua, en cuya lengua se dice quínoa. forma 
que no ha prevalecido, pues se dice generalmente hoy como 
la escribía Garcilaso. 

Lenz, n. 124(1, y Román, que escribe quinoa. 

(¿uiiiue. no. [Calictis vittata). 
El quique... es bastante cruel y sanguinario, pero no obs 
tante se le domestica con facilidad, y se tiene a veces en las 
casas para cazar ratones. Philippi. 

«El quiqui es una especie de hurón de color pardusco, y de 
trece pulgadas de largo hasta el nacimiento de la cola; tiene 
la cabeza aplastada; las orejas chicas y redondas, los ojos pe- 



132 VOCES CHILENAS 



queños y hundidos, el hocico cónico, las narices chatas, con 
una mancha blanca en medio; la boca desgarrada como la del 
sapo, las patas bajas y corta la cola » Molina. También traen 
Carvallo y Gómez de Vidaurre descripciones de este anima- 
lillo. 

Su etimolojía es araucana: quigui. 

Lenz, u. 124f>, y Román. 

Estar como un quique: frase fig., que vale hallarse por ex 
tremo encolerizado. «Este animal es naturalmente feroz, y tan 
excesivamente colérico, que ha dado motivo para que los na- 
turales apliquen el epíteto de qutqiti a todas aquellas per- 
sonas que con poco motivo se dejan arrebatar de la cólera...» 
Molina. 

Quirinca. f. 

La vaina dura que contiene las semillas del espino chileno 
[vachélia cavenia) es lo que en Chile se llama quirinca. 

Román dice: «ya que no se le halla en los diccionarios arau- 
canos ningún origen aceptable, creemos que puede venir del 
c.-i ■■tellano jeringa... >■ olvidándose de que tal instrumento mé" 
dii o de forma tubular (que tal sería lo único que pudiera dar- 
la aquella apariencia) es de inveucióíi relativamente moderna; 
p M- mi parte, hace sesenta años a que estoy oyendo quirinca. 
cuando no se conocían otras jeringas que las de cupucha con 
canuto... 

Quirquincho, m. [Dasypus minutus). 

■ También se crían en las pampas y llanadas de Cuyo mu- 
chas liebres y unos que llaman quiriquinchos...* Ovalle. «En 
las provincias ultramontanas de los Puelches y Cuyo tenemos 
el armadillo, que aquí llaman vulgarmente quirquincho.» Ro- 
sales. « Es un armadillo... que le llaman quiriquincho.» Moli- 
na. «Los quirquinchos son de cuatro especies... * Olivares 
Consignan también el vocablo escritores de la Argentina y el 
Perú. 

Viene del quichua, o quizás mejor, del aimnra 

Lenz, n. 1248. 

El Diccionario admite ahora cachicamo como sinónimo de 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 1 •'>■"> 

armadillo, o sea del quirquincho nuestro, y al definir éste, se 
olvida <le dar su etimología, limita su área de habitación a 
B ilivia; y pues habla de que los indios bolivianos hacen cha- 
rangos de sus carapazones, bien podría añadir también, que 
sus cnlas se aprovechan para yesqueros, acepción de esta últi- 
ma voz que asimismo falta. 

Quisca, f. (¿uisco. m. [Cereus speciosus). 
A esta y otras especies de cactus, en forma de columna, por 
lo común ramificada, con las flores en tubo alargado, se lla- 
man quiscos.» «El cerezo perulero llamado quisco en lengua 
del país... el cual echa unas espinas de ocho pulgadas de lar- 
go, ile que se sirven las mujeres en vez de agujas de hacer 
calcetas.» Molina. Léase en González de Nájera la admiración 
que le causó (y no era para menos) la primera vez que vio 
una de estas plantas y cómo la describe, diciendo que los in- 
dios la llamaban quiscaruro. Y así era en efecto, pero aplican- 
do esta voz al fruto, según lo demuestra Lenz, n. 1249. 

Vial Solar, obra citada, p. 34: 

no era lo que la vista bien fingía 
y que por bella realidad mintiera, 
sino torcido quisco que elevaba 
en el aire sus brazos de esqueleto... 

Es curioso que Oviedo ignorara el nombre de esta planta, 
pues cuando habla de ella, la llama cirio. 

A las espinas de esta planta se les llama quiscas: por ejem- 
plo: «He visto monstruosos y aparragados melocactus al lado 
de colosales columnarios, cuyos vastagos, armados de acera- 
das quiscas, no tenían menos de pie y medio de diámetro.» 
Pérez Rosales, p. los. última edición (1810). 

«Del quichua quichea. (Mossi, Torres Rubio). Quisca y quis- 
co deben admitirse como chilenismos...» Román. 



Huriul. m. (Lomatia oblicua). 

Árbol de la familia de las Froteáceas, de hojas alternas 
grandes, ovaladas, aserradas, glabras, lustrosas por encima; 



134 VOCES CHILENAS 



flores en racimos axilares, gemelas, con el perigonio con pe- 
los ferruginosos; fruto, folículo y semillas aladas. 

«...radal, cuya corteza se ha recomendado últimamente con- 
tra enfermedades del pecho...» Philippi. Es árbol que da una 
hermosísima madera, que se aprovecha para muebles. De va- 
rias maneras se escribe este nombre, pero la forma quedamos 
es la que tenemos por correcta. Hernández ¡o trae en arauca- 
no: rara!. 

Lenz, n. 1252. 

Hará. f. (Phytotoma rara). 

«El género rara es muy singular por tener los bordes de la 
mandíbula superior finamente dentados en toda su longitud 
como una sierra; la mandíbula inferior más corta que la otra, 
y con el borde mismo liso, tiene interiormente pequeños dien- 
tes, que corresponden a los de la superior. No se alimentan 
de granos, sino de plantas tiernas. Viven sólo en Chile y en la 
República Argentina.» Philippi. 

«La rara es casi del tamaño de la codorniz y su especie per- 
tenece al orden de los gorriones... Tiene el pico grueso, den- 
tado; el color de su espalda es un gris cargado y obscuro, que 
se aclara en toda la parte del vientre; y las guías de las alas y 
las plumas de un lado y otro de la cola tienen las puntas ne- 
gras.» Molina. 

Gay dice que el nombre procede de los araucanos, que lia 
marón así a esta avecilla por su grito. 

Lenz, ii. 1258. 

Raulí. m. [Nothofagus procera). 

Árbol de la familia de las Fagáceas, con hojas alternas, 
oblongas, más redondas en la base que en la punta, doblemen- 
te aserradas, membranosas, glabras por encima, pubescentes 
por debajo; estípulas aovadas agudas, color castaño; brác 
teas de la cúpula peludas y espinosas. 

«El raulí... excelente madera...» Philippi, «El retríí es una 
especie de cedro bastardo; el roble o pellín. La patagua es ár- 
bol de mucha elevación y frondosidad.» Córdoba y Figue- 
roa ....mas él raulí es peculiar de este país, y nos parece 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 135 

explicarlo bien diciendo que es cedro bastardo...» Olivares. 
JReitU era la forma corriente hasta mediados del siglo XVIII. 
hoy desterrada por la de rauli. La que tiene en araucauo es 
ruilin. 

Lenz, n. 1263. 

Rayador. (Rhynchops nigra). 

«Los picos-de-tijeras, tienen el pico perfectamente aplana- 
do, por los lados muy delgado, y la mandíbula superior mucho 
más corta que la inferior... Esta ave singular no es muy rara 
en Chile, donde se llama rayador...» Philippi. Tal nombre le 
viene de que al volar sobre las aguas del mar con suma rapi- 
dez, parece que en efecto fuera rayando la superficie. 

RelbÚU. m. (Rubia chilensis). 

Descríbela así Philippi: Raíz fuerte, cilindrica, dando sali- 
da a muchos tallos, de 15 a 20 centímetros de largo, débiles, 
algo erizados [por lo cual se llama también lengua ib gato, 
como observa Román'; hojas dispuestas por cuatro, aovadas- 
oblongas, pedúnculos sencillos, axilares, llevando una a tres 
flores, envueltas por cuatro brácteas; fruto algo carnoso, colo- 
rado. Común desde la provincia de Aconcagua hasta Chiloé. 
Las raíces sirven para teñir los géneros y son muy análogas a 
las de la rubia 

«El rélbún de Chile contiene el mismo principio colorante 
que la rubia.» Philippi. «El rélbün es el rubia tintoruz de Dios- 
córides, para dar baños a los que tienen gota y aliviarlos. Es 
muy usado en este reino para teñir colorado...» Rosales. «Y 
no abunda menos de tinturas... principalmente el rélbún que 
es para el carmesí, de que hay notable abundancia. Córdoba 
y Figueroa. «Extraen el color rojo de la raíz de una especie 
de rubia que llaman rélbún, que se cría alrededor de los ar- 
bustos en parajes arenosos. Esta [llanta echa unos vastagos 
casi redondos, que llevan unas hojas ovales, puntiagudas, 
blanquecinas y sembradas de cuatro en cuatro por todo el tron- 
co como los de la cruzada; sus flores son blancas y monopéta- 
las, divididas en cuatro partes, y sus semillas están encerradas 
en dos granos rojos y ovales situados en el centro de la flor, 



]'.'<(' VOCES CHILENAS 



como las tienen las <1e la rubia europea. Su raíz, que es roja, 
se profundiza bastante en la tierra y arroja en la circunferen- 
cia de dos pies una infinidad de fibras.» Molina. 

En araucano se dice rch-ún, pero en vista de la forma con 
que las citadas autoridades lo traen, preferimos escribir el nom- 
bre con b. 



Lenz, n. 1267. 

Retamilla, f. 
Véase ñanculahuén. 



Saltaperico, m. [Elater). 

«...cuando se hallan patas arriba, dan grandes saltos, hasta 
que caen de manos y se enderezan. Por motivo de estos sal- 
tos, se llaman saltapericos. En la Habana se llama cucuyos.» 
Philippi. Advertiremos que muy pocos de los insectos de esta 
familia que viven en Chile son luminosos. 

Sietecolores, m. (JRegulus omnicoJor). 

Preciosa avecilla que habita los totorales, de la familia de 
los Tiránidos, la más bella y variada en colores de todos sus 
congéneres de Chile; tiene el pico y patas negros, cuerpo man- 
chado en todas sus partes de rojo, amarillo, azul marino, ver- 
doso y blanco, y las alas y cola de un negro sucio. Le adorna 
la cabecita un elegante moño de color de fuego en el medio. 
Construye su nido en las hojas secas de totora, pegándolo de 
ordinario en un solo tallo de esta planta. 



Tabolango. va. (Parafloromorpha erassa). 

<E1 género anisomorfa .. habita debajo de las piedras... 
Son insectos peculiares a la América del Sur y se llaman en 
Chile tabolangos.* Philippi. Tiene el cuerpo grueso y alargado, 
de color pardo obscuro, reluciente; la cabeza es oblonga, con 
ojos fascetados, pequeños; antenas y patas robustas; meso y 



DE LOS REIXOS ANIMAL Y VEGETAL 1 •"'7 



metatórax doblemente más desarrollados que el protórax Des 
piden un olor nauseabundo, que se percibe desde lejos, y si- 
les encuentra en la Cordillera de los Andes Suele también 
designárseles con el nombre de ehinchemoyos, bajo cuyo nom- 
bre registran esta voz Lenz y Román. Yo be oído sólo el 
de tabolango. 

Taca. f. ( Venus Dombeyi). 

Hay muchas especies íde venus y muy bonitas. La venus 
Dombeyi es muy común en los mares de Chile; su nombre in- 
dígena es thaca.» Pbilippi. «Otras especies de ostiones' hay 
de mas pequeños, que llaman tacas. Ovalle. «De los pesca- 
dos de concha, el que vulgarmente se llama taca... es muy 
blanda y delicada; la concha blanca, recia y algo rugosa . Ro- 
sales. «La ostra y el pico de papagayo es marisco regalado. 
como el choro y la taca y piur, y mejores mientras mas al 
Polo.» Córdoba y Figueroa. 

«La taca es una concha del género de las chamas, casi re- 
donda, de cuatro pulgadas de diámetro, estriada longitudinal- 
mente y manchada de blanco, de violado y de amarillo. La 
superficie interna es de un hermoso color de aurora y el ani- 
malejo que allí se alberga tiene un excelente sabor.» Molina. 

Febrés nota *ihaca: un marisco muy sabroso.» 

Tagua, f. [Fúlica chilensis). 

«Las fúlicas, a las que pertenecen las taguas de Chile.» Pbi- 
lippi. Y con tal nombre todos los zoólogos de Chile citan esta 
ave de las lagunas, nadadora, de movimientos muy graciosos 
y que tan pronto nada como se zabulle; de color negro azula- 
do. Lenz, u. 1304, escribe el nombre con h. pero la práctica 
corriente prefiere la g, vulgarizada desde los primeros tiempos 
de la conquista, según puede verse ya en cierta encomienda de 
indios otorgada por el fundador de Santiago a uno de sus ca- 
pitanes. 

En araucano, según Febrés, thahuathahua. Conservado en 
el toponímico Taguatagua, una laguna. 

Pbilippi advierte que la totora o estoquillo, se llama tam 
bien así, aunque escrita la voz sin /;: significado que Lenz 



138 VOCES CHILENAS 



considera erróneo; y por su parte afirma que la laguna a que 
acabo de aludir se llamó así por las taguas que la habitan. 
Observaré, a mi turno, que si Febrés trae thagathaga, la 
quijada, y si es sabido que de esa laguna se han ex- 
traído las mandíbulas de los extinguidos mastodontes, ¿no 
sería de creer que los indígenas habían observado ya el hecho 
y denominaron por eso así esa laguna, convertido luego el 
nombre por los españoles en Taguatagua? Si la razón para 
dárselo fuera la apuntada por el sabio lexicógrafo, la misma 
mediaría para todas las de Chile, que no deja ninguna de 
estar poblada de taguas. 
Véase huala. 

Talhuén. m. [Tálguenea costata). 

Árbol o arbusto de la familia de las Ramnáceas, de dos a 
tres metros de altura, con las ramas tomentosas y cenicientas; 
hojas opuestas o fasciculadas, oblongas, mucronadas, cunea- 
das en la base, algo más largas que las espinas; flores peutá- 
meras; fruto, nuez hirsuta. 

El talguén es un árbol cuya madera es colorada y tan fuer- 
te que es incorruptible, y así usan de las estacas de este árbol 
para rodrigones de las viñas para que duren muchos años.» 
Rosóles. Ortografía que aparece hoy cambiada en la forma que 
se expresa (si es que en el original no estaba la crema en la 
ú) y que Leuz cambia en thralhuen, ajustándose a la índole 
del idioma araucano, pero desmentida por los propios ejem- 
plos que cita del uso de esta voz. 

Tamarugo. m. {Prosopi* tamarugo). 

«El nombre de Tamarugál se deriva de tamarugo, árbol que 
crece en la pampa [de Tarapacá] y que, aunque en la época 
actual se encuentra en estado fósil, muestra, sin embargo, al- 
gunos ejemplares diseminados en diversos puntos.» Espinoza, 
Geografía Descriptiva de la Repíiblica ib' Chile, p. 72. No se 
trata de un «arbusto o arbolito», como dice Lenz, n. 1311, 
sino de un árbol grande, parecido al algarrobo, que en la épo- 
ca prehistórica alcanzaba proporciones gigantescas y entre los 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 139 

cuales hacía su habitación el mastodonte descrito por Philippi 
con el nombre de M. Medinae. 

Como lo observa aquel autor, de tamarugo provino tamaru- 
gal, agrupación de aquellos arboles. 

Tapacnlo. m. (Pteroptochus albicollis). 

«Avecilla del género upucerthia, del cual se hallan varia- es- 
pecies en Chile, y cuyo nombre se debe al canto que emite 
que parece repetir en él aquella voz.» Philippi. 

El color general de su plumaje es un rojizo bruno, con una 
gran mancha blanca en el pecho. 

Taya. m. [Flotowia diacanthoides). 

zTayu o palo santo, áibol grande de las provincias del sur, 
con flores poco apareutes y dos espinas a la base de cada hoja; 
su corteza se considera como muy vulneraria.* Philippi. 

Lenz, n. 1322, que cree la voz de procedencia seguramente 
araucana y enumera los demás botánicos chilenos que la citan. 

Teatina. f. {Avena hirsuta). 

Planta gramínea, anual, con espiguillas dispuestas en una 
panícula abierta, con los pedúnculos muy delgados; cada es- 
piguilla con dos o tres flores fértiles. Usase para el tejido de 
sombreros. Procede de Europa. 

Teca. f. 

«... los indios siembran en septiembre papas; en octubre, 
maíz; en noviembre cogen su teca, que es como avena, que 
comen.» Herrera, década VII, p. 11, segunda edición; y en la 
página 191 añade lo que sigue: «Dase, como se ha dicho, en 
este reino el trigo, la cebada y el maíz y otras muchas semi- 
llas, y en particular una que llaman teca, la más temprana 
que los indios siembran y cogen; siémbrase en febrero y mar- 
zo y cógenla en noviembre, primero que la cebada; es como 
una yerba cebadilla, de media vara en alto, casi como una ave- 
na; su grano es como el del centeno, poco menos; cógenle 
antes que se seque y en manojos le dejan secar al sol. y lo 
desgranan v tuestan en arena caliente; y tostado, le muelen 



1 40 VOC ES «'IIII.I N IS 



en una piedra..., y hecha harina la llevan de camino y por do- 
quiera para su sustento, y un celemín de esta harina hasta a 
un hombre para ocho días, desatándola con agua, Debiéndola 
o comiéndola a medio desatar. 

Tenca, f. [Turdns o mimas thencd). 

«Los ruiseñores, que aquí llaman chedcán: calandrias, que 
llaman tencas...» Rosales «...la thenca, que yo creo es una va- 
riedad del tordo poligloto de la Virginia...; las plumas de la 
parte superior del cuerpo son cenicientas y manchadas de 
pardo y de blanco...; aunque canta todo el año, varía de tal 
modo la prodigiosa variedad de sus tonos, que no parece que 
se uve la voz de uno solo...» Molina. 

Es voz araucana, onomatopéyka, y se halla en Havestadt: 
trenca. 

Una de las avecillas de más hermoso canto que tengamos 
en Chile, que no es raro ver «entre doradas rejas.» 

Lenz, n. 1329. 

Teníu. m. (Weinmatiia trichosperma). 

Árbol siempre verde, con la corteza arrugada y con puntos 
illancos; ramas nuevas, vellosas; hojas impari-pinadas; raquis 
alado, entre tres a ocho pares de pinas oblongo-elípticas y 
dentadas; flores en racimos; corola blanca; fruto, cápsula. 

«El teniu, árbol muy grande de las provincias del sur.» 
Philippi. Descrito por Gay. Botánica, III, p. 45, donde se ad- 
vierte que se llama también tinel, palo -auto, y maden. 

Lenz, n. 1330. acentúa teníu, advirtiendo que su etimolo- 
gía debe de ser araucana, aunque la voz no se registra en los 
diccionarios. 

Tiuque, m. [Caracara chimangó). 

Ave de rapiña muy común en todo Chile y República Ar- 
gentina, descrita por Azara y de que habló ya el cronista chile- 
no < arvallo y Goyeneche. 

Su aspecto general es el de todo los Falcónidos, distinguién- 
dose de sus congéneres por su pico grande, alto, ligeramente 
ganchudo y recto en la base; y por su plumaje opaco; por sus 



DE Los REINOS ANIMAL Y VEGETAL 141 



alas prolongadas, que casi cubren enteramente la cola. Como 
en toda las aves de aquella familia, la hembra es un terci 
grande que el macho (35 centímetros) y su plumaje mas oscu- 
ro. Es omnívoro, y, por consiguiente, tan perjudicial 
útil. 

Trae la voz Febrés, que escribe en araucano tltiiajtt< o 
chiuque. 

Lenz, n. 1345. 

Traro. m. [Poliborus o caraeara vulgaris). 

«Los traros son una sección particular a la América del Sur; 
tienen el pico encorvado sólo en la punta, los tarsos bastante 
largos, andan mucho en la tierra, y comen, sobre todo, saban- 
dijas y animales muertos. Tenemos dos especies en Chile, el 
traro y el tiuque (Poliborus chirnango)... Philippi. 

«Hay otras aves rapaces y carniceros singulares de esta 
tierra, como el penen y el taru. que saquean los palomares y 
gallineros.» Rosales. 

«El tharu es una especie de águila del tamaño de un buen 
capón... El macho es de color blanquecino, salpicado de ne- 
gro, y lleva en la cabeza una especie de corona compuesta de 
plumas negras; el pico es blanquecino; tiene los pies amarillos 
y escamosos; las guías de las alas y las puntas de las de la 
cola son negras...» Molina. 

Taro (cuya pronunciación araucana en ta es ira), en Gómez 
de Vidaurre y Carvallo y Goyeneche. 

Lenz, n. 1373. 

Tricahue, m. (Conurus cyanolysios). 

Nombre del loro que abunda más en Chile y el que se do- 
mestica y aprende a hablar. «El papagayo estante, conocido 
de aquellos pueblos bajo el nombre de thecau, es algo mayor 
que un palomo; adórnale el cuello un hermoso collar turquí; 
las plumas de la cabeza, de las alas y de la cola son de color 
verde manchado de amarillo: las de la espalda, las de la gar- 
ganta y del vientre son amarillas, listadas sutilmente de verde. 
y su cola es igual y mediana.» Molina. Rosales dice que a los 
loros grandes de Chile los llaman los indios tecau, y a sus po- 



14"2 VOCES CHILES \s 



lluelos, coroy. Gómez de Yidaurre, sin duda por yerro en la 
copia de su manuscrito, thegan, por thegau, como lo notó ya 
Leu/., n. 1383. En araucano, según Febrés, el nombre de este 
papagayo es Hincan. 

Trile. m. [Xanthornus cayenensis). 

«El trile, enteramente negro con una mancha de un bello 
amarillo en la ala; es común en toda la America del Sur. Mo- 
lina pretende que el nombre de Chile ha venido a nuestra pa 
tria de este pájaro. Philippi. 

«El thili es una especie de tordo; su color es ceniciento, o 
mas bien, fusco, pero el macho es totalmente negro, menos 
por debajo de las alas, en cuya parte tiene uña gran mancha 
de un hermoso color amarillo. Molina. Cítalo también Car- 
vallo con el nombre de til/, trocado el acento. 

Su etimología es araucana y probablemente onomatopéyica, 
- escribe: thili o chili, el tordito con manchas amarillas 
en las alas; de este nombre opinan algunos llamaron Chiles 
i ste reino los españoles.» 

Tucúquere. m. [Bul 

Tenemos varia- especies de mochuelos] en Chile: el tuca- 
quere con dos garzotas encima de la cabeza.» Philippi. Es el 
mayor de los buhos que habitan 

Lenz, n. 1403, quien estima su etimología araucano-onoma- 
topéyica. 

T mullique, m. (Ctomis maulinus). 

Ratón grande de la cordillera, bastante parecido en su ta- 
maño, en su género de vida y en las cuevas que labra al cururo, 
de que ya se trató. Sale de sus madrigueras al ponerse el sol 
y entonces profiere un canto muy parecido al nombre con que 
se le designa. 

Lenz, n 1407, que da el nombre de este animalillo equivo- 
cado: ti/)' 

Turca, f. [Pteroptochos megalo¡ 

Pajarillo de la familia de los Teroptóquidos; tiene 21 a "_'"J 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEGETAL 14:! 

centímetros de largo; el pico bastante corto, derecho y robusto; 
las alas cortas, la cola un tanto larga y siempre levantada, y 
la? patas con tarsos muy fuertes y gruesos. Es de plumaje 
pardo rojizo y de un aspecto de los más extraños. El célebre 
Darwin, que en 1884 observó en Chile la turca, dice que 
cuando se le ve por primera vez, uno se imagina que se trata 
de algún ejemplar horriblemente mal disecado, que se ha 
escapado de un museo y vuelto a la vida. Se oculta al menor 
ruido, y por lo regular no se nota su presencia sino cuando 
deja oir su grito, que dice claramente turca. Vuela y corre 
poco y no hace más que saltar. 

Su etimología es araucana; Felues, thurcu, voz onomatopé- 
yica. como lo nota Cay. 

Lenz, n. 1411. 

V 

Vandurria. f. [Ibis melanopis). 

Los araucanos la conocen con el nombre de ral-i. 

Zancuda incluida en la familia de los Ibididos. Es ave de talla 
robusta, de unos Tu centímetros de longitud, con pico mucho 
más largo que la cabeza, fuerte y cortante, con la punta roma, 
arqueada hacia abajo. El color dominante del plumaje es 
blanco, algo amarillento, el pecho plomizo, el vientre y una 
parte de las cubiertas de las alas, de un negro con algún matiz 
púrpura; el pico negro hasta los dos tercios, y verde claro en 
el resto, y los tarsos rojos. Habita en los lugares pantanosos. 

«La bandurria y el cuervo o gallereta se hallan en Chile.» 
Philippi. 

«...haría bien el Diccionario, dice Loman, en abrir artículo 
para la bandurria chilena, ya que es ave originaria de aquí [y 
en esto padece error, pues es «cosmopolita, que se halla igual- 
mente en una gran parte de Sur América y África,» expresa 
Philippi , y bautizada con este nombre por el pueblo y por los 
naturalistas»... «las bandurrias, en fin, que cada noche vienen 
de su pesca [y hétenos aquí con otro yerro, pues son aves 
diurnas 1 , reunidas en grupo, cantando también.» Vicuña Mac- 
keuna. 



144 VOCES CHILENA8 



Sena de todo punto vano aventurar una hipótesis cualquie- 
ra i>>pecto a la procedencia de esta voz. Yo rae inclino a 
creer que no ha recibido su nombre en Chile, pues Marino de 
Lobera (pág. 52) la enumera entre las aves conocidas eu Es- 
paña, al decir: «Hay muchas de rapiña y volatería, gavilanes, 
halcones, neblíes, sacres, azores, xirifaltes y gran suma de 
garzas y vandurrias...* González de Nájera trae la siguiente 
variante en la grafía de esta voz: «Hay unos pájaros grandes, 
poco menores que gansos, de pico largo y encorvado, a que 
llaman rnandurrias . . . 

do escribe con v y dice: «Ave del reino de Chile que 

Perú llaman canción,* y en el lugar respectivo canelón, 

donde expresa que esa ave »es semejante a la vandurria...* 



Vari. ni. ( Circus cim n us). 

Ave de rapiña diurna, bastante común en las provincias 
centrales de Chile, y que se halla también en el Perú, la Ar- 
gentina y el Brasil, descrita por Gay (pág. 239), y que no debe 
confundirse con el bailarín o neblí chileno. 

Tiene el pico bastante pequeño y encorvado desde la base, 
y su plumaje, blando y sedoso, es gris ceniciento por encima, 
estriado trasversalmeute de finas rayas bermejas por debajo, 
y con las cubiertas inferiores de la cola blancas Vuela muy 
alto y se mantiene inmóvil eu el aire, sin cambiar de sitio. 

Lenz, n. 1440, que no sabe si esta voz es de etimología 
araucana. 



Vatro, ra. (Thiif/ha angustifolia). 

Corresponde eu todo y por todo a la totora. Suele pronun- 
ciarse batro, pero debe preferirse la forma que apunto, por- 
que en araucano suena vathu. 

Lenz, n. 1441. Román: batro: 'planta de la familia de las 
Tifáceas y parecida a la americana totora (admitida ya en el 
Diccionario), y a las españolas anea y espadaña. Reclamen 
por sus derechos los naturalistas. » Queda complacido el docto 
lexicógrafo. 



DE LOS REINOS ANIMAL Y VEO! 14.") 



Vieja, f. [Clinus geniguttatus). 

Pez de un tinte moreno en la parte superior del cuer] 
eu el abdomen blanquizco; de figura prolongada y compri- 
mida, con la cabeza del tamaño de la tercera parte del cuerpo; 
ojos salientes, cráneo llano y sin arrugas, con tentáculi ■ 
tos sobre las cejas; los dientes cónicos en ambas quijadas 
Alcanza a unas cinco pulgadas de largo. Vive debajo de las 
piedras y su marcha es muy lenta, presentando sucesivamente 
uno y otro lado del cuerpo. 



Vinagrillo, m. [Oxális rosca). 

Hierba sumamente común, cuyos tallos cortados secretan 
un licor blanquizco bastante agrio. Molina describió ya dos 
especies bajo el nombre de culi/, que es el que esta planta 
lleva en araucano, cambiada la i en e. Culi i la llama también 
Carvallo y Goyeneche. Lenz, culle (n. 270). Prefiero con 
Román la voz vinagrillo, tanto por ser la mas generalizada en 
Cbile (yo, al menos, no be oído otra en el norte i y mas de la 
índole del castellano. 



Vinchuca, f. [Reduvius infestans) 
Chinche alada, de casi una pulgada de largo, de cuerpo 
angosto, de patas alargadas. Este insecto, sumamente fasti- 
dioso, es bastante común en las provincias del norte de Chile 
y aun en ciertos lugares de la de Santiago, asi como en la líe 
pública Argentina.» Philippi. 

«...Otro insecto llamado vinchuca, del género de las chin- 
ches, mucho mayor que la ordinaria, y alada... Fastidia mas 
las narices con su mal olor, que la misma chinche; en las casas 
que no tienen techo de bóveda y muy parejo, se anidan y 
desde allí se descuelgan a la noche.» Gómez de Yidaurre. 

«...los molestísimos enjambres de vinchucas, que, cuando 
hartas de sangre, mas parecen guindas que vinchucas.» Pérez 
Rosales. Hallase la voz en Zerolo. 

Lenz, n. 145."), quien estima que su etimología debe ser. pro- 
bablemente, quichua. 



146 VOCES rllll.l \ \s 



Viravira, f. (Guaphalium viravira] 

«La viravira es una especie de... siempreviva muy aromá- 
tica y excelentísima para las fiebres intermitentes... Son tan 
.sumamente lanudas las hojas de esta clase de yeiba, que a la 
vista y al tacto no parece sino que están cubiertas de algodón; 
sus llores, que no pasan de cuatro, son compuestas, hilacho 
sas, de color de oro, y están situadas en los ápices de los ra- 
mos...' Molina. Descripción que copió casi al pie de la letra 
Alcedo. «La viravira, especie de nafalio muy aromático, es 
provechosísimo en las fiebres intermitentes, en los resfriados 
y constipados.. Ámalos lugares montuosos y áridos, pues 
donde se le ve vegetar mejor es en los montes pelados y en 
las barrancas peinadas...» Gómez de Vidaurre. Citas que po 
dría aumentar con varias otras. 

La etimología de esta voz es quichua. 

Lenz, n. 1454. 

Viudita, f. [Myobius albieeps). 

Pertenece a los Tiránidos; los colores de su plumaje son 
obscuros (de donde en parte también el nombre con que se le 
conoce) con ciertas manchas de tinte más subido en el pecho 
y vientre. Su pico, débil, corto y delgado, está guarnecido en 
su base de muchos pelos sedosos o barbas, que alcanzan casi 
hasta la punta. Es ave viajera y sus emigraciones periódicas 
cortas corresponden a los cambios de las estaciones, viviendo 
alternativamente en las alturas de la Cordillera durante el 
verano y en los valles de los llanos en el invierno. Insectívoro 
a las derechas, se apodera de cuanto bicho encuentra en el 
suelo o en las plantas. 

«Uno de los pájaros más comunes de Chile, cuyo grito me- 
lancólico se oye desde septiembre hasta abril y ha dado lugar 
al nombre con que se conoce en el país. Es igualmente común 
en el Perú y la República Argentina.» Philippi. 

Se le designa también con el nombre de vío-vío, o, como 
quieren otros, defio-fio; voces que traducen bastante bien su 
canto, y de donde habría provenido el nombre del río Biob'to, 
celebre en los anales de la guerra indígena, recordado por 
Ercilla en cuatro pasajes de su Araucana. 



M LOS REINOS VNISIAL Y VEGETA] 147 



Vareta. I'. (Laretia). 

Existen en las cordilleras de Chile varias especies 
umbelíferas, que llegan a formar, agrupadas, un espeso tapiz 
verde; llamase de su nombre una cuesta que existe en la de 
Curicó. Produce una resina medicinal. Gay, Botánica, t III. 
p -" 

Respecto o su etimología, dice Lenz, n. 7.»:.': No habiendo 
ninguna voz castellana parecida, ha de ser de origen indio.» 
Suele escribirse ¡Jan tu. Pretiero la otra, pues así se dice 
también al estiércol de la llama, buen combustible, como lo 
es esta planta resinosa, y de ahí, a juicio de Lenz, tal nombre, 
quichua o aimará. 

Yeco. m. [Graculus brasihanu.t). 

«Tenemos varias especies de cuervos marinos en Chile, v. g., 
el yeco y el lile.» Phiüppi. 

Existe en araucano la voz, ligeramente alterada en el cas- 
tellano. « Yich, dice Febrés, unos patos negros que llamamos 
cuervos.» 

Lenz. n. 1480 

Yuyo, m. 

Los yuyos, que es una planta muy parecida en la figura de 
su hoja, ramazón y aún en el gusto algo picante, al rábano, 
de que se sirven para mezclar con la carue. Gómez de Vi- 
daurre. Es voz anotarla por los lexicógrafos en Colombia, 
Perú, Ecuador y Argentina, ya en su forma yuyo, ya de yuyu. 
Se ha dicho que es el nabo: <el nabo, cultivado en Europa 
como planta oleífera, se ha hecho la maleza más común de 
Chile, adonde los campesinos la llaman yuyo»; pero más exac- 
to sería afirmar que no es ni más ni menos que 'el amarillo 
jaramago» que crece en los derruidos muros del antiteatro de 
Itálica. 

Podría admitirse al menos como americana. 



14* VOCES CHILENAS 



Zancudo, na. 

«Especie de mosquito muy común, que tiene muy largas 
las zancas, sumamente molesto, que da una picada muy dolo- 
rosa con el aguijón que tiene.» Alcedo. 

Su nombre hale venido, indudablemente, de esas zancas lar- 
gas de que habla Alcedo, y aunque viene a ser ni mas ni menos 
que el mosquito, el hecho es que en Chile se le conoce gene- 
ralmente con aquel. 

Zapallo, m 
Los zapallos, que decimos calabazas en España.» Ovalle. 
Y antes que nuestro autor lo había declarado ya el P. Acosta: 
«Pues las calabazas de Indias es otra monstruosidad de su gran 
deza y vicio con que crian, especialmente las que son propias 
de la tierra, que allá llaman zapallos....» Palabras «leí jesuíta 
que copió a la letra, Gómez de Vidaurre. Trae también la voz 
Núñez de Pineda, pp. 1 59 y 175. 

El zapallo no puede confundirse jamás en Chile con la ca- 
labaza; ésta no es comestible (al menos cuando esta en estado 
de madurez) y sirve solamente como vasija: el zapallo es car 
noso, más o menos dulce, y se come cocido o asado, y es el 
que en España se llama calabaza, siendo especialmente afa- 
madas, las de Ronda; nuestro calabazo es el calabacín penin- 
sular, conocido también, según el Diccionario, con el nombre 
de bototo, queda como americano. 

Gómez de Vidaurre estableció ya la diferencia que en Chile 
existe entre calabaza y calabazo. 

«Cultivan también las calabazas, tanto las de flores blan- 
cas, como las de flores amarillas. De la primera especie, que 
en su lengua llaman los indios guada, cultivan aún veinte y 
seis especies o a lo menos variedades constantes, algunas de 
las cuales dan frutos dulces y comestibles, y otras lo produ- 
cen amargo. De estos últimos merece particular mención la 
gran calabaza de sidra, o como en este Reino comunmente se 
dice, calabazo, así llamado, porque ¡os indios usan fermentar 



DE LOS KEIXOS \ SIMAL Y VEG I I \ I 



149 



dentro de ellos su sidra. Son ésto?, de ordinario, de figura có- 
nica, de mole tan grande, que no pocos pasan de tres cuartas 
de alto, y de capacidad tan vasta que contienen más de rae- 
ia en medida de Castilla, de licor, Se sirven también 
de ellos en lugar de canastas... La especie mediana de i =t - 
mismos la cultivan para los usos domésticos, de platos, vasos 
de beber, etc., los pequeños para poner de-Uro de ellos el pi- 
miento molido I'. 1 18. 

La voz zapallo se registra per los lexic argentinos y 

peruanos. Su etimología es quichua: sapallu. 

Derivad^: tapallar. 

Lenz, n. 1489. Alcedo escribe la voz con z y la define: Nom- 
bre genérico de muchas especies de calabazas, y particular- 
mente de una muy grande de color encarnado, que es comida 
general de la gente pobre, cocida con manteca y pimiento.* 



FIN 




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